De músicos y músicas… Gitanos: el pueblo ambulante

enero 24, 2014

Por:

Oido

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Cantó despacio la guitarra  y la muchacha despertó,  el violín también abrió los ojos y luego tarareó, la muchacha escuchaba y el tono moduló, luego el contrabajo, sin trabajo se integró y entonces un clarinete, contento también se unió. La muchacha cogió un pandero y su padre el acordeón. Los que no tenían instrumento aplaudieron, el ritmo se aceleró, la muchacha bailaba y su hermano sacó el cimbalón. ¡Pero qué fiesta señores! ¡El abuelo ya despertó! Entona su canto gitano y el resto lo siguió. Festejan la vida ahora, festejan la canción.

El pueblo gitano tiene una historia de camino largo y ajetreado, de paisajes infinitos, cambios imprevistos y mucha improvisación de los días y de la vida. Su origen es la India. Cuenta la historia que un rey hindú pidió que llevaran a su corte músicos. Entonces enviaron a 10’000 músicos de ambos sexos que no solo tocaban, sino que cantaban y bailaban. Pero el rey no solo les pidió que lo entretuvieran, quiso usarlos como esclavos y que se dedicaran a la agricultura. Los músicos se negaron y el rey los desterró.

Fue entonces que se enfrentaron al dolor de ser despojados de casa, de no tener a donde ir, la incertidumbre de no saber qué pasará mañana, las emociones encontradas. Después vino la adaptación a una vida sin un rumbo fijo, la supervivencia nómada. Definitivamente se adaptaron muy bien a la situación, se volvieron una gran familia, tenían sus propias reglas y vivían libres de la tiranía de los gobernantes, poco a poco desarrollaron raíces ambulantes, y como desde el inicio su dedicación era el arte, nunca dejaron de enriquecer su cultura. Bien dicen por ahí, en España sobre todo, que el cante y el baile lo llevan en la sangre.

La música en el pueblo gitano refleja su forma de vida y su ideología. A partir de que se fueron de su tierra originaria, un grupo de gitanos pasó por Afganistán, Bizancio, Armenia, Grecia, Serbia, Alemania y Francia; recogiendo costumbres y modificando su lengua materna; aprendiendo formas musicales y fusionándolas con las propias. En el siglo XV llegaron a España, donde ya vivía otro grupo de gitanos que llegaron desde el siglo X y que dieron origen al flamenco. Los gitanos que llegaron después eran ya muy distintos y su música era otra, incluso, aunque el ritmo tenía la misma estructura de doce pulsos, la acentuación y el fraseo variaba de una tradición a otra.

Durante siglos, esta gente ha sido víctima de maltrato, a donde van los ven mal, los han discriminado por su forma de vida y los han obligado a seguirse moviendo. Los llamaron Gitanos o Gypsies en inglés, porque pensaban que venían de Egipto. Muchos pensaron que eran asesinos y que por eso no tenían casas, que eran ladrones y violadores, que sus hijos eran criados para ser criminales, los miraban sucios, vestidos con ropas viejas y les temían. Nunca se detuvieron a ver que el corazón del gitano es más fuerte que un roble y más noble que los mismos reyes. Los gitanos no pretendían invadir, ni dejar a su paso el mismo dolor que venían arrastrando, su dolor era suyo, y consigo se lo llevaban a otro lado cuando ya no eran más bienvenidos. Sin embargo nunca le cerraron las puertas a quienes quisieran huir de su vida cotidiana, y muchos de plano se iban con ellos a viajar. Por eso la gente creía que eran secuestradores y los perseguían. Los odiaban. Pero ellos nunca perdieron el sentido del humor y la alegría de estar vivos y de poder hacer música y danza, juntos. Taraf de Haidouks, Esma Redzepova, Urs Karpatz y Saban Bjramovic son algunos ejemplos de esta música.

Cantó la tabla, cantó la guitarra, cantó la trompeta y el clarinete, cantó el violín el acordeón; los niños ya dormían y de pronto, la dama cantó.

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