Charlas acuáticas con amigos y café con piquete

julio 25, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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La buena conversación no consiste en decir cosas ingeniosas, sino en saber escuchar tonterías.

Wilheim Busch

¡Qué sabroso se platica allá en el norte!, fue lo primero que pensé tras salir de El Mentidero De Chico Talegas en el Teatro La Capilla. Un mentidero es aquel lugar dónde la gente puede invertir su ocio para deleitarse de charlar con amigos, al concluir la jornada laboral estos lugares clásicos en el norte del país permiten a los hombres expresarse con un lenguaje natural. Aquí comienza el viaje a la sierra, a Sonora.

 Acompañados de un café con piquete, cortesía del no siempre tan espléndido Chico Talegas, el Sapo Morales, Chile Verde, el propio Talegas y el Cuate Córdova se han reunido para, entre otras cosas, escuchar la historia de la nube que Córdova logró domar y  llevó agua sólo a él, una nube a domicilio en medio de la sequía. Al avanzar el tema de conversación, parece ser que un asunto quedó sin hablar algo que les compete a todos y que les podría cambiar la vida, ese algo tiene forma de maletín y podría estar lleno de billetes norteamericanos, ¿Pero qué busca comprar?

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 Dirigida por Paulo Sergio Galindo y escrita por Sergio Galindo, esta es una historia acerca de la palabra. En el ambiente de la sierra de sonora, el agua es la melodía de fondo en todo momento, el elemento clave que coordina y orquesta los movimientos y decisiones efectuadas. En este mentidero, los coloquialismos se acercan de golpe a la audiencia como una invitación a lo ajeno, hasta que se vuelven propios. Los personajes retratan una sociedad dividida en caracteres generales, con todo y acento. Son personas que ya  conocemos, pero en otro lugar y bajo otro nombre.

 Galindo crea un texto lleno de imágenes acuíferas que dan vida a las acciones ejecutadas. El agua es sinónimo de la vida, la muerte, la desesperación, el tesón y hasta la avaricia. Busca acercarnos a otro panorama bajo una temática común, entreteniendo todo en una comedia de risa constante, franca e inteligente que deriva de la terquedad de los hombres y el acto mismo de comunicarse los unos con los otros.

 El director apunta una mirada honesta y sin pretensiones, lleva al público a una charla entre amigos a la que solo falta café entre la audiencia para estar iguales. Cuatro actores dan vida a ilustres personajes nacidos en la sierra, norteños, pero con la mirada que no estamos acostumbrados: sin botas, sin sombrero, sin cinturones anchos, música de banda o demás convenciones, al contrario, son 4 hombres que con un vestuario sencillo de playera y pantalón de mezclilla se acercan a la sociedad de una zona específica de manera respetuosa y auténtica. No es una farsa, es proxémica pura.

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 Para la primera parte de la obra se nos presenta un discurso bastante ligero y agradable, para el cual Galindo se coloca  así mismo, junto a Dettmar Yáñez, Jorge León y Osvaldo Sánchez dentro de una tina de metal cada uno, semejante al bebedero de un animal de campo y de la cual pueden extraer miles de cosas para contar su historia, sumergidos en el agua para dialogar y presentar una metáfora del abuso de poder y  las necesidades que la gente del campo clama para llevar una vida digna y ejercer una mejor labor. Gente que se debe y vive de la existencia del líquido vital, pero ante los problemas deciden dar una mejor cara, el humor.

 Ya para la segunda parte, el discurso presentado toma un tono más oscuro, pero que no pierde su vena cómica, la plática entre amigos evoluciona a una lucha de ideales, puntos de vista y entereza de valores sujeta ante la posibilidad de fracturar la escala de valores personal para dejar suceder lo mundano. En otras palabras ceder ante el vicio en espera de consumar ambiciones placenteras, orquestando todo con movimientos sutiles de iluminación, timing preciso y delicadeza de movimiento corporal escénico que exige el complejo trazo en gran parte aislado en zonas pequeñas.

 Es verdaderamente necesario destacar el gran trabajo actoral desempeñado por estos actores, quienes homogéneos y correctos en sus tonos, colores y dejos de clown, se sumergen en el agua para generar sonido y acción desde dentro, no hay miedo al frío, sólo profesión en ejercicio. Sin lugar a duda, Galindo realiza un trabajo notable que salta de tenor con ligereza y astucia para enganchar al público y entrever el panorama contextualizado de manera implícita, de tal manera que nos demuestra en ironía cómica la manera en la que la sociedad espera para ver al otro sumergido en la desgracia para poder prestar atención a lo que le pasa. Los actores ya están en el agua, el contrato con el espectador ha quedado pactado.

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 Los diálogos demuestran una dramaturgia preparada y dedicada, que homenajea y construye elementos que se atañen entrañables  y disfrutables. Da lo que el público pide: risas con base inteligente, mezcladas con realismo y música transportadora. Esta es una obra que sorprende, razón principal que recuerda a quienes amamos el teatro el porqué de este amor. No solo es conjugación de luz, acción, sonido, historia, actuación, sentimiento y emoción en el escenario, son reacciones de asombro cuando se rompe la armonía del sonido con la sorpresa coreográfica de cuatro hombres emergiendo cada uno de una tina de agua y mientras la puesta transcurre sacar elementos físicos como una cafetera con contenido visiblemente caliente de forma inexplicable. O simplemente los hábiles giros de tuerca en la trama.

 El Mentidero De Chico Talegas  es definitivamente mucha más de lo que uno pueda esperar.

 Altamente recomendable.

  P.D. Si tras leer esto asiste, concordará conmigo en querer una tina propia como las que se usan. Nos urgirá entonces el número del realizador del artefacto para que cumpla nuestro deseo de vivir el mentidero aún más cerca.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.