De lo tóxico y la familia en convergencia indefinida

“La gente te inspira o te desangra, elige sabiamente”

HANS F. HANSEN

Una mujer, esposa y madre de familia, ha sido víctima de una especie de ataque terrorista suscitado dentro de un autobús; no se sabe con certeza que ha pasado pero ella siente cómo su cuerpo ha recibido el impacto de una toxina que la va deteriorando tras haber notado a un individuo de piel oscura sospechoso a bordo de la unidad móvil en la que viajaba; mientras quita de ella cualquier voluntad para seguir adelante. Sus hijos han vuelto a casa luego del suceso, su esposo toma de su mano a cada instante. El camino comienza para afrontar los hechos o sumirse en el traumatismo.

 Foro Lucerna abre su siempre cálida puerta a Tóxico, de Greg MacArthur, dirigida por Hugo Arrevillaga Serrano, para permitir la exploración de una historia que se construye a través de la percepción individual sobre un suceso posible a resolverse en terrorismo, histeria, paranoia racial, esquizofrenia o sencillos infortunios sumados en la realidad de una familia chocando ante la vulnerabilidad.

 Aplicable a una sociedad actual que se trabaja dentro y a partir de la incertidumbre en todos los aspectos que la componen, la aparición de esta pieza resulta valiosa para dar un espejo  la desesperación colectiva que pueda mostrar la crudeza de la propagación de la negatividad.

 El relato de McArthur devela  los límites de la percepción psicológica hacia lo que acontece en el mundo exterior, partiendo del quiebre del pilar del modelo familiar tradicional. Al deshabilitar y deteriorar a la madre la familia, esta última entra en una reacción natural de protegerle, sin embargo ¿Qué aspectos aborda la posición natural cuando el esquema de avance se estanca iniciando el retroceso?

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 La dramaturgia amplía el reto de la percepción de la realidad hacia la necesidad de resolver los verdaderos valores que conforman al estado egoísta en el ser humano, cómo este se logra diferenciar de la asimilación, del  avance. Al presentar al cuadro de personajes que acompañarán a la mujer sobre  las asperezas del momento, el autor brinda a cada uno la individualidad dentro de un círculo que aparentemente debe ser homogéneo. El conflicto existe, pero más que reunirse para tratarlo habrá quien, sin darse cuenta, se envuelva con él o busque  la puerta de salida para respirar.

 Valorando íntegramente el discurso del dramaturgo, Humberto Pérez Mortera traduce el texto con cuidado de hacer totalmente asimilable el lenguaje sin perder el contexto de los traumatismos sociales producidos tras aparatosos incidentes terroristas en el mundo, de entre los cuales destacan notablemente como influencias, la caída del World Trade Center en EUA y los atentados del 11-M.

 Trasladando la necesidad del autor por tratar la propagación de los sentimientos tóxicos entre las personas, Hugo Arrevillaga acerca a la obra dentro de un tono realista que apunta con precisión las palabras clave para entender no solo las cualidades y psicología de los elementos a juego, sino también aquello que no se está diciendo.

 Lo último descrito se alcanza en primera vía mediante la  idealización del espacio. La dirección toma el concepto de la mesa familiar como eje para narrar las formas en la que cada integrante de conduce. Este código bellamente planeado y coreografiado aporta las imágenes más crudas  igual que potentes de la puesta a partir de la simpleza resolutiva en escenografía (de Auda Caraza y Atenea Sánchez) para lucir el acompañamiento de la palabra.

 Es aquí donde uno comprende la importancia que conlleva el legado de Arrevillaga, el director no solo se aleja una vez más de la línea melodramática para presentar un concepto mayormente crudo, de una factura difícil al espectador pues no conlleva amabilidad para tratar las dificultades eventuales de la historia (Aquí y ahora, Antes Te Gustaba La Lluvia, Clausura Del Amor). Esta capacidad de dar vida a los textos que maneja de una forma estética, orgánica, honesta y directa es la verdadera característica que podría hacer a alguien aseverar que la manufactura viene de Hugo Arrevillaga, no su complicidad a autores específicos.

 A nivel de iluminación la obra destaca por generar espacios definidos y con sustancia a través de movimientos claros y ligeros, que avanzan junto al buen ritmo planeado, amalgamando la circularidad que la puesta alcanza en sí misma.

 Dentro de el cuerpo actoral, Gabriela Murray logra un trabajo muy bien construído para externar la rabia, desesperación, molestia e incertidumbre que Elena, la madre afectada, sufre. La interpretación captura la fragilidad necesaria como autodefensa incrementando a la par el dañino sistema de creencias que la va convenciendo de estar envenenada. Aquí hay una mujer afectada y este es solo el primer cuadro. Uno puede convertirse en su propio veneno, Murray proyecta con suma posición dicha sentencia.

 Para dar soporte a la actriz, Víctor Huggo Martín edifica al personaje del esposo como un punto de inflexión en medio del caos. El desenvolvimiento del actor permite apreciar la auténtica destrucción mental que provoca estar en contacto con una problemática de manera directa. María Gelia Crespo apoya a la trama con 3 actuaciones fuertes y de sustento valioso. Ana González Bello da una grata actuación, mientras que Andrés Torres Orozco simplemente transporta a su personaje en Sedientos de obra, he aquí el único detalle de dirección-cast.

 Tóxico representa una de las propuestas más valiosas de la cartelera actual. Un llamado a la fuerza interior y a la individualidad aceptada dentro de un núcleo compartido, asegurando desde la taquilla su valor monetario.

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Breve relato por música

Desde el fin de semana pasado, la nueva temporada de Microteatro México ha comenzado de manera oficial, Por Música abre las puertas de la casa de Roble 3 en Santa María La Ribera.

Esta temporada inicia con un poder notablemente menor en su cartelera a comparación de su antecesora Por Amor. Sin embargo existe una razón muy importante para acudir. Una obra en específico que con sus limitantes 15 minutos de duración consigue enamorar a quienes entran a ella.

La clase de piano, escrita y dirigida por la talentosa y versátil Tiaré Scanda, relata la historia de una mujer de edad avanzada empeñada en aprender una difícil pieza musical para piano con el fin de ganar una apuesta basada en el amor que tiene hacia un ser querido suyo. Su maestro es un joven concertista ya retirado sin más intenciones de comprender lo que pasa en el mundo o estar en él.

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Al adentrarnos en la narrativa de Scanda encontramos dos personajes sostenidos en la delicadeza de una nota musical que puede ser continuación o fin de la melodía más esperanzadora que se pueda interpretar. Hay signos de una fragilidad que dentro de la imposibilidad que le da su naturaleza  busca proteger.

El ritmo es constante, la dirección maneja con certeza los puntos de inflexión para conmover al público y adherirlo a la trama. La historia se vuelve parte de la audiencia al ritmo que las notas van cayendo una tras otra, con un frenesí propio de quien busca desesperadamente resolver algo en su vida. El camino en esta historia es la música, como constante de la trayectoria de cada individuo.

Dentro del grato elenco que convoca la creadora destaca Marta Zamora dando alma a la mujer en una actuación enérgica y potente. El diseño de escenografía e iluminación de Rubén Bross y Constanza Hernández terminan de moldear la puesta para lograr un  espacio completo que coloca en el lugar de la historia desde que se entra a la sala.

Lo único que se puede pedir a Scanda es no dejar de producir trabajos tan buenos que dejan un gran sabor de boca.

Para finalizar, haré ahínco en dos actores de otras propuestas de esta temporada que logran brillar  través de su talento, haciendo disfrutables las obras en las que trabajan: Alonso Iñiguez, genial como un conductor radial desesperado por enterarse de último momento que el programa que está transmitiendo ha salido del aire en Radio Nocturno, junto a Valeria Vera, fantástica como una ególatra conductora de reality shows musicales en El Triste.

Hágase un favor y asista a la cátedra musical que marcará profundamente su experiencia teatral, en tan solo un cuarto de hora.

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De teatro: Perso

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Trece octavos es el nombre que recibe un colectivo formado por algunos egresados del  Diplomado del Centro de Estudios para el Uso de la Voz del INBAL. Eso ya debería decirnos algo… Y algo bueno.

 PERSO es una creación netamente auténtica emergida de las mentes de estos chicos; lo bueno de los colectivos es que uno habla de lo que quiere hablar y no de lo impuesto en innumerables casos por el dramaturgo o por el director, productor o quien se quiera.

 Entendamos también que es un work in progress, esto evoluciona y eso en sí mismo es bueno, si bien es cierto que un trabajo no terminado no debe ser puesto en escena por considerarse una ofensa al espectador, una suerte de tomada de pelo: también es en sí mismo un acto de humildad auténtica, de entrega y de conexión con el público. Implica también bajarse del pedestal de creador impositivo y permitir el moldeo de quienes, al final de cuentas, pagan y dan su tiempo a una puesta en escena.

 La obra gira en torno a la inexplicable y humana búsqueda que marca de muchos modos la existencia, vaivenes emocionales, exilio y sufrimiento auto-impuesto. ¿Cuánto tiempo le toma a un hombre reconocer lo que busca? ¿No es lo que nos pasa a todos los encerrados en el cuerpo? La búsqueda lejana de lo que yacía de principio en el núcleo, dar la vuelta, desandar el camino, volver sobre las huellas todavía frescas, pensar que ya es tarde… y el tormento. La obra habla de un amor, pero entonces piensa uno en que todo es eso: “quiero la casa y el carro” y se entrega a cambio el tiempo (valiosísimo) y con él la salud que luego se entiende era lo preciado, y hay que recuperarla, o la familia, o los hijos. Pero todo: El amor, el idealismo, el humano y lo que sueña, lo que cree que anhela, lo que piensa necesario y el arrojarse al abismo luego  y al final siempre la respuesta en el núcleo, en el nido, en el punto de partida,  en el interior, en el inicio. Pero volver no siempre es sencillo.

 Y es esto lo lindo de este tipo de proyectos: que invitan a la reflexión, que entregan preguntas y no respuestas. Vemos a personajes melosos (con sus demonios) que se regodean en las llagas y se internan en ellas a propósito los dedos ¿Y no es eso lo que hacemos?. Es ponerse enfrente un espejo. Es toparse con las rejas.

 El espacio que los alberga es el foro “Así que pasen cinco años” del que ya había hablado en una anterior nota. Un espacio en el corazón de la condesa que ofrece intimidad y cercanía. Es una caja negra. Está a cooperación voluntaria los sábados a las 19:00 hrs hasta el 4 de abril. El recinto es por demás pequeño y hay que hacer reservación si no se quieren quedar sin lugar.

Gestar el limbo personal

“Una palabra nos libra de todo el dolor y el peso de la vida: Amor”

Sófocles

 Hay algo especial cuando  se menciona a Gaby Muñoz si el tema a tratar es técnica Clown. Quienes han visto ya su obra Perhaps, Perhaps, Quizás…, entenderán que es una de las exponentes el género más importantes de la actualidad y orgullosamente mexicana, por lo cual es de esperarse –cómo confieso es mi caso- la simple idea de verla de nuevo en otro montaje emociona y de ahí la locura de poder asistir a el Teatro Milán de Viernes a Domingo a su segunda producción, Limbo.1964973_786793311406829_8880172671767923920_n

 La paciente Greta Merengue aguarda en la cama de un hospital. Hay un problema con su corazón, es notorio, empero, el cansancio de batallar contra su propia respiración la rinde. Más ante  su búsqueda de conciliar el sueño la aparición de un extraño personaje interrumpe su  estado, podría ser su sanador. Así, el peculiar sujeto la conduce a través de su propia realidad distorsionada para localizar en el limbo de su mente a aquellos elementos que la han orillado a depender de ese espacio para estabilizar su vida. Greta está suspendida en un viaje del cual necesitaría despertar o asumir las consecuencias de la adaptación.

 Lo que Gabriela Muñoz construye en esta nueva propuesta se siente no solo personal, sino franco a través una capacidad inventiva sensacional que deja realmente estupefacto a quien se acerca. Este el punto álgido y maduro dentro de la carrera de la actriz, la coronación tras conquistar el alma y corazón de su público, ahora viene directo hacia las mentes del mismo para hacerlas volar.

 Diversos cuadros en los que la creadora transporta e hila conectores de una enfermedad que avanza con un firme y fatídico propósito se unifican para crear imágenes poéticas totalmente transgresoras, cargadas de una fuerza avasalladora en su significación, manejándose con tanta delicadez como postura que hacen ahínco a un surgimiento de autenticidad empeñada en el entendimiento colectivo.

 Esta obra se acerca a todo aquel que haya pasado por una experiencia  de desosiego, la desesperanza que puede llegar a causar el entorno se ve reflejada dentro de una lluvia de radiografías o un árbol del cual provienen soportes para caminar. El discurso planteado no solo es inteligente, sino que reclama atención plena a cada componente.

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 La autora busca retratar en cada movimiento escénico la valía y provecho para con cada uno de sus actos simples y complejos, desde respirar a compartir, agradece a la vida al tiempo que exhorta a involucrarse en ella, Muñoz elimina cualquier cuarta pared con la sutileza de su trazo firme  o un simple sonido emitido por su mudo personaje en búsqueda de transmitir un grito de guerra para disfrutar y despertar a la vida. Planea mostrarnos la desesperación de vivir flotando cuando se pueden alcanzar más cosas partiendo desde el suelo, teniendo los pies bien plantados. No sólo lo logra, provoca una experiencia sensorial y psicológica tan profunda que envuelve a toda la sala.

