Cuento de muerte: Horacio Quiroga

agosto 7, 2014

Por:

Arte, Literatura, Reseñas, Reseñas, Vista

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“No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si entonces eres capaz de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.”

 La diferencia entre distancia y tiempo se mide entre palabras. Fueron lejanos y, a la vez, tan similares. O eso es lo que muchos afirman sobre dos grandes autores que no pertenecen a nada igual, ni siquiera a ellos mismos.

 Hablo del genio, Edgar Allan Poe y el gran cuentista de habla hispana, el padre del cuento latinoamericano, Horacio Quiroga.

 A simple vista y con una revisión superficial de estos dos escritores, bien se hubieran hundido juntos en el desatino, tristeza, tinta y fatalidad (¿o será acaso que este último “elemento” fue el impulso devastador detrás de la genialidad?)

 Bien, Quiroga nació en un Uruguay en proceso de modernización, en 1878. Desde pequeño, el destino desgraciado se mostró ante él al presenciar la muerte de su padre. Tiempo después, su padrastro se suicidó; y así, le regaló el segundo acercamiento con la muerte. Ha pasado el tiempo y Horacio vuelve a caer de rodillas, ahora frente al fracaso y el hambre. Una vez más estuvo a su lado junto al fallecimiento de sus hermanos. Y continúa, una de las mayores tragedias para el escritor uruguayo fue la muerte accidental de su amigo Federico Ferrando, a causa de un disparo detonado por el propio autor. Posteriormente, la muerte culminó con el suicidio de su esposa…

 Una muerte más y se convierte en ficción.

Horacio Quiroga

Horacio Quiroga

 Nos resulta difícil pensar en destinos cuando las tragedias se funden en el viento, en el agua, en todo lo que sea vida.

 Su estancia en la selva muestra la frágil situación del hombre frente a seres y situaciones desconocidas. La autonomía, según Horacio Quiroga, es crucial para la supervivencia en un ambiente “hostil” como la selva. Sus vivencias inspiran una de las publicaciones más famosas del autor: Cuentos de la selva, en la cual se reúnen nueve relatos breves donde se traza una naturaleza dual: enemiga y fiel.

 Los relatos dentro de este libro terminan con una enseñanza. Bien parecen ser cuentos infantiles, como si fueran fábulas. A pesar de que en algunos intervienen los seres humanos, los protagonistas principales son los animales. Flamencos que se disfrazan, yacarés que luchan contra un buque, abejas que enseñan una lección, cachorros coatíes junto a cachorros humanos y más.

Caricatura de Quiroga

Caricatura de Quiroga

 La relación entre los ciclos de cada uno de los seres vivos que intervienen en las historias de Horacio nos muestra la idea obsesiva que tiene el artista con la muerte. Nadie lo culpa.

 Entre las recomendaciones más notorias de su obra se encuentran Una estación de amor, Los arrecifes de coral, Diario de viaje, Anaconda, Cuentos de amor, de locura y de muerte, Las sacrificadas, Historia de un amor turbio, Los desterrados, etcétera.

 No sólo trabajó en el mundo de la literatura, los cuentos, la novela, poesía, el teatro y la crítica; también fue fotógrafo, agricultor, carpintero, educador, activista y “misionero”.

 Después de la muerte de Horacio en 1937, siguieron los suicidios de dos de sus hijos y el de su mejor amigo (y no es la muerte) Leopoldo Lugones. Fiel amiga, como si fuera un reflejo.

 Para sentirnos más cerca de la literatura de Quiroga, es necesario ver en el autor la quietud, paciencia y, sobretodo, el conocimiento de vida en sí misma. Observador, detallista, rotundo, maduro y leal. Así se lee a este artista. Sin lugar a duda, el infortunio en la vida de Quiroga sólo deja ver una de tantas pruebas superadas por el autor y que al final, logran determinar su escrito y la estrecha relación que mantiene con la aventura y el riesgo.

 Horacio Quiroga y la muerte, como si fuera una obsesión; quizá lo único que no le faltó en la vida pero, ¿quién quisiera ser amigo cercano de ella?