De lo tóxico y la familia en convergencia indefinida

abril 1, 2015

Por:

teatro, Teatro Musical, Vista

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“La gente te inspira o te desangra, elige sabiamente”

HANS F. HANSEN

Una mujer, esposa y madre de familia, ha sido víctima de una especie de ataque terrorista suscitado dentro de un autobús; no se sabe con certeza que ha pasado pero ella siente cómo su cuerpo ha recibido el impacto de una toxina que la va deteriorando tras haber notado a un individuo de piel oscura sospechoso a bordo de la unidad móvil en la que viajaba; mientras quita de ella cualquier voluntad para seguir adelante. Sus hijos han vuelto a casa luego del suceso, su esposo toma de su mano a cada instante. El camino comienza para afrontar los hechos o sumirse en el traumatismo.

 Foro Lucerna abre su siempre cálida puerta a Tóxico, de Greg MacArthur, dirigida por Hugo Arrevillaga Serrano, para permitir la exploración de una historia que se construye a través de la percepción individual sobre un suceso posible a resolverse en terrorismo, histeria, paranoia racial, esquizofrenia o sencillos infortunios sumados en la realidad de una familia chocando ante la vulnerabilidad.

 Aplicable a una sociedad actual que se trabaja dentro y a partir de la incertidumbre en todos los aspectos que la componen, la aparición de esta pieza resulta valiosa para dar un espejo  la desesperación colectiva que pueda mostrar la crudeza de la propagación de la negatividad.

 El relato de McArthur devela  los límites de la percepción psicológica hacia lo que acontece en el mundo exterior, partiendo del quiebre del pilar del modelo familiar tradicional. Al deshabilitar y deteriorar a la madre la familia, esta última entra en una reacción natural de protegerle, sin embargo ¿Qué aspectos aborda la posición natural cuando el esquema de avance se estanca iniciando el retroceso?

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 La dramaturgia amplía el reto de la percepción de la realidad hacia la necesidad de resolver los verdaderos valores que conforman al estado egoísta en el ser humano, cómo este se logra diferenciar de la asimilación, del  avance. Al presentar al cuadro de personajes que acompañarán a la mujer sobre  las asperezas del momento, el autor brinda a cada uno la individualidad dentro de un círculo que aparentemente debe ser homogéneo. El conflicto existe, pero más que reunirse para tratarlo habrá quien, sin darse cuenta, se envuelva con él o busque  la puerta de salida para respirar.

 Valorando íntegramente el discurso del dramaturgo, Humberto Pérez Mortera traduce el texto con cuidado de hacer totalmente asimilable el lenguaje sin perder el contexto de los traumatismos sociales producidos tras aparatosos incidentes terroristas en el mundo, de entre los cuales destacan notablemente como influencias, la caída del World Trade Center en EUA y los atentados del 11-M.

 Trasladando la necesidad del autor por tratar la propagación de los sentimientos tóxicos entre las personas, Hugo Arrevillaga acerca a la obra dentro de un tono realista que apunta con precisión las palabras clave para entender no solo las cualidades y psicología de los elementos a juego, sino también aquello que no se está diciendo.

 Lo último descrito se alcanza en primera vía mediante la  idealización del espacio. La dirección toma el concepto de la mesa familiar como eje para narrar las formas en la que cada integrante de conduce. Este código bellamente planeado y coreografiado aporta las imágenes más crudas  igual que potentes de la puesta a partir de la simpleza resolutiva en escenografía (de Auda Caraza y Atenea Sánchez) para lucir el acompañamiento de la palabra.

 Es aquí donde uno comprende la importancia que conlleva el legado de Arrevillaga, el director no solo se aleja una vez más de la línea melodramática para presentar un concepto mayormente crudo, de una factura difícil al espectador pues no conlleva amabilidad para tratar las dificultades eventuales de la historia (Aquí y ahora, Antes Te Gustaba La Lluvia, Clausura Del Amor). Esta capacidad de dar vida a los textos que maneja de una forma estética, orgánica, honesta y directa es la verdadera característica que podría hacer a alguien aseverar que la manufactura viene de Hugo Arrevillaga, no su complicidad a autores específicos.

 A nivel de iluminación la obra destaca por generar espacios definidos y con sustancia a través de movimientos claros y ligeros, que avanzan junto al buen ritmo planeado, amalgamando la circularidad que la puesta alcanza en sí misma.

 Dentro de el cuerpo actoral, Gabriela Murray logra un trabajo muy bien construído para externar la rabia, desesperación, molestia e incertidumbre que Elena, la madre afectada, sufre. La interpretación captura la fragilidad necesaria como autodefensa incrementando a la par el dañino sistema de creencias que la va convenciendo de estar envenenada. Aquí hay una mujer afectada y este es solo el primer cuadro. Uno puede convertirse en su propio veneno, Murray proyecta con suma posición dicha sentencia.

 Para dar soporte a la actriz, Víctor Huggo Martín edifica al personaje del esposo como un punto de inflexión en medio del caos. El desenvolvimiento del actor permite apreciar la auténtica destrucción mental que provoca estar en contacto con una problemática de manera directa. María Gelia Crespo apoya a la trama con 3 actuaciones fuertes y de sustento valioso. Ana González Bello da una grata actuación, mientras que Andrés Torres Orozco simplemente transporta a su personaje en Sedientos de obra, he aquí el único detalle de dirección-cast.

 Tóxico representa una de las propuestas más valiosas de la cartelera actual. Un llamado a la fuerza interior y a la individualidad aceptada dentro de un núcleo compartido, asegurando desde la taquilla su valor monetario.

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Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.