 Un verdadero acto de comunión, dónde el magnífico diseño de escenográfico y de iluminación que propone Ingrid SAC devela un viaje por demás fantástico, creando planos entre espacios llenos de todo y a la vez vacíos, entendiendo que la gran carga para que el mensaje se transmita recae en la siempre genial interpretación de Muñoz, quien en esta ocasión convoca al músico Ernesto García para interpretar en escena a su guía, alcanzando una mancuerna idónea.

 Sin duda un gran acierto y pieza clave será la música de Marian Ruzzi, dentro del diseño de Salvador Félix. Cada instrumento en su propio acorde entra con precisión y dirección absoluta en los sentimientos que ilustra. La música reacciona con el ritmo de la trama, toma su tiempo, evoluciona y acciona respuestas emocionales muy fuertes, vibraciones absolutas terminadas en luz, precisamente la luz que señala el camino hacia la aceptación. Dicen que la vida sin música sería un error, vivir esta puesta sin dicho elemento hubiese sido fatal.

 No puede haber más que loas hacia el trabajo en equipo que se realiza para dar alma a esta composición teatral. Dentro de este baile uno no solo se vuelve espectador, sino danzante entre la vida. La muerte y la verdad misma. Nadie sabe con certeza quien es o que busca en la vida, esta obra invita a tomar el riesgo de descubrirlo, reaccionar a pesar del dolor, transformarlo y aceptarlo, pero no dejarse abatir. Venimos al mundo a aprender y disfrutar, no a evitar hacerlo.

 Limbo es una inquietante puesta escénica que sabe generar un concepto y una experiencia a su audiencia, reflejando en el valor del boleto la calidad de la misma producción.

 Como seres humanos que somos, no podemos evitar sufrir, o ver sufrir a quien amamos, sin embargo, por más que nuestro corazón pueda desangrar debe existir la fuerza de reaccionar hacia adelante y no en retroceso. El equipo de Limbo goza de elementos que señalan la fragilidad de la humanidad junto a su fuerza interior. Impactarse y conmoverse hasta las lágrimas es lo de menos,  cuando se habla con el alma, cada palabra se llena de gloria.

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Un refugio para la vida misma

Los seres humanos preferimos reservar nuestros lados más oscuros al convivir con el resto de la sociedad. Realmente nadie es cien por ciento transparente, pues tememos que al serlo en primera instancia podamos alejar a aquellos con los que hemos buscado o querido relacionarnos. Quizás, alejarnos hasta de nosotros mismos.

 Foro Shakespeare presenta El Refugio, de Mario Rendón, dirigida por Enrique Aguilar, los sábados. La historia plantea un mundo futurista atrapado en las percepciones del pasado, dónde la sociedad ve limitadas sus opciones de libertad. Se guarda todo para poder sobrevivir, en especial la comida. Sin dejar a un lado la constante amenaza de la naturaleza por desatar un acto imprevisto que acabe con la vida de cualquiera que se exponga a la intemperie en un momento de contención, cualquiera que no esté dentro de un refugio.

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 Dentro del panorama antes descrito, un matrimonio invita a sus amigos a celebrar el cumpleaños del anfitrión. La pareja que ostenta la celebración, junto a una de las invitadas, son heterosexuales; la tercera pareja es homosexual y no es esta la única diferenciación: son los únicos que tienen hijos.  Cuando las cosas se complican, esta reunión comenzará a tener momentos de alta tensión y desenmascaramientos que denotaran los verdaderos colores en cada uno de los asistentes, haciendo de esta una fiesta de cumpleaños inolvidable.

 Bajo la dirección de Aguilar, los personajes sostienen cada postura, promesa y deseo con firmeza uno frente al otro, logrando una buena contraposición al hablar de temas que se rodean, buscan evadir y atan. Sin embargo no es una propuesta homogénea, comienza hundida en la exposición del texto, sin focos aparentes.

 Hasta la mitad de la puesta uno podría decidir que pese al buen trazo coreográfico, el ritmo que la dirección plantea hará de esta una obra detestable, más logra dar un giro de 180 grados enteramente grato. Aguilar señala el conflicto dentro de la trama haciéndolo rugir con fuerza, hace explotar el sentido del texto para aprovecha a su equipo actoral, sin embargo esto aparece muy tarde, sin haber más ganchos previos, lo cual no limita llegar a conectar con la audiencia pero sí a distraerla o desequilibrarla.

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 El texto de Rendón marca un listado de ausencias en la forma cotidiana dónde la gente ya no muere y por eso busca un refugio para existir, irónico es que cuando el sistema ha creado un modelo de vida prácticamente eterna, la exposición a la rebelión natural sea capaz de eliminar a la sociedad. Mordaz en sus posiciones dramáticas, hay una buena intención dentro del texto al idealizar que en el mundo que ofrece un cese al sufrimiento la búsqueda de la muerte se torne intrínseca y protocolaria.

 Junto a esto, la dramaturgia hila un discurso político bien aplicado, vigente; empero, la posición sobra al encontrar que hay muchos otros textos contemporáneos que caminan bajo la misma línea. Además que no pasaría absolutamente nada si fuese omitido, ya que el análisis central acerca de cómo uno cuida lo que quiere, sin darle importancia a destruir para sobrevivir o al egoísmo consciente ya es bastante interesante para trabajar.

 Si bien el resto del elenco  parece comprender el sentido de la propuesta hasta su tercer acto, son Rodrigo Magaña y  Ximena Larrañaga quienes destacan para lograr encarnar a una esposa celosa de no poder tener un hijo por vía natural y a un marido homosexual, padre de familia, harto de dar explicaciones sobre su manifestada paternidad.

 Vale la pena acercarse a El Refugio, sí, totalmente. Este montaje busca ir más lejos de lograr  hablar de equidad y tolerancia, sino de humanidad en todos sus aspectos probables. Siendo gracias a sus aciertos impactante y devastadora al grado de cuestionar eficientemente a su público sin acorralarlo. Sin duda necesita pulirse, pero vaya, ¿Qué humano no?

De teatro: Sepia de Luis Santillán.

 

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Comedia romántica sobre las burbujas, el jabón neutro, las fotos que con el paso del tiempo se vuelven color sepia, sobre la incómoda condición de amar en los tiempos donde trece gotas de limón ya no son tan amargas…

 

Fui a ver Sepia hace un par de días, me he quedado con una sensación extraña. El texto es bueno, es fiel al dramaturgo que lo crea, y a la creación que el texto hace a la inversa. Poético. Un poema en escena. Un personaje entrado en conflicto, pero de esos ricos. Ricos en sentido quiero decir. En potencia.

Este es un teatro un tanto distinto del que el creador acostumbra, la tendencia a llevar a las actrices a límites interesantes que se evidencía en otras puestas como: “Volupta” (El pole dance) “Malintzin” (En que la acción narrativa y los cantos se hacen a pesar de y con corsettes apretadísimos) o tal vez Lizzie Borden (En que la plástica requiere mucho movimiento) en Sepia no se hacen grandes requerimientos de histrionismo o de fisicalidad, Es más bien algo íntimo, sin mucho movimiento, propicia la cercanía al público desde otro ángulo. Desde el diálogo.

El teatro de Santillán (dramatúrgicamente) apuesta por  la reflexión, los sentimientos femeninos , la magia y también ahora se hace ver la apelación a ella, porque uno acaba, sí, preguntándose del artificio, por ejemplo,  de cómo prende y apaga las velas aquellas de que se vale en escena (que cuando tengan a bien ir, verán) no sujetas a un mecanismo. El asunto aquí es convocar. Pero una vela se rueda y uno se da cuenta de que el asunto no era así por la cara que pone la actriz, otra choca con una de ellas cuando tiene que andar hacia atrás.

Luego Sorginak que es el nombre de la compañía tiene relación con las brujas en escena, pienso en esto porque me resulta interesante el hecho: Marcela Lecuona y Lorena del Castillo son algo más cercano a princesas. Yo que de corriente no tengo problema alguno con la belleza femenina, por no considerarme una de ellas, tampoco tengo problema en reconocerla cuando la veo. Pude apreciar en todo el esplendor el modo en que sus ojos claros se iluminan y el realce que les entregan las luces, ciertamente se miran muy bien en brassiere, por supuesto que son mujeres bellas y quien no lo reconozca estará mintiendo. Son actrices, las dos egresadas del CEA. A mí no me tomen a mal nada, es la escuela de actuación de la televisora más importante de América Latina después de todo.

Uno pudiera pretender que la belleza eclipsa lo que acontece en el recinto, pero algo pasa luego, los plásticos caen. Falta de conciencia en escena. Diálogos que se tropiezan. Que se enciman. Miradas incómodas. Es extraño, porque la química que genera ser amigas fuera de la ficción debiera impedir esto, pero parecen lejanas entre ellas. A excepción de un único momento en que  hacen un juego juntas viendo hacia una pantalla, los diálogos aquí, en esta pequeña parte se naturalizan, ellas se relajan y se acomodan, pero se difumina casi de inmediato. En otro momento en que se relacionan con el público, bajan ambas. El espacio es pequeño y uno las tiene muy cerca, hacen preguntas, bien formuladas pienso, antes de que nuevamente venga el tropiezo.

Hay una dislocación constante. Una incomodidad muy presente de ambas, de algún extraño modo parece poder leerse el discurso mental que sostienen ocupado en algo fuera. Entonces los diálogos salen sueltos, arrojados, abandonados a su suerte (que termina no siendo tanta) a tropezarse contra las cosas con las que ellas se tropezarán también luego. También es un asunto de dirección esto. Se miran desamparadas. Poco dueñas.Tal vez si no se puede convivir con lo que debiera ayudar sería mejor erradicarlo para no meter a las actrices en problemas. Quizá fui en un día malo.

Hay que apostar por el teatro mexicano, teniendo en cuenta la dificultad que ofrece ser montado y luego mantenerse en cartelera. Es bien cierto que el director se mantiene vigente a veces sin la ayuda de los apoyos que otros esperan para poder montar (Luis tiene la pasión, la garra y el arrojo que ya otros quisieran para un domingo) y eso es de un alto valor teniendo en cuenta el estado de cosas en que nos encontramos. (Gracias Peña Nieto) Santillán es dramaturgo y director del denominado “Teatro culto”, esta es una apuesta: incorporar actrices formadas para la televisión y no para el teatro. Está rompiendo una línea. Hay que ofrecer un aplauso a las actrices, porque apuestan por el teatro por amor al teatro (bajo el resultado que se sirva) Habla de ganas auténticas del hacer.

Sepia está en el foro: Así que pasen cinco años, hay que llegar antes porque las funciones (para las que hay que hacer reservación) se llenan por lo regular antes del día y hay gente que ha quedado fuera. Los  lugares en que la gente llega se respetan, quien recibe tiene un maravilloso trato y no hay necesidad de pelear nada. Es un recinto que entrega intimidad y cercanía en el corazón de la Condesa. Tampoco llegar es difícil y para esperar, si se hiciera necesario hay restaurantes muy cerca. Las funciones son a las 8:30 y es a cooperación voluntaria.

 

Foro: Así que pasen cinco años. Cacahuamilpa 24 Col. Hipódromo Condesa.

Funciones: 8:30

Cooperación voluntaria

Cupo limitado: reservaciones al: 6390242

Ambas actrices tienen un blog por cierto: Mimosas para desayunar. Iniciado por Marcela Lecuona que es carismática hasta decir basta. No dejen de leerlo, que el blog es bueno y es un interesante modo de saber algo más de las actrices que serán vistas en escena.

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Por amor al teatro

Yo no creía en el Microteatro. Seré honesto, fui una vez en sus primeras temporadas a un ciclo llamado Por tus vecinos y me dije “Esto no es para ti”. No creía en la propuesta, no vi calidad en lo que se representaba. Así que me alejé.

 Sin embargo he vuelto a esa casa ubicada en Buenavista para ser presente de la que es quizás la temporada más fuerte en la historia de este concepto en México: Por amor. Y he de confesar que me ha atrapado por completo; no solo puedo asegurar que es una experiencia de una valía palpable, sino que es tan poderosa en varios niveles que resulta apabullante.

 Bastan solo 15 minutos, tres obras lograron capturar una postura diferente del amor en emotivas puestas que constataban su solidez y autenticidad. ¿Quién puede describir factiblemente el amor de una manera sencilla y acertada en tan solo 15 minutos? ¡No nos da la vida!, describir al amor sería una tesis interminable sobre la condición humana. Aquí, la cercanía a ese producto deja en shock al más resistente.

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 En la sala 6, una mancuerna exquisita entre director y dramaturgo convocan a la que podría firmar como la mejor obra de la temporada: ¿Qué pasó?, de Juan Carlos Araujo, dirigida por Andrés Tena. Araujo nos adentra en una relación marital asimilada en la forma del hogar que pretende ser, sin embargo, esta es una casa que se resquebraja, a la que hay que entrar con un casco para evitar ser golpeado por un pedazo de la estructura dañada.

 Bajo esta metáfora deliciosamente representada en una escenografía a cargo de Salvador Núñez, el texto del dramaturgo avanza en medio de ataques y resoluciones íntimas que forman una ventana a la desilusión, una auténtica devaluación del sentimiento más fuerte que pueda sentir una pareja que se ama. El director transporta ese poderoso discurso a un plano que se divide en interiorizaciones,  deteniendo por un momento el derrumbe, en búsqueda de que para evitar la autodestrucción las partes de la bomba acuerden desmantelarse mutuamente.

