De: Doménikos Theotokópoulos, El Greco

diciembre 15, 2014

Por:

Arte, Gusto, Pintura, Vista

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el_greco19 Doménikos Theotokópoulos fue un pintor manierista, que para mejores referencias, era un término utilizado para referirse a la imitación de la maniera  de los maestros del Alto renacimiento y después como una reacción contra el ideal de belleza clasicista en lo formal y lo conceptual, un arte intelectualizado y elitista. Es de mencionarse que el estilo fue catalogado de extravagante, decadente y degenerativo cuya elegancia no fue apreciada sino hasta el siglo XX, asunto que afectó por supuesto el arte y la posición  de El Greco en la historia del arte a quien  hasta apenas hace 100 años se le reconoció como uno de los grandes artistas de la civilización occidental. Antes de esto era catalogado de artista excéntrico y marginal.

 Entonces “El Greco” es el apodo por el que mejor se le conoce a Theotokópoulos, por haber nacido en Grecia, para ser más específicos en Creta, en la localidad de Candía en 1541 lugar en que vivió hasta los 26 años. La familia (de la que se sabe poco) perteneció se dice casi con toda certeza a la colonia católica de Candía. Siguiendo con las probabilidades se formó en el taller de Juan Gripiotis pintor, y se le relaciona con Georgios Klontzas. Trabajó Domenikos bajo las dos posibilidades de la pintura cretense: “Alla greca” y “alla latina”.

 Cuando Candía  ya no le alcanzaba para vivir, con necesidad de expandirse, parte a la ciudad de los Canales, se le atribuye una estancia con Tiziano, y se piensa lógico que el hombre se preparara en los más prestigiosos talleres del momento.

 Theotokopoulos alcanzó una bien valorada posición entre los pintores de la época en aquella parte del mundo, y para 1563 era ya nombrado “maistro”. Si se hace necesario y para referencia siendo artista, es claro, cumple con las características del augurio de la grandeza: buena educación, espíritu inquieto, grandes ambiciones y altas aspiraciones.

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 Los 37 años que vivió en Toledo transformaron profundamente su estilo y tal vez lo que aconteció fue una fundición de todo lo antes vivido entregando como resultado un estilo propio, original, dramático y maduro, de acá vienen los ropajes blanquísimos, cabezas pequeñas y el alargamiento de los cuerpos, luz intensa.

 Sus últimos quince años llevó la abstracción hasta límites insospechados. La intensidad se marca claramente cada vez más hacia sus últimas obras. Siendo religiosas las pinturas adquirieron un fuerte impacto espiritual, en escenarios casi teatrales.

La pintura […] es moderadora de todo lo que se ve, y si yo pudiera expresar con palabras lo que es el ver del pintor, la vista parecería como una cosa extraña por lo mucho que concierne a muchas facultades. Pero la pintura, por ser tan universal, se hace especulativa.

 En su evolución fue alargando las figuras haciéndolas más sinuosas buscando posturas retorcidas y complejas.

 Sus retratos son menores que las pinturas religiosas, era capaz de representar los rasgos y todavía más allá, de representar su carácter. Las posibilidades de que se sirvió le entregan un lugar entre los retratistas de alto rango, siendo éstos: Tiziano y Rembrandt.

 La formación del Greco fue compleja, y hay razones para pensar que lo que hizo en los talleres fue de algún modo absorber lo que mejor le parecía como artista. Los tres focos culturales (muy distintos entre sí) que marcaron su obra fueron: La primera formación bizantina, la segunda Veneciana (en especial de Tiziano) de donde aprendió el óleo y la estancia en Roma de donde conoce la obra de Miguel Ángel y el manierismo que fue como ya dijimos el estilo vital que lo caracterizó.

 La obra del Greco está compuesta por grandes lienzos para retablos, cuadros de devoción para instituciones religiosas y retratos. La característica más puntual del arte del Greco son las figuras alargadísimas (más bellas que las naturales según sus escritos) iluminadas por sí mismas, delgadas, fantasmales, expresivas, en ambientes indefinidos y una gama de colores en contrastes. La forma ondulante de la llama del fuego para representar la belleza,

 Otra de sus características es la ausencia de naturaleza muerta. No hay profundidad ni paisaje, habitualmente eran aislados por nubes. Las figuras son centrales y el espacio en que se pintan, reducido fuera de sus formas. El sol no brilla, el empleo de la luz que parte de las figuras o una que reflejan no visible hace palpable el antinaturalismo, y la tendencia a la abstracción.

Detalle del San Pedro de la Capilla Oballe (1610-13).

 El poeta Théophile Gautier en su libro sobre su célebre viaje a España formuló su revisión del arte del Greco y también lo tildó como la gran mayoría de extravagante y loco con una connotación positiva y no denigrante. Manet le entregó elogios también Paul Lefort, en su influyente historia de la pintura escribió:

«El Greco no era un loco ni el desaforado extravagante que se pensaba. Era un colorista audaz y entusiasta, probablemente demasiado dado a extrañas yuxtaposiciones y tonos fuera de lo corriente que, sumando osadías, finalmente consiguió primero subordinar y luego sacrificar todo en su búsqueda de efectos. A pesar de sus errores, al Greco solamente puede considerársele como un gran pintor».

 Los comentarios escritos por El Greco  descubiertos hace poco han demostrado que el pintor era un intelectual inmerso en la teoría del siglo XVI En Italia.

 En sus últimos años el Doménikos decoró la Capilla Ovalle, El hospital de Tavera y pintó su Laocoonte y murió a los 73 años, el 7 de abril de 1614. Ya se sentía tocado por la muerte tiempo antes y concedió un poder para que su hijo testara en su nombre a quien dejó como heredero universa. Los restos del Greco reposan en la Iglesia de Santo Domindo el Antiguo.

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.