De: Teatro. Lizzie Borden

noviembre 10, 2014

Por:

Arte, Extras, teatro

No hay comentarios

 

Lizzie Borden un hacha tomó…

Quizá la característica más puntual del teatro de Luis Santillán como director sea la apuesta por montajes fuera de los esquemas más convencionales, es decir, que en él los movimientos narran la historia desde un lugar distinto, desde el significado. Es difícil encontrarle movimientos “naturales”, pues existe una fisicalidad en donde las acciones parten de una premisa identificada y muy “a propósito”. Pareciera entonces, que nada en el proceso de creación queda al azar o a la propuesta actoral, sino que es resguardado por un hacedor de teatro muy dueño del universo ficcional y sus códigos, como sea que fueren. Sus obras suceden bajo las alas de un creador paternalista que se involucra en todos los niveles del fenómeno escénico.

 Hablemos ahora de su más reciente puesta, Lizzie Borden, que es lo que nos trae a cuento. La historia escrita por Lucía Leonor Enríquez (paso de Gato #28) recrea lo sucedido el 4 de Agosto de 1892 en el número 92 de Second Street Massachussets fecha en que Andrew Borden y su esposa son encontrados en su casa, muertos: 11 golpes en la cara, uno ojo sale de su cuenca, una nariz es arrancada, el rostro ya no es rostro, hay 19 heridas y un hacha sin mango. Un vestido que se quema. Una sospechosa. Lizzie Andrew Borden, la parricida más famosa de la historia del crimen aún ante el suceso plagado de dudas, condenada no por la justicia, sino por un pueblo que no olvida. “Es un texto difícil de montar”, dice Santillán a la pregunta por la elección del mismo. “En la historia no hay un protagonista ni personajes, sino voces, la voz de un pueblo” y es lo que gusta de su hacer, la mira a lo dejado de lado por otros por representar alguna suerte de dificultad.

AndrewBorden

“Andrew Borden”

 Santillán, dueño de una plástica específica, de alguna suerte de ojo de pintor, nos presenta a lo  largo de la puesta cuadros bien logrados que se valen de sombrillas para narrar, estas sirven de acompañamientos musicales, soportes, una boca, vestidos, lo necesario pues, siendo las sombrillas lo único que se utiliza en una propuesta en la que “todo significa” y debe “ayudar a contar”  donde lo que no presta servicio a la escena “no sirve” y es desechado: Una  propuesta basada en la “actoralidad”.

 El diseño de vestuario recuerda un poco a Abdicación y Malintzin, faldas cortas y negras, suertes de corsettes para delinear la figura, maquillajes recargados que si bien visualmente funcionan, y venden, parecen no ser necesarios para el tipo de teatro por el que apuesta, diálogos de calidad, códigos de ficción respetados, y buena dirección. A saber, vayan ustedes.

 El lugar que la alberga es interesante en sí mismo, la apuesta aquí también es eficiente. El Museo Británico Americano, ubicado en artículo 123, es una iglesia de arquitectura neogótica inglesa, también la primera iglesia anglicana en México, una iglesia envejecida que si no fuera por la oferta cultural parecería abandonada. Estos lugares siempre se agradecen, ofrecen un remanso de paz entre la urbe al que uno no puede permanecer ajeno, ejecutan un cambio en el estado anímico y el público entra con una disposición distinta al recinto, a presenciar el fenómeno escénico.

 Es una puesta en escena que vale la pena presenciar, que no hay que perderse. Como dato: antes Lizzie Borden, dirigida por Santillán, formó parte del Ciclo de Teatro Latinoamericano Contemporáneo en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque y ahora llega al Centro de la Ciudad, si bien Artículo 123 a esa altura y hora no da trazas de segura, en realidad aseguro que hay nada que temer, el Museo está a unas cuantas cuadras del metro y metrobús Juárez en esquina con Bucarelli, no hay pretexto.

 La obra se presentará hasta el 11 de diciembre de 2014, los jueves a las 8:00 p.m. Costo del boleto: $150. El Museo Británico Americano está ubicado en la calle Artículo 123 #134.

image

Postal 03 LBorden copia

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.