Con tus ochenta mejores amigas ¡Para qué quieres enemigas!

octubre 21, 2014

Por:

Arte, Extras, teatro, Vista

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“No te quiero alarmar, pero algo siniestro está ocurriendo aquí”

Angela Lansbury (como Jessica Fletcher en Murder She Wrote)

En el interior de la cabina de un radio teatro, la simpática, poco ortodoxa, gruñona  y anciana conductora Agatha Freud, transmitirá la narración del thriller psicológico “Las ochenta mejores amigas”, de un tal Juan Carlos Cuéllar. Para realizar dicha labor se requieren de dos actrices que lleven los personajes principales de la historia, así  que las divas Olga de Moctezuma y Holly Estuardo, ejecutarán esta historia llena de intriga, suspenso y comicidad involuntaria.

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 El Foro Shakespeare ofrece una opción de divertimento única en su Teatrino los días sábado, la comicidad, el drama y también el cabaret se funden en Las ochenta mejores amigas de Juan Carlos Cuéllar. Puesta en escena dirigida por el propio Cuéllar, un texto más para el catálogo de obras ejecutadas con miembros del programa de Teatro Penitenciario.

 Explorando el frívolo mundo de la “alta sociedad”, el autor parte de un estilo influenciado por la literatura de Agatha Christie junto a la experiencia narrativa televisiva en Murder She Wrote (La reportera del crimen) para hablarnos de la traición que conllevan las falsas amistades, las mentes criminales, además de la venganza como método expiatorio. Una ha traicionado a la otra, creyéndola tan inocente como boba para nunca actuar en reversa, sin embargo, la amiga herida ha centrado su dolor en construir una telaraña exacta
para acechar a su presa, por consiguiente atacar sin piedad como una viuda negra.

 Un montaje construido sin mayor pretensión que divertir a la audiencia a través de la exposición de personajes que llevan al límite de la comedia sobre un drama que debería generar tensión. La dirección llama a sus “divas” para ser representadas por hombres, logrando entonces un ambiente queer bastante efectivo, que lejos de caricaturizar al travestismo conecta irónicamente los clichés de la homosexualidad con el público, mofándose de las pretensiones actorales en vez de un sector social.

 Cuando los actores disfrutan su trabajo es notorio, aquí Javier Cruz e Israel Rodríguez se presentan al ruedo con el reto de hacer reír, saliendo en hombros con orejas y rabo. Dos actores que sin duda evolucionan cada vez más, debido la efectividad del ya mencionado programa de Teatro Penitenciario al introducir a más gente en el oficio actoral de manera íntegra, con un constante acompañamiento en su formación en suma al interés personal de pulir cada vez más su trabajo.

 Las actuaciones de Cruz y Rodríguez se disfrutan plenamente, vemos a dos hombres -toscos, rudos- convertirse en unas auténticas divas que lucen coquetas y elegantes en todo momento. Acompañados de la siempre grata Itari Marta, provocando los desahogues cómicos constantes, haciendo una viejecita memorable por sus deficiencias, ocurrencias  y actitudes.

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 No hay pastelazo, aquí el texto tiene inteligencia, así mismo se coordina de lleno a la iluminación sugerida para recrear los momentos necesarios en la trama. Recalco, los actores disfrutan tanto su labor que hasta los accidentes que puedan tener se sienten francos, tanto así que se gozan ampliamente, destacando a la existencia de una producción inteligente que controla todos los aspectos y las tablas de los intérpretes. Se agradece en pleno.

 Hay muchos aspectos interesantes para este texto. Primordialmente, funciona del todo como una comedia, sí, pero de trabajarse en lleno hacia el aspecto dramático ¡También funcionaría! Estamos frente a un arma de doble filo que podría evolucionar drásticamente a un producto aún más complejo. Sólo es necesario encontrar esa visión en la batuta direccional, tal vez la respuesta esté en este mismo montaje, en forma de actriz.

 Las envidias y los individualismos se arrojan como elementos de la cotidianidad, pudiendo perderse entre las carcajadas producidas por los trazos, la esencia sale a flote dejando tanto la correcta transmisión de la historia, como la experiencia cómica -con los tonos de cabaret- que la acercan al público teniendo como vía la ejemplificación de aspectos actuales. No encontrará algo tan efectivo en este ramo en otro lugar de la cartelera teatral actual, salvo que se trate de La Reinas Chulas en el Teatro- Bar El Vicio, que aquí encuentran una muy digna y sana competencia.

 Un montaje ideal para abandonar el estrés, relajarse, emitiendo risotadas honestas ante un trabajo muy bien ejecutado.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.