 Sosa, Beto Torres, Rosendo Gázpel y una fantástica Luz María Meza (prácticamente perfecta en su interpretación, empatía y tono) esperan dentro de esa habitación, para averiguar ¿Qué pasó?

 Captura-de-pantalla-2015-01-21-a-las-19.43.16Ahora, en la sala 10 aguarda una de las obras más impactantes que este escritor ha tenido oportunidad de ver en su vida. Las Paridoras, de Karla Rico e Iván Tula, traen a la escena la historia de un mundo futurista, sistematizado, donde la maternidad se ve reducida a un oficio que destaja la forma materna y resume su labor a parir productos.

 Un encuentro entre una vieja paridora ante una novata –que tiene una idea completamente diferente del trabajo que desempeñará el resto de sus días– se convierte en un discurso poético transgresor, profundo, tan denso como desgarrador sobre el amor que debe conllevar el dar la vida.

 La dureza del texto es proyectada por el propio Tula dentro de un espacio sombrío, tétrico. Aquí no hay esperanzas, la soledad se consume en las comisuras de los labios resecos de esas mujeres cuya labor es ser cargadas de futuros ciudadanos que solo sobrevivirán de ser funcionales. Tula lleva a su audiencia al rincón más oscuro y opresor de la concepción. Amén del genial trabajo de maquillaje por Ángel Caballero.

 Finalmente, la sala 13. Solo se puede resumir en poesía lo que Eduardo Catañeda arma en Breve elogio sobre la arritmia, de Daniel H. Gómez. La historia de un viejo marinero y una niña enferma del corazón. Ambos recluidos dentro de las paredes de un hospital, convergen en la idea del mundo externo, para él un bello recuerdo, para ella la posibilidad del mañana.

 Castañeda narra por medio de un trazo coreográfico, que se funde en bellas proyecciones animadas, un relato solemne, que busca la redención por medio de la esperanza. Gratamente representado por Bárbara Riquelme y Mario Alberto Monroy, este montaje puede visualizarse como un corazón danzante sobre las olas del mar, flotando hacia una inmensidad indescifrable. Apasionada.

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 Esto es lo que uno halla en Microteatro. Hágase un favor y corra a gozar de estos imperdibles trabajos, hasta Febrero 22.

Soñar más allá de la guerra

Los buenos líderes deben ser primero buenos sirvientes.

Robert Greenleaf

Una reina huye del gobierno de su esposo en búsqueda de renacer, encontrarse, con el anhelo de acariciar la frontera para saberse de sí misma. Al llegar ahí por fin podrá hablarse con indulgencia, lavará su pasado y comenzará de nuevo para ser libre con nada más que su propia persona, con fuerza para lograrlo. Sin embargo en el camino del desierto no podrá andar sola. Por ello su fiel sirvienta la lleva, disfrazada de una vendedora de reliquias de la guerra va tirando de una cama móvil, sobre la cual la soberana camuflada pretende soñar que no está huyendo. Hasta que un sicario pretenda su muerte con el fin de cobrarse la paga de manos del rey, ahí el verdadero viaje comenzará.

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 Por una breve temporada, “Para soñar que no estamos huyendo”, escrita y dirigida por Ana Francis Mor se presenta en el Teatro Benito Juárez. Ana Francis nos introduce a un espacio casi como un limbo, donde Madre Coraje (Bertolt Bretch), La Reina Margarita (Ricardo III, Shakespeare), Jasmine (Blue Jasmine, Woody Allen) y  Las Reinas Chulas se sentaron frente a una botella de mezcal para tratar de generar un discurso sobre la virtud del género femenino a pesar de las vicisitudes de  la vida diaria.

 Aquí la autora presenta a una poeta inmersa dentro amor del creador, tratando de explicarse el sufrimiento que le representa a Dios tener que ver su creación, más aún, convivir con ella. La realidad humana es absurda, los puestos de la sociedad ambiguos; empero, la obediencia femenina persiste como un tratado de esperanza para la cotidianidad. Un interesante y valioso análisis sobre la redención utópica, lo poco común que resulta culpar cuando se entienden los motivos del otro.

 El texto de Mor es fiel a sus raíces. La demanda feminista busca orígenes en bases literarias clásicas para crear personajes sólidos, de psicologías  complejas y ambiciones francas. Estos seres idealizan entornos de prosperidad, pero dejan entrever que en el fondo son presas del costumbrismo, por lo cual ahora están dentro de una zona de confort automático, prensil.

 La trama diseña un viaje en el que la mercader ocultará mediante transacciones –de posesiones aparentemente banales– los pedazos resquebrajados de todos los que han pasado por las batallas contra uno mismo en el desierto. Aquí se apuntan vibrantes imágenes que desenvuelven el clamor dramatúrgico por exponer a una sociedad que se queja de las fallas de un sistema al cual le da miedo cuestionarlas y resolverlas.

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“¿QUÉ ACASO NI A LA MUERTE LE IMPORTA ESTAR RODEADA DE MIERDA?”

 Se pretende lograr una dirección que sea tan entrañable y divertida sin salir del violento drama que representa. Cuida un trazo bastante bello que luce diversas aristas de la narrativa (lo cual sugiere una reposición futura en un escenario tipo arena) al tiempo que se da permiso de delimitar una gama de tonos que exploten la polaridad de su texto.

 Sin embargo, hay una necesidad por subrayar la vigencia de la historia que llega a provocar la caída del ritmo en momentos, escasos, pero que alejan de la perfección. Es entendible porque al final de cuentas la directora quiere conservar (en las oportunidades que tiene) la interacción del cabaret a la que tiene acostumbrado a su público, pero aquí dicho elemento sobra al tener un material escrito tan redondo como explicativo, que no necesita mayores indicaciones.

 La obra produce un desconsuelo impactante. El ver a una mujer que ondea la falsa bandera de la paz, resumida a un plástico blanco, que no puede exigirla por medio del camino árido, un recordatorio directo para cada espectador de su condición ciudadana, humana pues.

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 Amanda Schmelz, Marisol Gasé y Antonio Cerezo protagonizan la historia. Schmelz proyecta a esa deliciosa reina sumida en la depresión de su posición, la de no entender quién es pero desesperada por huir de sí misma, sujeta a la arrogancia monárquica que debe de sellar sus acciones y sentencias para no dejar salir la fragilidad que la consume. La actriz despliega un trabajo tan franco como elegante, conduciéndose cínicamente inquebrantable, hasta el derrumbe auténtico capaz de convencer a su público del dolor generado al saberse acabado.

 Pero  Schmelz no se queda sola, Marisol Gasé demuestra en esta puesta que ostenta el oficio de la actuación con todas sus letras, en mayúsculas, negritas y subrayado. Lejos de su área de trabajo usual, teje un personaje que va agigantándose para envolver en la verdadera mirada de la historia que hay que seguir para comprender la situación contextual. El talento innegable se traduce en disciplina, perseverancia. Gasé delimita el imaginario para sumarlo al discurso transgresor que debe atender, lo imprime honestamente en una grata exposición, dejando un excelente efecto de veracidad.

 Coronando al montaje, la musicalización en vivo de Leika Mochán resulta plenamente acertada. La manera en que su desgarradora y caótica composición sonora señala cada transición en la que aparece es orgánica. La clave es entender desde el corazón el sentimiento y traducirlo efectivamente, Leika  halla el dolor y lo traduce por ritmos sensibles, propios del realismo mágico.

 ¿Es esta una invitación a abrir los ojos? no, quizás más bien una sacudida para despertar. Que el sueño siga siendo tal, ya sea perfecto o tormentoso, no equiparable a la realidad, con el único fin de que esta última algún día pueda ser mejor, tal vez al cruzar la frontera.

Con la camisa bien planchada

“Di la verdad. O alguien la dirá por ti”

Stephanie Klein

María llevará por primera vez a Mariano a conocer a su familia. Ella es una chica que viene de una cuna humilde, enamorada de un machista de clase y sustentos elevados. El padre de ella es un patán que engaña a su mujer, una desvencijada ama de casa que ha hecho de la sumisión un sinónimo del “más sin embargo”. Al centro Beto, hermano de María, un joven  en tratamiento psiquiátrico para controlar su “locura”. Ella tratará de evitar una colisión entre dos mundos, que en realidad será un cara a cara entre universos. La primera impresión siempre es la que cuenta.

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 ¿De dónde proviene la dificultad de los seres humanos por decir la verdad? Aceptarla, transmitirla. Aquí hay una familia que nos abre las puertas de su casa para presenciar un momento de discusión nocturna a raíz de una simple sentencia: las cosas ya no se pueden ocultar. Tampoco a las personas. Ese loco que se desarrolla como un ser complejo, condenado a arrojar su postura verdadera ante todo lo que le rodea, debe hablar. Hacer ejercicio de su derecho y expresar su visión de la realidad. La auténtica.

 Tal vez la premisa pueda predisponernos a una comedia. Pero “El Loco y la Camisa” va mucho más allá. Retomando temporada en el Foro Lucerna, esta obra de Nelson Valente es una cruda exposición de intolerancia, hermetismo, hipocresía y violencia intrafamiliar, donde la aparición de la verdad, como única vía de comunicación por parte del personaje central, genera un arco dramático que se tensa crecientemente, llegando al límite de sus opciones.

 El texto de Nelson Valente es fuertemente exponencial. Tomando una situación simple, la eleva a un análisis sobre la presión que es capaz de ejercer un deseo sobre quién lo tiene. Todos deseamos algo, estos personajes también más no lo alcanzarán hasta desenmascararse para continuar. Avanzan en una ronda de comunicación pretenciosa hasta que aparece quien rígidamente y de forma ecuánime los revelará sin otro interés que el bien común.

 La narrativa es redonda y sólida, una  crítica abierta a la sociedad que se rodea de convencionalismos. Pero también una invitación al entendimiento a partir de la saturación. No basta con pensar que las cosas no pasan para que en efecto dejen de suceder, se deben afrontar  personalmente.

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“LO LINDO NO ES FORZOSAMENTE INTERESANTE”

 Para encontrar entonces a la rigidez insolente junto a la poesía, la dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui establece un terreno de juego aislado, introduce al espectador como tal, un testigo de lo que va a suceder. La conducción del ritmo es ágil, certera, los saltos y despuntes cómicos son fascinantes e hilarantes, empero, la corrección dramática es brutalmente desgarradora.

 Amunátegui sabe muy bien a qué público se está dirigiendo, a una cultura que se ríe de la desgracia, así que decide tomar todas las ventajas posibles, explota los límites de lo entrañable. No hay musicalización o un discurso complejo en la iluminación, incluso la escenografía  es escasa. Entonces uno encuentra la valía al saber que logra un universo magno con pocos elementos que aderecen el genial texto.

 Una trama tan difícil podría haber generado un verdadero botón de densidad. Aquí no, la ligereza con la que se plantea todo permite transmitir totalmente. Entender cada postura. Logro en suma a un elenco pleno que lleva a cada personaje por una línea establecida y honesta.

 Emilio Guerrero, Mercedes Olea, Sonia Couoh y Manuel Balbi son totalmente gratos, generan actuaciones fuertes, que dan sustento a cada línea. Junto a ellos, sobresaliendo con uno de los mejores trabajos actorales que se puedan referenciar acerca del asperger (perdón Luis Gerardo Méndez y Alfonso Dosal): Ignacio Riva Palacio, quien simplemente deja la vara en un lugar muy alto.

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 Riva Palacio vive el desconcierto desesperante que surge en la mente de Beto. Logra proyectar una fuerza escénica honesta que arrasa con todo, mueve por dentro rompiendo cada barrera que pueda existir entre la obra-audiencia para abrir totalmente una ventana de par en par. Con la contención precisa en formas, tonos, introduce a la mente frente a un auténtico viaje por las imágenes que genera de la realidad que él ve y de la cual los demás buscan escapar.

 Esta es una experiencia de teatro verdaderamente única. Hallar una obra que satisfaga tanto con tan poco es muy raro actualmente, pero este equipo diseña un proyecto conmovedor, altamente difícil y franco con el poder de levantar a la sala entera en una ronda de aplausos indescriptible.

Para mí significó un torbellino del cual no pude recuperarme sencillamente. Es tiempo pues de que usted se contagie de esta locura y asista a recibir una descarga que aligerará su andar.

– Imágenes de Roberto Carlo

Tadanori Yokoo: Ilustración japonesa

Gracias a la tecnología y a toda esa parafernalia moderna a la que muchos, sino es que todos, tenemos acceso, se pueden consultar un sinfín de artistas, ilustraciones, fotografías, música, ropa, imágenes, escritos… conocimiento.

 Es grato encontrar en la página oficial del MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) infinidad de opciones para consultar, percibir y consumir. Esta nueva brecha tecnológica hace que la información y el conocimiento estén a dos o tres clicks de distancia. Quizá haya factores que no permitan a un lector consumir arte por medio de la web, pero debemos darnos cuenta que este medio está presente; y si lo comparamos con el consumo de arte de 1960 es cosa de locos pensar que en tu casa puedes ver y conocer las principales tendencias artísticas de la época.

crédito: MoMA & Tadanori Yokoo
Crédito: Tadanori Yokoo
Crédito: MoMA & Tadanori Yokoo

 Justamente en este espacio web, encontré a un ilustrador que tuvo su máxima expresión en las décadas de los 60 y 70. Se trata de Tadanori Yokoo, de origen japonés, que manifestó en sus ilustraciones la ideología de los años vividos, dibujos atemporales que sobreponen alguna “normatividad” estética, sus collages, su dominio del pincel permitió a Yokoo ser uno de los ilustradores más importantes de su época.

