Por Alfonso Meza

 

Antes de ser escuchado, el latido ya abrió los ojos. El sistema circulatorio echa a andar su maquinaria antes que cualquier otro en el cuerpo del hombre, reclama su sitio. Cada uno de los senderos sanguíneos se distribuye a lo largo de músculos, tendones, huesos y abismos del ser para abastecer de movimiento el continente que habita. Sin ese minúsculo aleteo, la mujer tampoco sería posible.

Una poeta no es distinta a un hombre. El corazón de cada uno se angustia y se regocija entre 70 y 80 veces por minuto. Se trata de un vaivén desobediente, involuntario. Poco a poco, las contracciones bombean luz hasta los ojos de la niña. Sabemos el sexo porque sus padres ya han pensado el nombre: Nelly. Es hija de un acaudalado judío; corre el año de 1891. Nelly Sachs respira en Berlín.

Los vasos sanguíneos han madurado hasta alcanzar los 97 kilómetros de longitud.

Sachs tiene 17 años.  Las líneas de su mano ahora se confunden con los renglones de sus primeros versos. Su educación ha sido estricta y minuciosa. Múnich y Berlín se han encargado de propagar sus letras gracias a diversas publicaciones impresas.

Tal como sucede con la desastros-a-rmonía del encuentro y la fuga, la sangre cambia  de sitio por las calles y avenidas del interior humano. A esta imagen y semejanza, también emigra la tinta del pensamiento a la hoja en blanco.

Nelly

 

Con el estallido de la Segunda Guerra mundial, Nelly y su madre huyen a Estocolmo, auxiliadas por la escritora Selma Lagerlof. Allí se establecen hasta el último día de la poeta. Pero no continuemos, aún no es tiempo de invocar a la muerte cuando es temprano en la historia.

En 1947, sale al mundo el poemario En las moradas de la muerte, una de las obras más representativas en el trabajo de la literata. En este libro, Sachs rindió un merecido homenaje lírico a todos “sus hermanos y hermanas desaparecidos durante los exterminios nazis”, de acuerdo con sus propias palabras.

Para entonces, la adolescente se ha transformado en una mujer de convicciones firmes y un pulso a prueba de catástrofes, pero no del olvido. Vendrían más tarde otras guerras, otras víctimas, otros libros, más poemas: Eclipse estelar (1949), Y nadie sabe más (1957), Huida y metamorfosis (1959), todos reunidos en la antología titulada Más allá del polvo (1961).

Se equivocan: el corazón no está del lado izquierdo. La mentira anda en una silla de ruedas hasta que alguien la tira por la escalera. Ubicado entre los pulmones, direrccionado un poco hacia la izquierda, el músculo orquesta los altos y bajos de la circulación. Los hombres que nacen con el corazón desordenado, es decir, mirando en dirección opuesta a la izquierda, padecen una malformación genética denominada situs inversus,

Sachs fue una escritora de corazón invertido –permítase aquí una licencia poética-. A cada latido, una catarata de palabras le subía por los ojos hasta tocar el mundo. El placer y el drama de la realidad la acompañaron toda su vida. En 1970, el 12 de mayo para ser justos, los latidos dejaron su oleaje para otro instante.

Cada vez que llevamos una concha de mar a la oreja, no es la voz del mar lo que escuchamos, es el eco de nuestra sangre fluyendo en el oído. Visto de tan dulce manera, preguntemos, ¿cuántos latidos se necesitan para llegar al mar? Nelly (aún) tiene la respuesta:

“Aquí
donde naufragué en sal,
aquí en el mar
con sus azules niños de pecho,
que se nutren
posesos de luna
en el ama del alma…”

 

 

 

Originally posted 2013-12-19 15:18:01. Republished by Blog Post Promoter

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