De: Disertaciones infantiles de Sir Brenda Mítchelle (Literatura infantil y juvenil)

marzo 4, 2015

Por:

Extras, Literatura

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Me he replanteado lo de la literatura infantil y juvenil porque de recién tomaba una clase del género con una escritora de título bien ganado y surgió el debate de los temas prohibidos, del mejor modo de abordarlos. El lenguaje que debe ser usado… Es extraño, sigue siendo a estos tiempos un problema por muy que nos preciemos de sociedad elevada abordar temas “complejos” con la bandera de “los niños son diferentes ahora, están muy evolucionados y hay que hablarles con la verdad”.

 Luego pienso en la prodigiosa fortuna que tuve de recibir textos que marcaron de muchos modos (Todos profundos) mi infancia. Enfrentado a una familia de escasas ganas literarias, de aquellas, se sabe, más de televisión, Tuve acceso a la biblioteca de mi abuelo, casi para mi solo porque tenía sólo que compartirla con mi madre (Maravillosa mujer de mente abierta y lectora ávida). Cuando era más chiquita ella me los leía, hasta que pude hacerlo yo. Entonces niño raro yo, hacía también elecciones extrañas ya después, de tal suerte que a los ocho había ya leído ya a Poe y a Lovecraft, y tenía una colección de Andersen, Perrault y los Grimm, era amante de la Mitología Griega y de Jodorowsky. Y no juzgaba. Los leía porque me gustaban auténticamente y no por recomendaciones ensuciadas, que es una característica también infantil. Es difícil timar a un niño por muy que se piense lo contrario.

 El asunto es la formación, la mitología es hermosa y cruel en sí misma, las fábulas de Jodorowsky no necesitan ser descritas, y los álbumes ilustrados que me llegaron un poquito después fueron: “En la oscuridad” que hasta la fecha recuerdo tremendamente: es una historia que narra la vida en primera persona de una niña abandonada por la madre (acá el temor tan presente en la infancia, del abandono) que a partir de ese momento se enfrenta a un vivir sola, sin el amparo y el refugio que ofrece el núcleo, se convierte en automático en una niña de la calle y todo lo que viene después es el aterrador mundo desde los ojos de alguien aún sin las herramientas para, de algún modo, traducirlo. (El sexo, la prostitución, el homicidio, el clasicismo, las drogas) y las ilustraciones poderosísimas, simbólicas.

En la oscuridad

 

O “El Zurcidor del tiempo” qué joya para un niño, qué librito metafísico…

El zurcidor del tiempo

 O ya en la pubertad “El llano en llamas”, “Pedro Páramo”, “El pozo de la soledad” (Prohibido muchos años en algún tiempo) o “El lobo estepario”; estoy siendo específico, con ciertos libros, pero los hubo muchos, significativos todos, y entonces, pienso, y pienso que de no haber tenido la fortuna de acceder a ellos. No hubiera elegido escribir un periodiquito a los ocho que vendía a mi madre por 2 pesos en lugar de jugar, o mi preferencia a pintar, o escribir cuentitos, o no hubiera participado en un concurso a los seis años, ni participado en mi primera exposición colectiva de pintura a los ocho, ni hubiera pasado los peores y mejores tiempos de mi vida con un libro en el brazo. Hubiera sido, tal vez, muy seguramente, otro.

 Pero esa es la cosa, la elección. la formación crítica que se fomenta en los niños, cuestionarlos. Hablarles con la verdad será siempre la mejor cosa. Pienso en los libros para niños y jóvenes que hablan de la violación como un modo de prevención, de la muerte, de los temas que por supuesto les atañen. De la mano con los que los hacen soñar, porque lo uno no se pelea de modo alguno con lo otro. Porque privar a los niños de la verdad es de algún modo engañarlos, hacer niñas princesas, y fomentar lecturas que sólo los entretienen crean niños que serán adultos con pocas herramientas de análisis sin visión propia., carentes de argumentos, porque la verdad es personal.

 Hace poco, gracias a esta escritora descubrí una novela para jóvenes que se llama “nada” y me parece un libro por demás brillante, existencialista, precioso, que toca los temas más fuertes en la búsqueda del significado, simbólico, de lenguaje sencillo, poderoso.  Pienso en lo que oferta puesto en manos de un joven, en cómo me hubiera gustado haberlo leído a los trece, En las puertas que abre la literatura, y recuerdo a Hesse y lo que decía de los grandes misterios develados a través de las puertas del arte.

 Pienso en las puertas abiertas y en una sociedad incluyente de seres humanos forjados en la verdad y en el arte desde niños…

 Y pienso…

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.