Crédito: MoMa & Tadanori Yokoo

 Sin duda el uso del cartel como propaganda fue parteaguas para que este artista pudiera materializar sus ideas y conceptos  en papel. La inspiración se da de los carteles propagandísticos de la guerra. Si bien dicha inspiración no es tan explícita, el cartel fue parte fundamental de la ideologización de los ciudadanos a lo largo de la segunda guerra mundial.

El MoMA rescata alguna de sus ilustraciones y en ellas se puede observar un halo de protesta, rebeldía y sobretodo una interpretación de la realidad bastante descabellada. Pero, ¿descabellada para quién? ¿para mí? Quizá lo sea gracias a al rompimiento estético de las normas “occidentales” de belleza, algo no necesariamente debe ser bello o feo para ser interesante y, sin alguna duda, el trabajo de Tadanori Yokoo es interesante. Los juicios que yo podría otorgar a su trabajo serán congruentes o no a las diferentes posturas que los lectores perciban en su obra. Lo importante es cómo y con qué contexto lo percibe quien lee ahora estas líneas.

Crédito: MoMa & Tadanori Yokoo

 Es importante a su vez considerar estos nuevos espacios digitales para consumir arte, ya sea una galería en internet o las pequeñas exhibiciones que podrían curarse en la web de los museos más importantes del mundo, esta nueva oportunidad que nos brinda “la era moderna” no debe dejarse pasar desapercibida.

 Yokoo es un ilustrador japonés que emigró a Japón en los 60 para iniciar su carrera de diseñador. Él fue uno de los responsables de crear las famosas ilustraciones de obras de teatro presentadas en aquél país. Los dibujos de Tadanori exponen la vida diaria de los japoneses y en su técnica se ha usado la fotografía para crear collages con toque tradicionalista. A su vez, su trabajo intervino en varias revistas en 1970 y 1980 con pósters con gran carga psicodélica y vanguardista. Su trabajo se ha visto en la obra de Yukio Mishima, en producciones de las óperas de Richard Wagner y como portada del disco “Amigos” del guitarrista Santana.

Crédito: Tadanori Yokoo
Crédito: MoMA & Tadanori Yokoo

De Broadway a México: Los Locos Addams

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Definitivamente no te puedes perder las últimas presentaciones de Los Locos Addams, el exitoso musical de Broadway estrenado en 2010, cuya adaptación en México produce Tina Galindo y Claudio Carrera.

 Con las actuaciones de Susana Zabaleta y Jesús Ochoa en los papeles de Morticia y Homero, y otros 30 actores en escena se revivirá esta aclamada historia que es conocida por chicos y grandes. La música y letras son de Andrew Lippa y el libreto de Marshall Brickman y Rick Elice.

 Tienes hasta el 18 de enero para poder disfrutar de este magnífico evento en compañía de tu familia, ¿dónde?, en el Teatro Insurgentes (Insurgentes Sur #1587), compra tus boletos aquí.

Sobre la palpitante sangre que expone el corazón

“Es pacífica la profundidad, porque de cualquier manera no puedes respirar, no necesitas rezar, no necesitas hablar.” 

Florence + The Machine

 

Siempre es grato poder acudir a nuevos espacios dedicados al arte, emociona la sensación de poder entrar por primera vez a un lugar que se transforma o crea como galería, sala de conciertos, centro cultural, etc. En esta ocasión, un teatro.

 Ubicada en Churubusco, a una distancia breve del Centro Nacional de las Artes (CENART), Casa Actum ha iniciado labores para cerrar bien este año con una obra completamente nueva, recién salida de la mente de Ro Banda, quien así mismo dirige esta pieza titulada Oler La Sangre, que se presenta de viernes a domingo en el mencionado recinto.

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 La abuela ha muerto, al fúnebre encuentro que viento ha traído asisten los nietos de la susodicha. Ale no sabía de la existencia Alo, él nunca había querido volver a saber de su familia, sin embargo ahí están. Dos hermanos frente a un cadáver que en cartas individuales les pide ir al encuentro de la madre de ambos que Ale creía muerta, para que los fantasmas se congreguen, para que la sangre circule dentro de un mismo aparato.

 Una de las infinitas lecciones que pueden quedar es que no importa la distancia, o lo que dejó el pasado, al final la sangre verdaderamente llama y uno responde, por inercia quizás. Aquí los hermanos separados fueron criados de diferente forma y crecieron para ser entes de círculos equidistantes, sin embargo hay una constante en ambos, que los atará por siempre. Ese lazo puede incluir -o no- sentimientos como el amor, el odio; pero existe.

 De tener que describir la dramaturgia de esta obra en una palabra, probablemente sería “propia”, Ro Banda desarrolla un texto dónde los arrepentimientos danzan alrededor de dos seres humanos flagelados, son demonios buscando la carne de personajes demasiado confundidos para entender el funcionamiento de estos o para sopesarlos. Empero, son cercanos a sí mismos y al público que presencia su reunión. No solo hay comprensión en los rasgos de abandono y necesidad, sino que se desarrolla un planteamiento activo en poesía que hilvana el relato. Cada frase encierra tensión, pareciera que están dispuestos a destazarse en reclamos, pero solo consiguen construirse mutuamente, porque así somos los humanos.

 No solo el autor denota honestidad, sino entereza del diálogo para poder tomar una historia que pudiese ser común, en un montaje transparente que analiza íntimamente las posibilidades de reconocer al otro dentro de uno mismo, por el lazo familiar o por las carencias similares. En su dirección da dos líneas completamente diferentes a sus personajes, él está vació y ajeno, mientras que ella se sostiene firme en su desesperación interna. Ante tal paralelismo el rechazo se imprime mientras que el tiempo se detiene, reflejando una unión inevitable que resulta del hartazgo que da la lejanía.

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“AHÍ ESTABA LA INMENSIDAD, Y NOSOTROS AHÍ”

 Aunque, sin duda, existen tropiezos en esta primera temporada que imposibilitan explotar la grandeza del texto mediante una representación a pleno. Primero, el ritmo, que dentro de su tenor pausado llega a provocar que si el espectador se distrae en lo mínimo se vaya definitivamente del viaje. Debido quizás a que los círculos no conectan a partir de la segunda parte de la trama.

 Suma la desviación de tono en los actores, si bien el trabajo es bueno, de calidad y disputable, no hay un equilibrio en el trabajo que se desarrolla. Este detalle tendría que ver más con el tipo de actor con el que se está trabajando y su diapasón emocional para adoptar al cien los elementos de origen en el texto, pero al cocinarse sobre el mismo espacio planteado por Banda, deriva de aquí la responsabilidad de nivelar su propia creación.

 Claro que estas situaciones no disminuyen la capacidad tanto como la valía que otorga este producto, dónde se reta a la disminución de la acción coreográfica para exaltar al parlamento. La narrativa asemeja a una compleja proveniente del 1800, empero, el sabor añejo (como con los buenos) vinos se disfruta más.

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 Establecido está de entrada el reto coreográfico al tener que disponer de un espacio escénico acortado, en dónde el personaje de Carlos Rodríguez Rodríguez, sumido en la arrogancia un tanto pesimista propia de Alo (con clara influencia del estilo de Beckett) trata de ir hacia adentro a pesar de que su argumento denota lo contrario, viceversa con el rol de Cecille Zepol como Ale (ubicada como una mujer de clase media-alta que ostenta el porte y la elegancia de la infelicidad). Estos dos hermanos quieren construir una historia fragmentada, tal vez para sentirse amados por alguien equivalente o al menos igual de roto.

 Los actores construyen actuaciones justas con chispazos de fiereza escénica que necesitan crecer a incendios. Más la atmósfera pesada en la que los claroscuros de la iluminación juegan con la apertura de la historia apoya correctamente junto a la atinada musicalización inexistente. Se cocina un sello personal para el joven autor y director que promete convertirse en un dramaturgo contemporáneo de alta importancia en el panorama teatral mexicano.

 Oler La Sangre es una obra para los que tienen hermanos, para los que no los tienen, o tal vez simplemente para los que saben del dolor que da cualquier ejemplo de distanciamiento. Crecerá hasta coronarse a futuro como una gran puesta, dejando a sus espectadores la indescriptible sensación de tener que tomar el teléfono para comunicarse con cualquiera, decirle tan solo “hola”, aunque también podría ser que no haya intercambio e palabras, que se aproveche el silencio, ambiguo paladín, que es más explícito en momentos que cualquier verso.

Amor, duda y clown: Perhaps, Perhaps… Quizás

Cuando el público comienza a ingresar al recinto, ella se encuentra ya en el escenario, como escondida, dentro de un pequeño refugio traslúcido que sólo permite entreverla junto a la tenue y cálida luz que emana una lámpara, mientras escribe y juguetea al comer fresas.

 Un sillón, un buró, un perchero, una mesa y un par de sillas. Montañas de papeles que acompañan el blanco de su atuendo, un vestido de novia, y el plato de frutos rojos.

 Es Greta, y un poco de su historia se explica al público, a manera de preludio, en un material visual silente que combina secuencias de video y cortinillas de texto. Se le mira soñadora y romántica, curiosa por conocer el amor. «… Su dolor era tan suave y discreto que sólo algunos alcanzaban a escuchar», se lee en las líneas del último cuadro.

 Perhaps, Perhaps… Quizás es un espectáculo teatral con algunas particularidades que le vuelven diferente en comparación con lo que usualmente puede encontrarse en cartelera. Se trata de una representación de estilo clown, y la protagonista, más allá de retomar sólo el rasgo característico del maquillaje que distingue esta corriente, se sirve de distintas técnicas de esta variación teatral, como la ausencia de lenguaje verbal, para desarrollar este montaje.

 En el cine, salvo que se trate de un hecho intencional, provocativo o estudiado por parte del director, los actores no suelen mirar directo a la cámara, o hablar dirigiéndose directamente a ella. En el teatro, usualmente, sucede lo mismo. Nos encontramos con escenas y pasajes hechos y aprendidos, actores que interpretan el rol que les toca, que dan voz a las líneas que leyeron en el libreto a cada ensayo, y que saben lo que sucederá al cuadro siguiente.

 Este caso es distinto, puesto que se explota en grande lo vivencial del arte teatral. Se disuelve por completo la llamada cuarta pared y se da uso pleno a la improvisación para que la actriz entre en contacto directo con los espectadores y les haga parte de su pieza; la soltura del desarrollo de la trama recae, en gran parte, en los presentes, por lo que lejos de ser simples espectadores, se convierten en actantes.

 Gabriela Muñoz es quien da vida a Greta, y es también la creadora —dirección, autoría y escenografía— de todo lo que conforma Perhaps, Perhaps… Quizás. Es quien presenta su testimonio de vida, temas universales que logran ser abordados a la perfección aún sin el uso del habla: amor —el propio y en pareja—, espera, ilusión, desencuentros, conexión y desentendimiento.

 Es la figura principal que lleva de la mano a la audiencia por distintas emociones a lo largo de apenas una hora de duración de cada representación. El público se vuelve menos tímido a medida que Greta se deja conocer, canta con ella, baila, ríe y se conmueve. Cada elemento, en suma, hace de cada función una experiencia distinta y auténtica.

 Lo que inició como una muestra improvisada de no más de siete minutos de duración, es lo que podemos ver actualmente como un producto final y sólido. Perhaps, Perhaps… Quizás es el resultado de años de gestación del proyecto de Muñoz, y que, hasta 2014 ha hecho un recorrido por países como España, Inglaterra, Brasil, Suecia y Estados Unidos.

 Al interior de México ha visitado foros de los estados de Yucatán, Querétaro, Puebla, Chiapas y San Luis Potosí. En la ciudad, ha sido acogida por espacios como Cine Tonalá, Sala Chopin, el Centro Cultural del Bosque y el Teatro Milán.

 Muñoz regresó recientemente a los escenarios como parte del Festival Internacional de la Risa, una serie de eventos de temática cómica, en la que trabajó junto a exponentes del clown tanto de México, como de Argentina, Uruguay, El Salvador y Estados Unidos. Once figuras presentando cerca de quince actos fue lo que conformó la Gala de Payasos el pasado 2 de diciembre, evento entrañable que logró combinar la risa y el clown, con títeres, danza, malabares, equilibrismo e incluso beatboxing, contagiando al público de la ingenuidad y capacidad de asombro poco a poco olvidados en estos tiempos.

 Ahora Perhaps, Perhaps… Quizás vuelve a un nuevo recinto para desarrollarse dentro de un ambiente distinto a los foros acostumbrados, y que seguramente le dará matices insólitos. Nada menos que MONO Bar será la residencia de Greta durante los miércoles y jueves del mes de diciembre. Para consultar más información, te dejamos las redes sociales del lugar.

«Long live the Clowns!».

