De: Angelología. Utopía y ángeles en San Ildefonso

septiembre 26, 2014

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Desde hace años la humanidad se ha creado historias de encuentros y fe ciega acerca de estos seres buenos, buenísimos con alas en la espalda, desde el ángel caído Lucifer (que siendo sensato, sin la capacidad de hacer o pensar en mal, no hallo la relación a la osadía por desobediencia, por ser característica humana y exclusiva de los altos mandos) hasta el ángel de la guarda al que los niños suplican no ser desamparados ni de noche ni de día, y que se mantiene además en moda constante. Es este el tema de la exposición de los artistas Ilya y Emilia Kabakov, una pareja de rusos considerados entre los 10 mejores artistas del mundo, que decidieron unir esfuerzos artísticos por llevar al ángel caído a distintos rincones del planeta y que llega con 41 obras entre 1994 y 2010 al museo de San Ildefonso  en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

 Es menester considerar que los artistas no consideran a los ángeles en exclusiva como seres con alas por naturaleza; nos regalan, de hecho una serie de pasos para alcanzar un ideal de bondad si es que se tiene alguna inclinación al mal, consistente en fabricar unas alas propias con correas de cuero, colocarlas durante una cantidad específica de minutos sobre la espalda, cada cierto tiempo y por último resguardarlas en un mueble con espejo. Hay ángeles que son humanos con la disposición de hacer el bien, ofrecen Ilya y Emilia. Los hay y es así en una exposición con base en metáforas aladas que nos encontramos con Ernesto Bejarano, trabajador del museo de San Ildefonso, sin duda un humano con portentosos vicios angélicos, de esos que faltan, a los  que debiéramos como individuos y como humanidad aspirar, el dar sin esperar.

 Nos habla Ernesto, al respecto de la exposición, de la necesidad de los artistas de buscar otra vía a los problemas vividos en Rusia en aquel tiempo, al final, como bien nos decía Hermman Hesse, se encuentra la condenación en lo que se busca con tanto ahínco, lo que parece una bendición, lo que da trazas de bondad, de paz, termina en cárcel, en muerte, en declive, en el ángel muerto que encontramos en uno de los patios del museo.

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 Para llegar a tener contacto con el ángel o con los ángeles hay que construir una escalera, que nos eleve muy por encima del mundo, del dinero, de las necesidades de fama y de aplastar al otro para llegar, lejos del dar esperando algo en respuesta, de necesidades innecesarias e impuestas, del pensar si el otro lo merece y atreverse a juzgar, a decidir, lejos de la guerra,  hay que trepar la escalera y padecer hambre, padecer frío, hay que estar en crisis, caído, solo, los ángeles aparecen cuando el humano que ha llegado hasta el final de la escalera no puede ya, tal vez a punto de morir, verá al ser, al ideal y quizá encontrará además su fin. Después de los afanes, el viaje a Ítaca quizá, quizá termine en la caída, en la destrucción.

 Hay una forma de saber si es ángel uno o no dicen los artistas de la instalación total y tiene todo que ver con todo, puede uno ponerse las alas ya antes mencionadas y previamente construidas, arrojarse desde una superficie elevada y ver si las alas le salvan del destino fatídico al último momento, si no, el final es claro y muy referido, la muerte.

 En otra de las salas, en la segunda parte de la exposición encontramos unas alas de ángel, dispuestas sobre una silla, frente a un escritorio, hay una cama de fondo y anaqueles de libros. Lo que quieran decir los artistas lo dirán a cada quien, como siempre pasa con el arte, pero me parece que quizá sea que es esa la verdadera bondad, los verdaderos ángeles se hacen (o se deshacen) luchando por el conocimiento, la libertad, la sabiduría, la bondad, la ayuda a los otros, permitamos pues que los demás conozcan a los ángeles a través de nosotros en tiempos de crisis, es esta la utopía, es esta la verdadera angelología, hay que ser ángeles para los otros para conocer nosotros a los ángeles, dejando de rezar por una aparición, siéndolo nosotros, levantándonos, trepando esa escalera aunque el final del camino peldaño a peldaño hacia la bondad sea la bien merecida caída.

 La exposición consistente en instalación, pintura, arte objeto, impresiones en tela y maquetas, permanecerá hasta el  11 de enero del 2015. en Justo Sierra 16 Centro Histórico, el ya muy conocido y querido Museo de San Ildefonso, ubicado en las cercanías de Metro Zócalo o Allende, en el Centro de la Ciudad de México.

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Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.