De: Rondas con los ornitorrincos de la crónica

octubre 10, 2014

Por:

Arte, Extras, Literatura, Medios, Random, Tacto

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Leía un texto de Juan Villoro que cayó a mis manos, básicamente de disertaciones sobre la crónica, me resultó interesantísimo y decido entonces traerlo a colación. Al respecto del nombre que Alfonso Reyes concede al ensayo: “El centauro de los géneros” decide  Villloro nombrar a ésta “El ornitorrinco de la prosa”. Nos habla de las necesidades que de los otros géneros tiene, resumiendo en sus palabras:

De la novela, la condición subjetiva; del reportaje, los datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto; de la entrevista, los diálogos y del teatro moderno, la forma de montarlos, del teatro grecolatino, la polifonía de testigos; del ensayo, la posibilidad de argumentar; de la autobiografía, el tono memorioso y la reelaboración en primera persona.

 Precisa que las influencias que sufre pueden ser llevadas a más y que justo en el equilibrio de no caer en uno con más fuerza que en todos los otros radica su existencia.

 Enfrenta la necesidad del uso de la imparcialidad y de la ficción para (cosa rara) entregar credibilidad al texto y por supuesto, ganas de continuar sobre las letras que le conforman, entonces si el texto fuera pura y llanamente el hecho, lo llamado la verdad aunque se sabe imposible por ser relativa, pero digamos pues, lo más apegado posible sin especulaciones, inclinaciones, aproximaciones, juicios de valor emitido, etcétera, no resultaría interesante, ni entretenida, al final el objetivo no se cumple, requiere del elemento.

 Entonces luego, existiendo la diferencia a tiempos  remotos entre los escritores y los periodistas, es decir con los que romancean con la verdad y con los que romancean con la otra verdad que nace de lo no verificable, de la posibilidad, creen los  unos  y los otros que se está mejor del otro lado, entonces así, escritores terminan escribiendo para periódicos por tener un cheque que les permita seguir con la narrativa. Se cuenta una anécdota en que el escritor que llega a su recién adquirido empleo como periodista y ve a la máquina de escribir como una suerte de pequeño ataúd donde quedarán sepultados sus ímpetus de escritor novato, y los otros por el prestigio, por lo que no se atreverán (en la mayoría de los casos) a tocar.

 Luego está la otra idea, de que los periodistas son, en realidad escritores frustrados, que no habiendo nacido con talento, ni con posibilidad de desarrollar, pese a los intentos la habilidad necesaria para la narrativa, terminan de periodistas escribiendo hechos crudos, sin la necesidad de desarrollar desde la imaginación y creatividad la trama, que es sencillamente, en sus casos, arrojada por la vida.

 En uno u otro caso se dice que no se debe servir a dos amos, y que la una sepulta la creatividad para la otra o que la otra genera imposibilidad para la primera, la verdad, claro, es relativa, es todo escribir al final, es la posibilidad de regodearse y de cruzar con habilidad y no con imprudencia y temeridad por las distintas posibilidades, ¿Que tal un escritor “todo terreno”?.

 

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.