 

Gabriela Muñoz: Twitter

MONO: Twitter | Facebook

Sobre la paz prometida al pasar el temporal

“NO PUEDES ENCONTRAR LA PAZ AL EVADIR LA VIDA”

Virginia Woolf

Siempre he pensado que el verdadero teatro debe ser capaz de acercarse a las raíces griegas que tenían como meta principal la catarsis. No sentencio que todo el teatro deba tener esta intención, pero sí debe de pasar en algún momento por dicho paraje. Encontrar al espectador aunque sea en una línea, gesto, o tono que lo ubique como parte de y facilite la experiencia teatral al conectar en pleno. Por supuesto, no todas las obras son para todos los públicos, los textos son diferentes, las visiones de la dirección, etc. Pero si acarician ese aspecto, entonces tendrán una calidad asegurada.

 En su cuarta temporada, Nuevas directrices para los tiempos de paz, despide el año los martes en Centro Cultural Carretera 45. Escrita por Bosco Brasil, dirigida por Gabriel Figueroa Pacheco, la obra se monta en un contexto histórico actual que la vuelve no solo importante, sino además franca. Necesaria y cruda.

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 1945, Brasil. La segunda guerra mundial ha terminado. Un inmigrante Polaco aguarda en la oficina del encargado de los asuntos migratorios para poder obtener la preciada oportunidad de una residencia. Comenzar de nuevo en un país nuevo del cual conoce únicamente el idioma junto al oficio al que busca consagrarse, la agricultura. Sin embargo, antes será necesario pasar por el cruel e indolente interrogatorio del agente, quien buscará tentar el temple del individuo, que era actor en su país natal, recordándole aquello que ha vivido. El teatro será la principal arma para quemar las naves, entre las cuales está la de la memoria. 

 Bosco Brasil explora con una efectividad magistral los horrores de la guerra en un argumento que lejos de rodear lugares comunes que asienten la brutalidad de los actos, pretende definir a la esperanza de un futuro mejor como la salida idónea ante los desperfectos mundanos. En los personajes del autor se define una incredulidad que se demuestra a través de la descalificación a través de las circunstancias reales.

 Perfilados están la víctima y el victimario, sin embargo el autor propone cambiar los roles acercando como responsables a factores externos, dejando a ambos seres en la desnudez de cada historia tratando de esquivar el dolor y la maldad de sus propios actos, tan solo para chocar violentamente con las del mundo. A través de un llanto honesto critica la ambición consumista de los sentimientos impuros. La sociedad será una hoguera que devora la paz, la tolerancia, se aviva.

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“casi me olvidaba de la guerra, casi me olvidaba de la maldad”

 Ante la sensibilidad del texto, la dirección de Gabriel Figueroa apuntala sencillez en todo elemento de producción para explotar la voz de los parlamentos en sus actores. Rescata la idea de que las palabras carecen de sentido si no conllevan la verdad, acentuando la fatal condición de la libertad como atadura principal de la libertad sobre un escenario de atmósfera oscura prácticamente limpia de principio a fin.

 Cuando la pausada coreografía retrata la utilidad de la vida, queda por sentado que solo es necesario conocer la misma para saber que es útil, porque crea acciones que permitirán el desarrollo de quienes la viven, el cual será escuela para las generaciones que procedan ya sea por sus logros o por sus errores. Conecta de nuevo con el autor, la promesa de la esperanza existe.

 Más al desarrollarse el producto, no es la monstruosa serie de atrocidades que aquellos que vivieron e hicieron la guerra ejecutaron o presenciaron la que hiere, conmueve e indigna, sino la  cercanía a la realidad de nuestro México. La temible actualidad en la cual los problemas se solventan con violencia, represión; en dónde la gente no participa hasta que se ve afectada, entre aquellos que protestan argumentados  en contra y se estrellan frente al estado opresor.

 Catarsis es purificar mediante compasión y el miedo en pleno. Lo mismo aquí, el relato se transforma dejando ver la necesidad de unificación social teniendo como antorcha la petición del cese a la tortura, a la mutilación de la humanidad en su condición. No es pretensión. Es un reclamo orgánico.

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 Los dos actores convocados ejecutan con delicada precisión esta labor. Un justo  José Antonio Falconi, medido  en su accionamiento se adhiere a la esencia del funcionario de inmigración que antes de ocupar tal labor tuviera que obedecer ante la empresa bélica en el papel de torturador. Permite descubrir los claroscuros con un trabajo sólido, empero, es en su trabajo como traductor dónde realmente brilla al generar un texto de fácil acceso y recepción que conserve sus tintes de origen.

 Hay una presencia equilibrada entre la dulzura y la desesperación que imprime Julien Le Gargasson a su actuación desde el momento en que pone un pie en el escenario. Poéticamente traza una ruta emocional genial que trasciende apresuradamente. El actor logra que una simple mirada encierre la belleza de la desolación de su alma, ganándose totalmente al público que adopta al polaco afectado por la guerra, dándole un cobijo acertado.

 Inexplicable, efímero, vital. Son solo adjetivos breves que no alcanzan a describir ni una parte mínima de lo que es el teatro, aquí es un espejo invitante y violento al reflejo, pero acciona al que haga uso del mismo, da impulso a la justicia marcando efectivamente nuevas directrices para los tiempos de paz, solo falta seguir el camino.

24Hrs o 10 Al Milán

Tiene un tiempo que no piso el Teatro Milán (admito que exagero pues tal vez la lejanía no sobrepase al mes y medio), lo cual me consternó al enterarme de un maravilloso plan que se ejecutará este diciembre 17, por primera vez en México, The 24 Hour Plays.

 Hace dos décadas más o menos, en la ciudad de Nueva York se inició este concepto teatral que reúne a dramaturgos, directores y actores para generar una serie de 6 puestas en escena sobre un tiempo límite de 24 horas. La mecánica es digna odisea cronometrada: todos los involucrados (que hasta entonces no se conocen) se dan cita a las 11 pm del día anterior al estreno, tras la pequeña convivencia solo los dramaturgos quedan, realizan los textos y asignan elencos. A las 7 am vuelven los directores para leer las obras y comenzar el montaje de cada una, con actores ensayando en tiempo récord y creativos frenéticos en la construcción escenográfica de cada una.

 Tras la faena, a las 9 pm en punto se presentarán por única vez los productos obtenidos del ambicioso plan. Se antoja simplemente imperdible, así que no queda más que apartar la fecha y correr por los boletos.

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 Pero The 24 Hrs. Plays significa más que uno de los mejores experimentos aplicables a la escena teatral mexicana contemporánea, es también un cierre exquisito para las operaciones del recinto re-inaugurado el pasado marzo, que sin duda se ha enmarcado en un tiempo sumamente corto –además de heroico- como exponente esencial de la cartelera.

 A partir de dicha afirmación, junto a la gran satisfacción que me ha dejado el ver puestas como Aquí y ahora, Perhaps, Perhaps, Quizás o Godspell, he decidido proponer varias puestas que merecen ser montadas en nuestro país, en un recinto tan bello como eficiente, que no podrían encontrarse mejor acogidas en otro lugar. Llamémosle: Top 10 de obras a considerar para el Milán y su hermano Foro Lucerna:

10.- COMPANY

Tras ver Godspell sólo pude imaginarme otro musical al momento que se pudiera realizar con tal calidad y proximidad. Company no sólo es uno de los sellos distintivos de la carrera de Stephen Sondheim, es una obra perfecta para hacerle justicia al autor en nuestro país, sobre un escenario tan íntimo como ideal para hablarnos de las relaciones humanas y su complejidad llegada la edad adulta. Seamos honestos ¿A quién no le agradaría la idea de ver a un actor como Mauricio Salas derrumbando en aplausos el lugar tras una rendición de Being Alive?

9.-MENDOZA

Una temporada más de esta fantástica adaptación de Macbeth, producción de Los Colochos Teatro no le caería nada mal al Foro Lucerna. La fenomenal visión de Juan Carrillo y Antonio Zúñiga  sobre el mundo Shakesperiano adaptado al México revolucionario encontraría una guarida excelente en el foro del inmueble. Dejando huella como una de las más poderosas adaptaciones mexicanas de los últimos años que lejos de extinguir su éxito solo se aviva más.

8.-LA OBRA DEL BEBÉ

Este 2014 Edward Albee renació en la sala del Foro Chapultepec con ¿Quién teme a Virginia Woolf?, obra fuerte, controversial e icónica.  En esta entrega el autor retoma el modelo de confrontación de una pareja joven frente a una madura para cuestionar la realidad en un terreno de juego delimitado por las necesidades y las esperanzas de la inocencia.  ¡Que comience el festín psicológico!

7.- INCENDIOS

No hay mucho más por decir de un montaje que enmarca tanto la mejor realización dramatúrgica de Wajdi Mouawad, como la mejor dirección de Hugo Arrevillaga y la actuación que consolidó a Karina Gidi como una de las mejores actrices que México puede presumir tener en la actualidad. Un lugar como el Foro Lucerna es el indicado para desplegar la fuerza dramática de la obra junto a la alta sensibilidad que genera. Además de el pretexto perfecto para vender pañuelos desechables en la taquilla.

 6.-HEATHERS

Otro musical que luciría tremendamente bien sobre el escenario del Milán. Esta adaptación de la famosa cinta estelarizada por Winona Ryder tuvo una exitosa temporada Off-Broadway este año. Una producción divertida, cruda, satírica  y con una  tremendamente contemporánea historia acerca de las presiones sociales de la adolescencia. ¿Quién podría resistirse a la oscura abuela de Mean Girls en un soundtrack inolvidable?

https://www.youtube.com/watch?v=p2NIc-mluQM

5.-EX, EL PASADO NO ES LO QUE ERA

La más reciente producción de Puño De Tierra tiene todos los elementos para ganarse un lugar en la marquesina del Milán: elenco, texto, dirección y la certeza de poder conquistar mediante su cómica dramaturgia a cualquiera que se deje envolver en esta búsqueda de la identidad a través de los escombros del pasado. Una obra que cierra el 2014 con una temporada muy breve, pero que aquí merece brillar y apoderarse.

4.- LOS HIJOS DEL PROFETA

Imaginen este panorama: una familia de ascendencia libanesa, viven en una serie de catastróficas desdichas desde el primer día que sus ancestros pisaron América, hasta ahora la lista suma una lesión física que desarticulará un sueño profesional y la muerte del padre. Irónicamente, son parientes lejanos del escritor Khalil Gibran, autor del famoso libro de inspiración y superación personal “El profeta”. En este escenario, el dramaturgo Stephen Karam propone analizar las bases del sufrir humano ¿Porqué, para qué y cómo es que realmente logramos apoderarnos del sufrimiento? Pese a sonar tremendamente densa, esta es una tragicomedia deliciosa que por supuesto adopta forma campeadora al imprimir  la crítica social con franqueza. ¿Alguien dijo Alfonso Cárcamo para director?

3.-LOS ÚLTIMOS 5 AÑOS

Dos vidas que se unieron durante 5 años cuentan sus historias al mismo tiempo, una en orden cronológico, la otra no. Él es novelista, ella actriz, los dos pensaron que el amor duraría, pero no fue así, en realidad tal vez sólo fue un concepto que hicieron grande por media década, sin más ni más. Andrés Zuno + Majo Pérez como protagonistas, sumen una dirección como la de Lorena Maza y la magia flotará por sí misma.

2.- EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS

Por medio de un poco ortodoxa compañía teatral ficticia, Alejandro Jodorowsky parodia y critica con precisión en su obra las formas múltiples de comportamiento en los seres humanos según se den las circunstancias. Atina a recordar a la audiencia que la verdadera solución al cambio se genera por la acción social que comienza en cada individuo. Bien montada, en el Foro Lucerna estaría dando apertura plena a un diálogo de confrontación mutua para el bien común. Este sencillo detalle la volvería fantástica en la desquiciante realidad socio-política de nuestra nación.

1.- CRISTALES ROTOS

Haber presenciado a  los dueños del inmueble, Pablo Perroni y Mariana Garza, ejecutando impecables trabajos actorales bajo la guía de Hugo Arrevillaga en Aquí y ahora, provoca una necesidad absoluta de querer ver a la pareja de nuevo en el escenario a como de lugar.

Propongo un reto escrito por Arthur Miller. Cristales Rotos es la  historia de un matrimonio judío enfrentando una extraña enfermedad de la esposa que la tiene paralizada de repente de la cintura hacia abajo. Situada en los años 30’s, es una ventana que expone los efectos de la segunda guerra mundial sobre los miembros de la sociedad a los que atacó principalmente, así como las repercusiones que derivaron en sus vidas y comportamiento.

He aquí las propuestas, empero de si alguna es escuchada solo debemos esperar enormes títulos provenientes de la cartelera del magistral recinto en el año venidero. ¡Larga vida al Teatro Milán!

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Madre Coraje y sus Hijos al estilo revolucionario

Si eres amante del teatro y aún no has ido a ver Madre Coraje y sus Hijos de Bertolt Brecht, aún tienes una semana para asistir al Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario y disfrutar de una magnifica puesta en escena.

Foto de: jornada.unam.mx
Foto de: jornada.unam.mx

Bajo la dirección de Iona Weissberg y Aline De la Cruz, la famosa obra berlinesa de 1949 llega a México para retratar una época llena de conflictos sociales: la Revolución Mexicana. En esta versión, “Madre Coraje” cría y mantiene a sus tres hijos dentro de un régimen priista que, aunque no lo parezca, le ayuda, pues de otra manera no podría llevar a cabo su negocio.

