De aquí, de allá

julio 23, 2014

Por:

Literatura, Vista

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Haciéndome el dormido. Tenía los ojos cerrados, pero sentía los dedos cálidos de su ropa acariciando la mía. Sentía su cuerpo trémulo (lleno de ella), su brazo contra el mío; su hombro, haciendo de primavera contra el mío.

 Cada tanto el vaivén del camión traía contra mí, a la ola de carne y fragancia floral, pero más que contra mí, contra la desesperación de sentirme solo. Cada tanto el vaivén del camión nos evitaba la vergüenza de cultivar su nombre (o el mío) en sus oídos (o en los míos). Nos evitaba la vergüenza de sentirse deseado por un extraño ante las miradas de los que seguramente estaban frente a nosotros. Más extraños.

 No quería mirarla. Quería guardar ese momento para el final de mi recorrido; para arrepentirme de no haberla hecho mía, más allá de nuestras caricias rotas. Más allá de nuestras olas de carne estrellándose contra las bahías del otro.

 Abrí los ojos y mire hacia el lado contrario, a través del parabrisas de aquel ruta 28, último camión que salía de la base. Mi bajada no tardaba en llegar. Sería lo único puntual de todo mi día. Mire los asientos frente a nosotros. Asientos vacíos. Un vaivén más, una ola de carne más. Mire los asientos a mi lado (no los de ella), asientos vacíos.

 -¿Cuánto tiempo tiene viviendo por aquí?- me preguntó el chofer, para romper el tedio monótono del motor de aquella lata sobre ruedas.

 -Pues ya llevo bastante. Unos 10 años.

 -¿Casado?- preguntó el chofer.

 -No, afortunadamente no- reímos chofer y yo. Y luego el camión pasó debajo de un túnel, y la oscuridad reinó dentro del camión. Entonces con mayor atrevimiento, rocé, con los nudillos, su brazo. Decidido y ayudado por la oscuridad, iba a colocar mi mano sobre su antebrazo cuando el camión salió del túnel y la luz volvió.

 -Oiga- se dirigió nuevamente el chofer a mí-, usted, ¿cree en fantasmas?

 -Pues hasta ahora ninguno de ellos me ha hecho creer en ellos.

 -Y, ¿ha escuchado la historia de la mujer?- volvió a interrogar.

 -¿Cuál mujer?

 -La que, vaya a usted a saber cómo, encontraron muerta.

 -¿En dónde?- pregunté, totalmente entusiasmado.

 -Pues la hallaron en esta ruta 28, precisamente en este camión- contestó el chofer-, y dicen, dicen que se aparece. Pero la verdad de las cosas es que a mí nunca se me ha aparecido y ya en agosto cumplo 10 años de servicio.

 Sentía los dedos cálidos de su ropa acariciando la mía. Sentía su cuerpo trémulo, lleno de ella, contra el mío. Sentía su mirada sin ojos. Me sentía morir. Gire la cabeza para encontrarme con ella y…

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