De: Sangre en la comisura de tus labios (Teatro)

diciembre 22, 2014

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Sangre en la comisura de los labios apuesta por los espacios alternativos y toca a la azotea del círculo teatral albergarla. En lo personal tengo preferencia por el riesgo que trae consigo el apartarse de la comodidad que conceden la cámara negra, y la butaquería; ahora que el riesgo no es total puesto que sucede dentro de un recinto teatral, y aún no deja de agradecerse, porque uno llega a otra realidad, a otra dimensión en que la posibilidad se entrega desde la carga del espacio. La obra, por cierto, inaugura el espacio de “El círculo Teatral”, denominado: Teatro de azotea. Bien por ellos.

 Uno transita de una realidad a otra a medida que se suben unas escaleras y se llega a un descanso, otras escaleras y un cuarto con una puerta de madera desvencijada, adentro, el olor a alcohol es fortísimo, el olor aquel que llena las fosas nasales invita de un modo muy efectivo a sentir de otro modo el espacio, a tratar de interpretarlo, traducirlo, acostumbrarse a él. Ubicar las botellas de las que procede, como si algo hubiera ya pasado ahí antes, algo que no vimos. Que refuerza la expectativa.

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 Un hombre sale de bañarse, se acicala, se viste, parece que espera que algo llegue, o tal vez que  teme el arribo, al cabo de un rato efectivamente llega alguien más y  lo que se presencia es una carga, un suceso condenado a repetirse, cosas que salieron mal, decisiones erradas, un estancamiento. La metáfora de Arturo Honorio  (dramaturgia y dirección) funciona aún teniendo en cuenta que es una fórmula  ya muy  hecha y probada en teatro. Lo de la repetición del suceso, digo…

 Las actuaciones: Monicca Gómez, Damián Cordero* y Jaime López* (*Alternando).  Los actores apuestan por la naturalidad (suficiente), la actriz llora bien eso sí, por si tenían pendiente. La asistencia de dirección y de producción va a cargo de Gerardo Vázquez (topo) a quien no le dudamos un segundo la eficiencia ya antes bien comprobada, se respetan los códigos de ficción y el rompimiento resulta efectivo, efectivamente rompe y concede un descanso de tanto lo mismo dicho de modos distintos y en posiciones diferentes y cada vez más arriesgadas.

 La obra vale la pena, vale la pena presenciar el riesgo, la apuesta. Es cooperación voluntaria, y Honorio por cierto, es becario del programa de estímulo a la creación y desarrollo artístico de Tamaulipas. Hay que tener en cuenta, si se hace el arribo en automóvil, no  olvidar el pago del parquímetro, para no tener que lidiar con la araña y pagos innecesarios (aunque el parquímetro ya lo sea en sí mismo). El círculo teatral tiene una cafetería en que tranquilamente se puede esperar el inicio de función  con café o comida y está bastante bien ubicado. La  selección de puestas de “El círculo…” es altamente efectiva y uno no sale arrepentido de la asistencia.

No se la pierdan…

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Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.