 El elenco artístico está conformado por Alejandra Ley, Rodrigo Murray, Artús Chávez, Eugenio Bartilotti, Alondra Hidalgo, Emmanuel Cortés, Lorena Martínez, Alberto Carlos López, Larissa Urbina, Joana Camacho y Omar Saavedra.

 Para la musicalización, a partir de las partituras de Paul Dessau se compusieron corridos, rancheras y chotises, entre otros.

 Recuerda que tienes hasta el 7 de diciembre para poder asistir al CCU (Insurgentes Sur 3000) en los siguientes horarios: jueves, viernes y sábado a las 19:00 horas y domingo a las 18:00 horas.

Madre Coraje
 El costo, de viernes, sábado y domingo es de $150 *50% de descuento a estudiantes con credencial vigente, UNAM, INAPAM, ISSSTE e IMSS Jueves de teatro: $30 al público en general sin ningún tipo de credencial.

Cenando con el pasado o Navidad con amigos 3.0

“YA LO PASADO, PASADO, NO ME INTERESA”

JOSÉ JOSÉ

Es curioso tener que enfrentar al pasado y sus historias que impiden la felicidad al presente, en especial cuando nos damos cuenta que en realidad nunca formamos parte activa de él. Algo así sucede con Ana, su familia no ha sido más que una tumba que resguarda secretos de todo tipo, color o sabor, de los cuales ella no goza conocimiento alguno, sin embargo están presentes en su vida llenando vacíos de información que le permitan conocer la realidad. Porque el ideal sería que ella pudiera saber la verdad, el problema es que la verdad varía siempre, según quien la cuente.

 Por una breve temporada (situación lamentable dada su buena factura) que corre hasta diciembre 14, la compañía Puño de tierra presenta Ex…El pasado ya no es lo que era  en el Teatro Benito Juárez del autor uruguayo Gabriel Calderón y el director Fernando Bonilla.

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 Como menciono anteriormente, esta historia va sobre una mujer en búsqueda de descubrir que ha habido tras de ella en todo el tiempo que lleva existiendo dentro de su entorno familiar, desgraciadamente todos sus familiares, excepto su abuela a la cual no le habla, se encuentran en la tumba por motivos diversos. En buena fortuna, durante la víspera de la navidad, su novio ha diseñado un plan para reunir a cada relato frente al pavo servido a la mesa. Sólo que los planes que parten de lo inexplorado siempre tienen efectos que uno nunca espera.

 Al desarrollarse, el texto de Calderón denota dos aspectos seguros y valiosos: la  fuerza dramática además de contemporaneidad. Nos dice que no basta ver el pasado mediante la belleza rescatada, olvidar el sufrimiento cuidando sacar solo la felicidad de los recuerdos, aquí hay una búsqueda frenética por recuperar cuantos tonos sean posibles para armar una paleta de colores completa que pinte un marco de sentido u orden. Pero aun así, no descuida otro mensaje, no por necesitar saber del pasado para entender el presente y prevenir el futuro, significa que debamos vivir de este.

 Sería deshonesto decir que una obra que hable del ser humano en búsqueda de la felicidad es atrayente en la actualidad. No solo es algo que nos cuentan en repetidas ocasiones, sino algo más bien común, tan obsoleto como barato. Empero, Calderón sabe encontrar la carne adherida al hueso, explorando una propuesta ácida en su comicidad y firme en su discurso duro, lo cual  estabiliza el terreno. Sitúa su desarrollo en una danza a través del tiempo que convence y apremia.

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“lAS COSAS SON ASÍ, ASIMILENLAS Y AVANCEMOS” 

 Tomando el timón llega un director que sabe tratar la tragedia para convertirla en un festín entrañable, Fernando Bonilla adapta y manipula la obra consiguiendo una fluidez total de las palabras, así como un entendimiento pleno de las situaciones. Logra un equilibrio que explota al máximo la hilarante base para entretener a su audiencia, sin dejar aparte la reflexión. Esta construcción expone a la monotonía del amor como el principal asesino del mismo, al igual que la importancia de tomar responsabilidad de las acciones que hacemos, ser francos con las decisiones, planificar su uso.

 La puesta inicia con un ritmo lento, se recupera, luego aterriza en un bache del cual se pensaría no saldrá ya que fue arrastrado por una coreografía torpe, además la falta de equilibrio de la actriz con el foco al momento (inserte aquí a Regina Flores Ribot), tan solo para levantarse y alcanzar una estabilidad envidiable hasta el final que atrapa por completo y sumerge dentro.

 Práctica y sencilla se presenta la escenografía, más cada cuadro tiene un enemigo acérrimo en el diseño de iluminación, que expone totalmente descuidando sectores que podrían lucir mejor. Por ejemplo, existe una conceptualización de fotografías al fondo, que al iluminarse denota los saltos temporales, pero esta solo encuentra correcta ejecución en 1 escena, lo que  frustra en verdad al dejar con la sensación de que  si as {i hubiese sido el resto, la representación podría presumir de un trabajo loable.

 Grandioso es el elenco que juega en el escenario (con la excepción ya mencionada), Pedro de Tavira, Mario Monroy, José Carlos Rodríguez y Valentina Sierra trabajan en un equipo homogéneo, produciendo buenas actuaciones de complicidad total, junto a Sergio Bonilla que demuestra una vez más su talento en una gama de sensaciones plena. 

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 Falta mencionar a un miembro importantísimo del cuerpo actoral, que sin lugar a duda se lleva la obra gracias a la astucia, agilidad y naturalidad impresas  en su trabajo, Gabriela Murray es una antorcha encendida en escena, arranca carcajadas sonoras e imparables al tiempo que goza su papel, divirtiéndose a todo lo que da contagiando a la sala entera. He aquí el ejemplo perfecto del oficio actoral. La cómica violencia del lenguaje de su personaje deja ganas de verla en cabaret y musical, Matilda, como Tronchatoro por ejemplo.

 Retomemos el total. Hay un círculo alrededor de la puesta que la eleva a un lugar desdichadamente privilegiado, su cercanía al contexto sociopolítico de la nación mexicana. En la obra se toca el tema de la represión, la desaparición ¿Cuan fantástico sería poder aseverar estas apariciones únicamente en el mundo de la ficción y no en nuestro real? A esta llamada, se contesta con la misma desesperación y hartazgo que refleja cada elemento de la sociedad. Hay una promesa de risa loca, pero el sello de interiorización permanece.

De Master Class con la Callas

“EL ARTE ES UNA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA”

MARÍA CALLAS

15 años después de  su estreno en México, bajo la dirección de Francisco Franco, Ocesa Teatro repone Master Class, original de Terrence McNally, desde la nueva visión de Diego Del Río a la cabeza del proyecto. Conservando a la actriz que por excelencia ha nacido para encarnar a la mítica María Callas: Diana Bracho.

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 La música es la expresión artística de mayor impacto en los seres humanos. La unión de los sonidos en coordinación absoluta con la ejecución busca mover las fibras más sensibles del espectador, mediante el acto comunicacional del ejecutante y la intención que este da a su obra. El canto es el complemento idóneo para esta labor. Cuando el canto alcanza los límites de la perfección, la recepción se convierte en un auténtico viaje alucinante que sobreexpone sentimientos a impulsos definitivos.

 Hacer música, buena música, no es fácil. Dedicarse a ella tampoco. María Callas, la máxima figura de la ópera del siglo pasado es el ejemplo claro de una vida consagrada al arte, a la técnica y a la totalidad de lo que significa interpretar aquello que el autor propone tanto en letra como en música, vivir las composiciones, dejando todo atrás para seguir su camino, una vía de éxito y triunfo, pero dolorosa.

 Este sendero de rosas espinadas alcanza una plenitud dramatúrgica en Master Class, una de las más grandes obras de McNally, quién propone contar la historia de la diva a partir de un momento clave en sus últimos años de vida: la impartición de sus clases maestras de canto en la Juilliard School de Nueva York.

 Situados a principios de los años 70’s, la divina se encuentra en el declive absoluto de su majestuosa voz, sopesando la decepción amorosa que le ha dejado Aristóteles Onassis; Ante tan devastador panorama, impartirá la lección a un auditorio lleno y tres estudiantes que someterán sus aptitudes vocales e interpretativas. A través de estos pupilos, Callas recordará mediante la música los momentos más devastadores y gloriosos de su carrera, los cuales la han hecho llegar al momento que está viviendo, sumida en la soledad y la añoranza del talento que se ha escapado de su cuerpo, más no del alma.

 Aquí el autor se vale del emblema de la soprano para expresar una demanda implícita real hacia aquellos que se dedican al arte: lo importante es estar dispuestos a servir, con disciplina, pasión, entrega y concentración, de lo contrario no se logra nada. El discurso ahonda en la necesidad de asumir el reto de la existencia mediante la consagración a la excelencia, pero sin dejar a un lado la dignidad y la integridad existencial humana.

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 “SIEMPRE DICEN <TE AMAMOS>, NUNCA <TE AMO>”

 McNally señala duramente la posición de Callas como una mujer sumisa y acomplejada en los momentos que así se mostró, empero, otorga una mirada de justificación compasiva a la transformación absoluta que se vio forzada a tener para evitar ser lastimada de nueva cuenta. Es ahí donde la dirección de Diego del Río aparece para detallar el relato de ese corazón, de la mujer que ha perdido tanto que le es difícil describirlo.

 Del Río analiza la voz humana por medio del anhelo de retroceder el tiempo, encuentra en el escrito de McNally a la artista vacía para exteriorizar las vicisitudes de su contexto. Proyecta con fuerza el dominio y la pasión en un espacio que triangula hábilmente sus cuadros focalizando correctamente las acciones. Este director lleva a otro nivel al producto, asegurándose de tornarlo entrañable, lo cual logra correctamente con un grupo actoral fuerte en un montaje elegante y visualmente propositivo. Aunque si bien es notoria la línea que pretende seguir, tanto como las sensaciones a dejar, es inevitable sentir (solo para aquellos que hayan visto otras direcciones de Del Río) que queda jugo por exprimir.

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 Absoluta es la calidad actoral de la primera actriz Diana Bracho. Desde que pone un pie en escena inunda la sala con una presencia exquisita de palmo a palmo. La actriz consigue reflejar la oscuridad de un pasado que sustrajo la belleza de la bondad, castigándola con la furia intrínseca de los recuerdos. Los colores que encuentra en su ruta emocional son precisos,  capaces de hacernos sentir amor a su ironía o  arrogancia. Sabe dirigirse a su público y hacerle gratamente íntimo el momento, imprimiendo una fantástica empatía. Porta la piel de su personaje y lo disfruta, dejándonos saborear con ella cada tono.

 Ronda de aplausos merecidísima al resto del elenco integrado por Antonio Albores, Mónica Raphael, Ernesto Gout, Edgar Ibarra (cuyo fascinante talento y destreza al piano transportan totalmente a cada lugar imaginado en las partituras de Bellini a Verdi) junto a Denise De Ramery, quién resulta una joya actoral que se eleva a la altura de Bracho para robarse el momento al brillar como la insegura Sharon anotándose uno de los momentos más  contundentes de la puesta.

 Sería injusto dejar de mencionar la atinada Iluminación de Laura Rode que aprovecha la conceptual escenografía de David Lombrozo para hacer notar cada movimiento actoral. Amén de la genial caracterización de Bracho como Callas, a cargo de Bernardo Vázquez.

 El arte, en su misterio, las diversas bellezas mezcla y confunde, recóndita armonía de las diversas bellezas. Pero no hay que confundirse para afirmar que esta producción es una auténtica clase maestra sobre el buen teatro y la vida misma.

Wajdi Mouawad en México

Pudiera ser pretenciosa la aseveración de decir que cualquier persona que se da a la tarea de crear un genuino acercamiento con el teatro habría de encontrarse, más tarde que temprano, con —al menos— una obra de este autor, pero nada más lejos de la verdad al señalarle como una de las figuras más grandes e influyentes de la escena contemporánea mundial.

 De infancia en Beirut, adolescencia en París y adultez en Montreal, “libanés de nacimiento, francés de pensamiento y canadiense por su teatro”, es como él mismo se precisa. En su obra se entrevén guiños autobiográficos que definen de manera general los argumentos principales de sus textos. La niñez como cuchillo clavado en la garganta, las vidas ensombrecidas por los conflictos civiles bélicos, la inminente certeza de la muerte, el miedo a la pérdida, la búsqueda incansable de los orígenes de la existencia, los fantasmas siempre presentes, los árboles con sus raíces y sus ramas, la memoria, los sueños y el espíritu.

 Nacido en 1968, Wajdi Mouawad se gradúa de la Escuela Nacional de Teatro de Canadá en 1991 para comenzar su desempeño profesional en las artes. Encabeza dos compañías teatrales —Au carré de l’hypoténuse en París, y Abé carré cé carré en Montreal— y cuenta con una vasta experiencia en las tablas como escritor, actor y director de distintos montajes. De entre sus títulos, destaca la tetralogía La sangre de las promesas  (Le sang des promesses), compuesta por Bosques (Forêts), Litoral (Littoral), Incendios (Incendies) y Cielos (Ciels); además de Alphonse, Pacamambo y Sedientos (Assoiffés), entre otras.

