De: “Casa con desván” Chéjov

septiembre 12, 2014

Por:

Arte, Extras, Literatura, Random, Reseñas, Tacto

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Antón Pávlovich Chéjov, médico, escritor y dramaturgo ruso, maestro del relato corto y autodenominado amante de la literatura, escribió en 1896 “Casa con desván”

 El de Chéjov es un cuento interesante no tanto en sí mismo como por la exposición y referencias que de la estructura social hace, el personaje: Lida, en representación del Gobierno como valor asignado, busca y procura el “bienestar” del pueblo mediante la generación de escuelas y hospitales para sanar y subsanar las principales carencias, acá, la alegoría de la sociedad.

 El protagonista, harto del mal trato que de su persona se hace, vale aclarar que él es  un artista, pintor para ser más específicos, paisajista con precisión; llega a un punto de desasosiego azuzado por la mención que de su falta de interés por “esos asuntos” hace Lida, minimizado, pone sobre la mesa lo que piensa de las labores filantrópicas por las que ella lucha y que son además razones potenciales de su existencia.

 Expone entonces, y es aquí de donde tomaremos tema, que el pueblo no necesita escuelas ni hospitales, no requiere de la alfabetización si esta sirve sólo para leer letreros en las cantinas, ni hospitales que pretenden sólo poner remedio a los daños que la sociedad en sí misma genera, es decir que el trabajo fatiga, dobla las espaldas, genera enfermedad por recaer sólo en unos cuantos, específicamente en la población más afectada y desvalida; sostiene que si el trabajo fuera distribuido equitativamente entre todos los que en el mundo habitan, terminaría en tener una duración no mayor a tres horas, el ser humano entonces, por inclinación natural tomaría partido por la ciencia y las artes, es decir, por el desarrollo y sublimación del espíritu, que es principio lo que realmente tiene valor.

 Entonces (En este orden de cosas) si el hombre requiere de libros para incentivar el intelecto, ha de pagar por ellos, es decir, trabajar más o hacer un sacrificio de dieta alimentaria para conseguirlo y vuelta al trabajo. Entonces termina todo en un ciclo ininterminable de a y b, b y a, que es asumido por las generaciones venideras una y otra y otra vez.

 El personaje entre todo el desahogo cae en la cuenta de que él mismo siendo que es artista forma parte innegable del sistema, haciendo la labor de entretenimiento permitido, vamos pues. Las decisiones tomadas por supuesto por ésta figura representativa que es Lida, afectan incluso y en apariencia, de modo terminante a sus pretensiones de romance con la joven hermana de Lida, Misius.

 El cuento se lee de una sentada, el manejo del paisaje es bello y detenido, Chéjov un escritor de calidad innegable.

 Todo parecido con la realidad, fue seguramente mera coincidencia.

Link: http://www.cuentosinfin.com/casa-con-desvan/

Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.