De: Juan Rulfo

octubre 13, 2014

Por:

Extras, Literatura, Tacto

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para revista

Estoy desde hace mucho convencido de que este portentoso escritor nacido en Jalisco el 16 de mayo de 1917, bajo el nombre de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, es el mejor escritor del siglo XX que dio México de muchos modos. Rulfo escribió desde el alma, desde la muerte, desde lo desconocido, y desde un conjunto de elementos desconocidos por ser de vida, personales, desde la elección antes del nacimiento y sea quizá, que en alguna entrevista nos habló de ser visitado por otros seres en la noche. En el libro “Juan Rulfo. Del páramo a la esperanza” se nos refiere un Rulfo que en la noche era un conversador maravilloso, inyectado de energías distintas de las del día, escribía de noche, era otro.

 Entre ciertos escritores se reconocen estilos, se reconoce el dictado de los muertos, y Pedro Páramo viene de un lugar otro, desde un lado distinto, poderoso. Gabriel García Márquez decía al respecto que era imposible pedir a Juan algo más, porque todo lo que podía dar estaba ya concentrado en la novela, no hay más, el lenguaje del pueblo que es poesía pura nos arranca de este mundo para llegar a Comala, a la boca del infierno, llenos de murmullos, de voces, del sopor y las hebras del sueño.

 La reputación del escritor procede de El llano en llamas (1953), de diecisiete relatos que fueron la preparación para Pedro Páramo publicada en 1955, parteaguas de la literatura mexicana que marca el fin de la Novela Revolucionaria.

 El ganador del Premio Príncipe de Asturias fue huérfano de padre a los siete años, a los once fallece su madre. después vivió con su abuela y más tarde en el orfanatorio Luis Silva en Guadalajara. en 1933 intenta ingresar a la Universidad de Guadalajara pero opta por ir a la ciudad de México por encontrarse ésta en Huelga. Asistió de oyente al Colegio de San Ildefonso. En 1934 comenzó a colaborar en “América” revista literaria. En 1939 comenzó a publicar los cuentos que dieron paso  “El llano en llamas” en revistas literarias.

 En 1946 se dedicó a la labor fotográfica, trabajó para Goodrich-Euzkadi como agente viajero. En 1947 se casó con Clara, Clara Angelina Aparicio Reyes, con quien procreó 4 hijos.  De 1954 a 1957 fue colaborador de la Comisión del Papaloapan y editor en el Instituto Nacional Indigenista en la Ciudad de México.

 En 1930 participó en la revista México. En 1945, publicó, para la revista Pan en Guadalajara los cuentos: La vida no es muy seria en sus cosasNos han dado la tierra así como enMacario. Establecido en la Ciudad de México en 1946 se publicó el cuento Macario en la revista América. En 1948, se publicó La cuesta de las comadres y en 1950 Talpa y El Llano en llamas. En 1951 la revista América publicó el cuento ¡Diles que no me maten! y en 1953 el Fondo de Cultura Económica integró El Llano en llamas (al que pertenece el cuentoNos han dado la tierra) en la colección Letras Mexicanas. En 1955 se publicó Pedro Páramo.

 Entre 1956 y 1958 escribió su segunda novela “El gallo de oro”, que no fue publicada sino hasta 1980.

 Después de esta etapa, Rulfo abandonó la escritura, justificó el abandono con la muerte del tío Celerino quién le platicaba todo, fue con él que Rulfo recorrió muchos pueblos.

 La primera idea de Pedro Páramo fue gestada antes de Rulfo cumplir los 30 años, en dos cartas de 1947 dirigidas a Clara se refiere a la novela bajo el nombre de “Una estrella junto a la luna” diciendo que le daba algún trabajo, cambia el nombre a “Los murmullos” y gracias a una beca del Centro Mexicano de Escritores la concluye entre 1953 y 1954. Tres revistas publican adelantos de la novela y en el 55 aparece como libro en una edición de dos mil ejemplares, de los que fueron vendidos mil, y el resto regalados.

 La estructura innovadora fuera de los esquemas del XIX desorienta a los lectores haciéndolos reaccionar con desconcierto.

Al respecto del Páramo, Borges dijo:

Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura.

Contrario a Arreola, quien se cuenta, dijo a Rulfo que dejara la novela, que “eso” nunca iba a ser publicado.

Y esto García Márquez:

… Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosisde Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá —casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.

 Esta maravilla murió el 7 de enero de 1986, pero de esto no daremos más detalles. Juan Rulfo está vivo y se le siente sus fotografías, en el acomodo de letras que conforman las cartas a Clara, sus cuentos, guiones y dos novelas. Pero sí cierro con lo dicho después por Arreola: “no puedo creerlo; no puedo decir que esté muerto. Él no ha muerto; ha nacido con todos los que amamos la literatura”

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.