 Su nombre se disparó en la escena mundial desde hace aproximadamente diez años, ha sido traducido a más de quince idiomas; acreedor de diversos galardones, llevado a escena en muchísimos países, incluyendo México, e incluso adaptado a la pantalla grande.

Escena extraída de Incendies (traducida al español como La mujer que cantaba). Es la adaptación cinematográfica de la obra del mismo nombre, escrita por Wajdi Mouawad. El filme fue dirigido por el canadiense Denis Villeneuve y le valdría la nominación a Mejor película extranjera en los premios Oscar de 2011.

 El trabajo en conjunto de Humberto Pérez Mortera como traductor de su obra y de Hugo Arrevillaga Serrano como mano maestra para la dirección de los montajes —además de elencos medianamente fijos con actores como Karina Gidi, Arcelia Ramírez, Pedro Mira, Guillermo Villegas, Sonia Franco, Tomás Rojas, Rebeca Trejo y Adrián Vázquez, entre otros—, es la manera en que Mouawad ha sido materializado en teatros mexicanos desde años atrás.

Acompañada de Alejandra Chacón como parte del elenco, en la imagen, Karina Gidi, quien da vida a Nawal, personaje principal de la obra Incendios. Basada en el texto de Wajdi Mouawad y dirigida por Hugo Arrevillaga.

 Hugo practicó una lectura en voz alta de Wilfrid, el personaje principal de Litoral, y sintió la necesidad de montarlo. El resto es historia: desde entonces, muchos son los foros que han visto pasar la obra de este prolífico dramaturgo, y aún mayor el público que, de alguna u otra manera, se ha dejado estremecer por ella.

 

El arte es un tigre dientes de sable, hambriento, que entra sin tocar a la casa. Intente calmarlo. Sólo habrá dos opciones: o él lo devora, o usted lo mata. Ser artista en esta época, en lo que a mí concierne, es aceptar dejarse devorar para volverse en el vientre del tigre, el tigre.

Wajdi Mouawad

 

 Noviembre es el mes elegido para que Wajdi Mouawad visite México por primera vez con motivo de presentar su obra Solos (Seuls) con dos únicas funciones los días 22 y 23 en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, pero hay más actividades como parte de su itinerario a realizar en la ciudad que se extienden por prácticamente las últimas dos semanas del mes en curso:

  • Charla alrededor de la novela Ánima, de Wajdi Mouawad. Modera: Agnès Mérat
    Cuándo: Jueves 20 de noviembre, 19:30 horas
    Dónde: IFAL, Casa de Francia (Havre 15, colonia Juárez)
    *Entrada libre

 

 

  • Taller de Creadores con Wajdi Mouawad
    Cuándo: del 25 al 27 de noviembre, de 11:30 a 15:00 horas
    Dónde: Foro Shakespeare (Zamora 7, colonia Condesa)
    *Más detalles aquí.

 

  • Ventanas. Adaptación libre de la obra Seuls, de Wajdi Mouawad, por Hugo Arrevillaga, seguido por un diálogo de Arcelia Ramírez con Wajdi Mouawad.
    Montaje con la Generación 2010-2014 del Centro Universitario de Teatro (CUT)
    Cuándo: Jueves 27 de noviembre, 17:00 horas
    Dónde: Caja Negra del CUT
    *Entrada libre, cupo limitado

 

 Los apasionados del teatro podrán ratificarlo, y los neófitos entusiastas de las tablas quedarán bajo advertencia: el acercamiento a la obra de este dramaturgo franco-libanés es un viaje revelador, incansable, fecundo y placenteramente desgarrador. Extendemos la invitación a los lectores a atender los eventos mencionados, mientras tanto, compartimos un fragmento de la nueva novela del autor que llevará por nombre Anima. Cortesía de Excélsior, puedes echarle un vistazo aquí.

Palabras breves: Proyecto Sofía

No soy el tipo de periodista, escritor, o simple mortal detrás de una publicación, que tienda a plasmar sus ideales o preferencias políticas, religiosas o  meramente sociales a través de su oficio. Condeno a los colegas que se toman tal libertinaje y repudio totalmente la idea de manipular de tal forma el pensamiento del lector, ya suficientemente influencia generan los discursos para aun así añadirles dedicatoria.

 Empero, desde hace unos días me encontré en las redes sociales de una de las mejores actrices de este país (nunca me cansaré de decirlo), Karina Gidi, una historia que me afectó bastante como ciudadano mexicano que soy, consciente de la situación en la que nuestro país se ve hundido, donde la impunidad acompaña de la mano a los delitos y el estado oprime a sus habitantes imposibilitando la paz que sus líderes juraron garantizarnos, declarando el derecho de la nación a demandar sus faltas al incumplir.

 Quisiera relatar de una mejor manera lo que leí, pero he decidido que es mejor permitirme transportar el texto original de Gidi a continuación, a manera de que ella misma tenga espacio en este escrito:

“Mi hija Sofia me preguntó si podríamos cambiar de presidente, le contesté que suponía que sí, aunque no creía que fuera fácil. Escribió en un papel: Personas que quieren la renuncia de Peña Nieto. Me dio su pluma, firmé. Agarró su diccionario escolar para apoyarse y me dijo: me voy a juntar firmas.

Salí con ella, acompañándola en su proyecto. Empezó tocando las puertas de nuestros vecinos. “Estoy juntando firmas para que renuncie el presidente, ¿quiere usted firmar?”. Luego llegamos a la avenida y ahí le pidió su firma a la gente que pasaba. Fuimos a la papelería, a la tiendita, a la estética, llegamos al parque y ahí abordó a todos los adultos que encontró. “Mi firma no cuenta porque tengo 11 años, pero si junto muchas firmas de adulto tal vez eso sí cuente”. Debí haberla grabado.

Con algunas personas dudaba “están muy ocupados, mamá, no los quiero interrumpir”. La señorita de la veterinaria le dijo “¿qué vas a hacer con estas firmas?”
Sofía: Pues no sé. Llevarlas al gobierno. 
Vet: ¿Es un proyecto de la escuela?
Sofía: No, es idea mía.
Vet: ¿Y cuáles son tus argumentos?
Sofía: Peña Nieto no le ha respondido como se debe a los familiares de los estudiantes desaparecidos, se fue a China y tiene una casa de 80 millones de pesos.
Vet: Ojalá juntes muchas firmas. 
Sofía: Gracias.
Llenó las hojas que llevaba consiguiendo 48 firmas y volvimos a casa. Sólo 5 personas se negaron a firmar.
Sofía: Mañana voy a salir con más hojas y en una bolsa voy a llevar éstas para que vean que más gente ha firmado. Y le voy a pedir a mis amigos que hagan lo mismo en su colonia. Pero, mamá, son poquitas, van a faltar muchísimas firmas.
Yo: No pienses en eso. Poco a poco. Acuérdate lo que dice el Emperador en Mulán: un grano de arroz puede inclinar la balanza. Juntamos estas firmas con otras de otros grupos y serán muchas más. 
Sofía: Yo quiero ser como ese grano de arroz.

Yo no tengo idea de cómo se destituye a un presidente. Pero ojalá pueda de verdad llevar esas hojas a alguna parte que ayude a Sofía a sentir que su esfuerzo vale la pena, que lo intentamos a toda costa. Fui incapaz de decirle que no lo hiciera, que era casi imposible. No puedo cortarle las alas. Esta generación viene con fuerza, con fe y determinación, y con un concepto de lo que es decente y justo que ya quisieran muchos para un fin de semana.”

 

 Yo como  como El Maravilloso Mago de Oz de Wicked soy un gran sentimental, no pude evitar conmoverme al notar como una extraordinaria pequeña de apenas 11 años reacciona de una manera tan madura e imponente ante la inexistencia de una garantía para su futuro, anexo a su presente, cuando el mandatario de su nación evade sus responsabilidades sin rendir cuentas al pueblo que le ha dado el puesto que hoy ostenta.

 Al comunicar esta acción no pretendo obligar a quien me lea a firmar esta iniciativa, sino a todo mexicano a recordar las palabras de Víctor Hugo: “Entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo consiente, hay cierta solidaridad vergonzosa”.

 Es cierto, hay que contagiar la rabia, tomar fuerza de nuestro hartazgo para exigir la justicia que a México le ha sido tan ausente desde hace mucho tiempo, pero también hay que contagiar la esperanza de que al final, los que buscamos hacer el bien somos más.

Este es el link que lleva a la petición de firmas elaborada en Change.org, por si se ofrece, o no.

https://www.change.org/p/enrique-pe%C3%B1a-nieto-proyectosof%C3%ADa-que-se-vaya-enrique-pe%C3%B1a-nieto

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Tres tristes tigres sedientos tras el trigal

“UN HOMBRE QUE NO SE ALIMENTA DE SUS SUEÑOS, ENVEJECE PRONTO”

 William Shakespeare

Un antropólogo forense se encuentra en su mesa de trabajo frente a los huesos de dos personas jóvenes que murieron unidas. Un hombre y una mujer se ahogaron abrazados en el lago del pueblo hace muchos años. Ese muchacho había comenzado el día decido a no callarse, andar por ahí cuestionando a todos acerca de la utilidad de cuanto acontece o se hace en la cotidianidad. Quien fuera persona ahora es un cadáver, alguna vez fue compañero de clases del hermano del forense, él mismo convivió a su lado pero ahora está de frente a su persona pidiéndole identifique sus restos y redescubra más allá de la historia que quedó en el pasado del profesionista en el laboratorio, cuando era un soñador y escribía para permitirle a su alma expresar lo que a su alrededor pasaba, ahora ya no más.

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 Se ha hablado tanto de la dramaturgia de Wajdi Mouawad desde que llegó al mundo del teatro, que realmente queda poco por describir, pero mucho por sentir  a través de su escritura. En esta ocasión con Sedientos, que repone temporada los domingos en el Teatro La Capilla, dirigida —por supuesto— por Hugo Arrevillaga (sí, advertencia de llanto, favor de llevar sus pañuelos desechables).

 Mouawad expone la historia de una persona que alguna vez escribió una obra de teatro, sin otro propósito más que sacar de su sistema aquello que sentía, las palabras eran el medio y su significado la aproximación hacia una teoría sobre el merecimiento de la felicidad. La persona vio humillados sus sueños y los abandonó, mató una parte de su ser, al artista y nadie se dio cuenta, hoy la muerte está de frente a él reclamándole por aquello que se llevó sin que fuese necesario o útil.

Poéticamente, el autor desarrolla una invitación abierta el público, consistente y concisa a un mensaje: No abandones tus sueños. Porque una decisión cambia el curso de toda una vida, en este caso la representación usa de vehículo a la adolescencia, un momento en el desarrollo del ser humano lleno de frenesí y vigor que demanda como niño pequeño el saber práctico de todo aquello que lo rodea, sus sistemas de funcionamiento, etc. En ese punto de inflexión ocurren dos vertientes: la sustentación de los sentimientos o la retractación de uno o varios.

 Empero de la situación, la dirección de Arrevillaga nuevamente es cómplice del autor libanés y consume las palabras del discurso a través de la belleza como el elemento principal a juego. Aquí hay una sensación de soledad que es intolerante, junto a una necesidad de alejarse de los mecanismos de autodefensa a la vida y sus sensaciones.  Los personajes que desfilan por el escenario comparten ambiciones en torno a la belleza: conocerla, alcanzarla y materializarla, metas que coexisten en el tenor de no ser factibles sin la creencia de poder esclarecerlas.çj bç

 “MAÑANA VOY A VOLVER A EMPEZAR, PORQUE NO HAY RAZÓN PARA DETENERSE”

Arrevillaga conduce esta historia en una exploración de acciones abiertas y persistentes que resisten a la inclemencia del tiempo como fantasmas en pena. Convoca a sus actores a entender el panorama que provoca la desolación de vivir en la lejanía total a los sueños que uno mismo se plantea. La coreografía sostenida es ágil y llena de figuras de apoyo en amalgama con la breve escenografía y delimitada iluminación, de tal forma que cada cuadro construido comunica efectivamente una postura diferente para conjuntarse en un producto que destaca cuanta variabilidad es posible.

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 Decirle a la audiencia que siempre hay un motivo para vivir cada día, además de que el lazo de la humanidad nos une por siempre, no es fácil. Dicha capacidad requiere de una sensibilidad alta por parte del actor. Miguel Romero aparece en escena dominando esa necesidad, generando un viaje bastante placentero por su franqueza y tono que se torna cada vez más enternecedor a medida que la trama se desarrolla. El actor no solo transmite  la delicadeza de la vida misma, tambaleante e imprecisa, sino que extrae con cautela la vulnerabilidad de los seres humanos a ella misma.

 Pamela Almanza es suave en su interpretación y bondadosa con sus compañeros para conjurar momentos de lucidez, Andrés Torres Orozco impacta fuertemente por los constantes choques dramáticos que su rol posee, haciendo al actor lo suficientemente hábil para sacar a flote la gama de emociones reprimidas que debe sin hacerlas perder su condición.

 Esta es una obra de oposición a las renuncias impulsivas y en pro del emprendedurismo hacia los alcances deseados. La percepción de la realidad invisible dónde las esperanzas se han marchitado es dura y crítica, pero asienta muy bien a la acción que pide recibir la información son sensibilizaciones plenas y el corazón. Dónde la sed de sueños se satisface tan solo con demostrar acciones de peso para cambiar. Tan entrañable como directa, se construye certera, como la vida misma.

