Deconstrucción, encuentro con el arte

julio 24, 2014

Por:

Arte, Tacto

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"Yo arriesgué mi vida por mi trabajo, y mi razón siempre fue menoscabada" Van Gogh

“Yo arriesgué mi vida por mi trabajo, y mi razón siempre fue menoscabada” Van Gogh

La humanidad de cuando en cuando ha sido testigo del surgimiento, desarrollo y muerte de seres extraordinarios dedicados al arte, seres emblemáticos, poderosos, entes insuperables, insufribles, exasperantes, monstruos inmortales, dueños de mundos inasibles, portentosos, inalcanzables. Lo que delinea, lo que funge como hilo conductor, lo de brazos interminables, el monstruo, la quimera… lleva siempre interpuestos al sufrimiento, la desolación, la desesperanza, la locura, la muerte, la acechanza, la obsesión (“El arte necesita soledad o miseria, o pasión. Es una flor de una roca, que requiere el viento áspero y el terreno duro” Alejandro Dumas)

  Es menester preguntarse la correlación existente entre la autodestrucción y la creación, la deconstrucción, si el uno es por el otro o viceversa, sería de preguntarse al huevo y la gallina una y otra y otra vez más. De todos los entes se nos habla de historias que giran en torno al transtorno, la familia disfuncional, un familiar abusador, una soledad lastimera, pero habría que buscar el detonante, si la “rareza” es mas bien una autodefensa proveniente de algún lugar en la infancia que no para de buscar refugio, de procurar la distancia.

  ¿Qué precisamente los lleva a alojarse en los terrenos del arte? darse al mundo (“Yo arriesgué mi vida por mi trabajo, y mi razón siempre fue menoscabada” Van Gogh), buscar la trinchera del arte como un modo de entregar el amor que le es difícil por no decir imposible hacer llegar por otro medio, sea la forma cual fuere y el motor de transportación, es decir, del odio, del sufrimiento, de lo grotesco. La finalidad es siempre la de darse, darse al mundo ¿por qué aquí precisamente? ¿Qué hado daña al ente y luego le empuja a alojarse en los intersticios del arte? Y no, dicho sea de paso, a volcarse en contra de la sociedad que le ha dañado, que no lo comprende y le muestra la espalda, llevándolo a atacarla, secuestrándola, humillándola, lacerándola, robándola, matándola. Y sí, pero si a los vehículos volvemos, sin valerse de navajas, pistolas, cadenas, sino de lo poético. Entendiendo la poética como modus vivendi.

  Traigamos a Beethoven al caso, la sociedad es perfectamente indiferente a los demonios que corroen al monstruo en vida, a la sociedad no le duele la soledad en que se sumerge, consumen su obra, la devoran, pero no le acompañan, no le guardan, no le acarician, Beethoven sin embargo da todo el tiempo. Beethoven que nos da aún desde la ausencia de la escucha.

Oh vosotros, hombres que me miráis y me juzgáis huraño, loco o misántropo, ¡cuán injustos habéis sido conmigo! ¡Ignoráis la oculta razón de que os aparezca así! Mi corazón y mi espíritu se mostraron inclinados desde la infancia al dulce sentimiento de la bondad, y a realizar grandes acciones he estado siempre dispuesto  Beethoven

“Oh vosotros, hombres que me miráis y me juzgáis huraño, loco o misántropo, ¡cuán injustos habéis sido conmigo! ¡Ignoráis la oculta razón de que os aparezca así! Mi corazón y mi espíritu se mostraron inclinados desde la infancia al dulce sentimiento de la bondad, y a realizar grandes acciones he estado siempre dispuesto…”       Beethoven

  Como dio Van Gogh muerto también en la miseria, y ¿qué sociedad lamió la herida abierta en que antes estuvo su oreja? Van Gogh entregó su oreja, como sea que haya sido la escena y entre las disputas de si por la prostituta, por un cuadro o sólo presa de la locura, tenemos a un ser que se da y nos da un autorretrato, lo da a la humanidad, desde su carencia, se entrega, desde toda el hambre de sólo beber alcohol.

En la incomprensión, el mundo avanza, el mundo de una Frida inmersa en el dolor desde la ausencia de la maternidad, de sus dedos, que se nos da desde su eterna agonía, de un Dalí en la locura, de un Orozco asediado por sus demonios, de tantos. En este sentido la sociedad come su carne, come su destrucción, como mata a un toro para comer su carne, para saciar su hambre, para colgar sus cuernos en la sala… ¿Hasta qué punto vale? ¿Desde qué lugar es justo?

la columna rota

“La vida insiste en ser mi amiga y el destino mi enemigo” Frida Kahlo

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.