Ayotzinapa está presente hasta en el arte: el performance de la ENAT

Desde el pasado 26 de septiembre del año en curso, México ya no es el mismo. Iguala, Guerrero, se convirtió en una trinchera más dentro de la guerra que ha sofocado a nuestro país los últimos años. Una guerra que se ha llevado “entre las patas” a miles de inocentes a causa de ese enorme deseo de poder y control de quienes la han orquestado. Sabemos quienes son. Sabemos y no.

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 La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos” ha sido, a lo largo de la historia de Guerrero y sus escuelas rurales, un semillero de guerrilleros, una cuna de “libre-pensadores” mexicanos que se han destacado por luchar desde la subalternidad por y para el pueblo. No en vano de ahí salieron importantes personajes como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, quienes impulsaron la guerrilla en el estado de Guerrero en los años 60.

 La disidencia ha permanecido, y es a partir de la misma en que nos podemos explicar los hechos del 26 de septiembre. 43 compañeros de los cuales no sabemos nada, no sabemos si están vivos o muertos. 43 compañeros que habían salido a hacer una colecta, por falta de recursos económicos, para costear un viaje a la Ciudad de México y hoy están desaparecidos. Es una rabia que se ha manifestado en diferentes sectores de la sociedad. Pareciera que el descontento ha llegado más allá de las aulas: señoras, señores, ancianos, niños, trabajadores, transeúntes se han unido al grito de: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

 En el marco de estas acciones por alzar la voz, tenemos un sinfín de muestras de apoyo, tanto en las marchas, los actos simbólicos en las calles, en los hogares, así como en el arte. Numerosos performances se han realizado como un acto más de protesta e inconformidad por la desaparición forzada de 43 compañeros de la normal de Ayotzinapa. Entre ellos, se encuentra el realizado por los compañeros de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), realizado el pasado 16 de octubre, en la explanada del Museo Nacional de Arte (MUNAL).

 Este performance rescata el testimonio del compañero Omar García, sobreviviente del ataque por parte de la policía federal hacia los compañeros de la normal de Ayotzinapa. Los actores aparecen vestidos con playera o blusa blanca, jeans de mezclilla y un pañuelo o paliacate rojo atado al cuello o la cabeza. En la mitad de la cara llevan pintada una línea con pintura blanca.

 De inicio vemos a los actores caminando sobre la explanada del MUNAL. Es muy interesante cómo empieza, ya que los compañeros van caminando, aparentemente apurados y sin rumbo alguno, mientras van hablando y, lo que se escucha, son los nombres, las edades, los apodos y la forma de ser de los normalistas desaparecidos, como si los estuvieran buscando, ya que algunos dicen “¿alguien lo ha visto?”, “¿alguien sabe dónde está?”. Esas descripciones han estado circulando en línea. Así pues, caminan y hablan, hasta que de pronto los vemos caminar rapidísimo y escuchamos que casi gritan mientras más van apresurando el paso. En ese momento paran de caminar, se quedan en silencio, y un actor grita: “¡Ya dejen de disparar, cabrones!”, haciendo total alusión al ataque. De pronto, todos se concentran al centro de la explanada y se cubren, cual si se resguardaran de las balas. Gimen, tiemblan y es notable que están asustados, temen por sus vidas. Es entonces cuando empiezan a recitar el testimonio de Omar, metiéndose en su papel, como si ellos fueran él durante el ataque.

 Mientras recitan a Omar, los actores corren de un lado a otro, se arrastran, gritan, se empujan, se toman de los brazos. Alrededor de la explanada, empieza a juntarse la gente y podemos observar a otros compañeros sosteniendo mantas que dicen: “¿Por qué nos asesinan? si somos la esperanza”, “México despierta”.

 Así se va desarrollando este performance, donde los actores gritan desesperados, algunos lloran. Casi para cerrar, dos de ellos recitan lo siguiente: “En México y en Guerrero, se mata gente, en esos llamados daños colaterales de su chingada política, que luchan entre ellos. Nosotros no queremos ser eso, queremos un México justo y libre”, tal cual lo dice Omar en el video de su testimonio.

 El performance termina con los compañeros caminando de nuevo, retirándose de la explanada, repitiendo “un México justo y libre”, y también, nuevamente, diciendo los nombres de los compañeros, sus apodos, preguntando sí los han visto. Al final, mientras se van retirando, una participante dice: “Tengo 19 años y me apodan el Chucky. Sólo espero que me regresen con vida para poder enseñarle a los chavitos”.

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Por: Pedro Sosa

 Observar los diversos performances hechos a partir de los ocurrido en Ayotzinapa, así como las muestras de apoyo por parte de diversos sectores de la sociedad en las marchas, los paros, la difusión de la información, la empatía que se ha hecho notable en la población mexicana, nos habla de una suerte de “despertar” de quienes habitamos este país. Un país que ha sido azotado por la violencia de la manera más dolorosa y perversa, lo que ha sembrado el miedo en todos nosotros. Pero no todo está perdido. Que una sociedad se levante en tiempos de odio y egoísmo demuestra que estamos más unidos que nunca, por los 43 y por todos los demás que claman justicia en México y para México. El uso del performance es sólo una muestra más de que las expresiones artísticas también pueden sanar una herida tan grande como esta. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

De: Teatro. Lizzie Borden

 

Lizzie Borden un hacha tomó…

Quizá la característica más puntual del teatro de Luis Santillán como director sea la apuesta por montajes fuera de los esquemas más convencionales, es decir, que en él los movimientos narran la historia desde un lugar distinto, desde el significado. Es difícil encontrarle movimientos “naturales”, pues existe una fisicalidad en donde las acciones parten de una premisa identificada y muy “a propósito”. Pareciera entonces, que nada en el proceso de creación queda al azar o a la propuesta actoral, sino que es resguardado por un hacedor de teatro muy dueño del universo ficcional y sus códigos, como sea que fueren. Sus obras suceden bajo las alas de un creador paternalista que se involucra en todos los niveles del fenómeno escénico.

 Hablemos ahora de su más reciente puesta, Lizzie Borden, que es lo que nos trae a cuento. La historia escrita por Lucía Leonor Enríquez (paso de Gato #28) recrea lo sucedido el 4 de Agosto de 1892 en el número 92 de Second Street Massachussets fecha en que Andrew Borden y su esposa son encontrados en su casa, muertos: 11 golpes en la cara, uno ojo sale de su cuenca, una nariz es arrancada, el rostro ya no es rostro, hay 19 heridas y un hacha sin mango. Un vestido que se quema. Una sospechosa. Lizzie Andrew Borden, la parricida más famosa de la historia del crimen aún ante el suceso plagado de dudas, condenada no por la justicia, sino por un pueblo que no olvida. “Es un texto difícil de montar”, dice Santillán a la pregunta por la elección del mismo. “En la historia no hay un protagonista ni personajes, sino voces, la voz de un pueblo” y es lo que gusta de su hacer, la mira a lo dejado de lado por otros por representar alguna suerte de dificultad.

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“Andrew Borden”

 Santillán, dueño de una plástica específica, de alguna suerte de ojo de pintor, nos presenta a lo  largo de la puesta cuadros bien logrados que se valen de sombrillas para narrar, estas sirven de acompañamientos musicales, soportes, una boca, vestidos, lo necesario pues, siendo las sombrillas lo único que se utiliza en una propuesta en la que “todo significa” y debe “ayudar a contar”  donde lo que no presta servicio a la escena “no sirve” y es desechado: Una  propuesta basada en la “actoralidad”.

 El diseño de vestuario recuerda un poco a Abdicación y Malintzin, faldas cortas y negras, suertes de corsettes para delinear la figura, maquillajes recargados que si bien visualmente funcionan, y venden, parecen no ser necesarios para el tipo de teatro por el que apuesta, diálogos de calidad, códigos de ficción respetados, y buena dirección. A saber, vayan ustedes.

 El lugar que la alberga es interesante en sí mismo, la apuesta aquí también es eficiente. El Museo Británico Americano, ubicado en artículo 123, es una iglesia de arquitectura neogótica inglesa, también la primera iglesia anglicana en México, una iglesia envejecida que si no fuera por la oferta cultural parecería abandonada. Estos lugares siempre se agradecen, ofrecen un remanso de paz entre la urbe al que uno no puede permanecer ajeno, ejecutan un cambio en el estado anímico y el público entra con una disposición distinta al recinto, a presenciar el fenómeno escénico.

 Es una puesta en escena que vale la pena presenciar, que no hay que perderse. Como dato: antes Lizzie Borden, dirigida por Santillán, formó parte del Ciclo de Teatro Latinoamericano Contemporáneo en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque y ahora llega al Centro de la Ciudad, si bien Artículo 123 a esa altura y hora no da trazas de segura, en realidad aseguro que hay nada que temer, el Museo está a unas cuantas cuadras del metro y metrobús Juárez en esquina con Bucarelli, no hay pretexto.

 La obra se presentará hasta el 11 de diciembre de 2014, los jueves a las 8:00 p.m. Costo del boleto: $150. El Museo Británico Americano está ubicado en la calle Artículo 123 #134.

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¿Ser o no ser? Un Shakespeare más buena onda

Texto y fotografías por Karla Ricalde.

 

A propósito del 450 aniversario del nacimiento de William Shakespeare y la conmemoración de dicho acontecimiento como parte de la edición de 2014 del Festival Internacional Cervantino, me cuestionaba acerca de lo que hay alrededor de él y su obra. Es la figura más destacada de las letras inglesas y uno de los más grandes íconos de la literatura universal; con certeza, el autor de cuya obra existen más adaptaciones que de cualquier otro —aunque en muchas ocasiones, aceptémoslo, ese shakespearianismo resulte sumamente pretencioso—, de trascendencia innegable y citado por miles de dramaturgos y escritores como principal influencia y eje inspiracional… pero, ¿acaso todo ese emperifollamiento no provoca que le concibamos como un autor sumamente complejo y casi inalcanzable?

 En su libro Por qué leer los clásicos, Italo Calvino señala algunas de las cualidades que debe tener una obra para considerarse, justamente, un clásico: que son textos a los que tarde o temprano se vuelve; “esos libros de los cuales se suele oír decir ‘Estoy releyendo…’, y nunca ‘Estoy leyendo…'”; que a cada revisita cobran un sentido distinto ante los ojos de los lectores porque “nunca terminan de decir lo que tienen que decir”; que cuanto más se cree conocerlos, más nuevos resultan.

 Eso, cuando se tiene experiencia previa de la obra, pero cuando no, cuando se trata del primer encuentro con cierto libro o cierto autor, Calvino habla de esperar, de darse tiempo para dejar hablar a las letras y entrar en contacto directo con ellas para conocerles personalmente, bajo las condiciones, y de la forma adecuada para cada individuo. De ser cautelosos al descubrir los clásicos, nuestros clásicos.

 Ahora, al tomar en cuenta lo anterior, se comprueba el porqué de la vastedad y solidez del alcance de su legado y se dejan a un lado los cuestionamientos porque, sí, William Shakespeare el más grande de los clásicos.

 Si se hablara de su obra situada en el teatro, al cerrar los ojos, como en automático, la imaginación crearía visiones de actores con atuendos de la época victoriana: tacones de gruesas hebillas,  cuellos altos y mangas abultadas para ellos; y encaje, seda, sombreros y sombrillas para ellas. Tal vez un lenguaje rebuscado, o tramas tan engorrosas que terminarían por adentrar al público en un inminente letargo…

 ¿Y si los personajes de sus obras cobraran vida a través de distintos objetos? ¿Y si se narraran las más grandes obras al estilo en que se detalla el más breve y fresco relato? ¿Y si se incorporan a su narrativa elementos que le simplifiquen, referencias actuales que nos aproximen a aquel prolífico escritor nacido hace siglos?

 Adrián Vázquez encuentra la fórmula precisa para dejar a William Shakespeare al alcance de todos. Como escritor, director y actor del montaje Algo de un tal Shakespeare, nos lleva por un conciso y sagaz recorrido por cuatro de las principales obras del dramaturgo inglés: Romeo y Julieta, Macbeth, Titus Andronicus y  La Tempestad.

 Es de una mesa de cocina de donde nace todo: silencio y apenas una tenue iluminación, unos cuantos sartenes, algunos otros utensilios del arte culinario, y una buena cantidad de frutas y verduras que, más adelante, se convertirán en cada uno de los personajes de los textos a representar. El vestuario de los actores es tan poco convencional como la escenografía misma: prendas de mezclilla y en color negro, y botas, rodilleras y cascos como accesorios.

 Acompañado de la actuación de Sara Pinet, este trabajo de Adrián Vázquez no sólo abarca los aspectos primordiales de los textos clásicos referidos, sino que también brinda datos biográficos del escritor y relata parte de la historia mundial para contextualizar más a fondo la ideología de Shakespeare, esto, mezclado con temas actuales —hacer alusión a la serie televisiva Game of Thrones mientras se hace una retrospectiva por el pasado de Inglaterra, o traer a colación la situación política de México en medio del relato de Romeo y Julieta, por ejemplo— y ambientado con efectos de sonido extraídos de algún videojuego, para una digna adaptación acorde al público meta.

 Lejos de trivializar la obra de Shakespeare o reducirla a insultantes simplezas, Adrián Vázquez se empeña en extender una espléndida invitación a jóvenes y adolescentes para acercarse a conocer a uno de los más grandes exponentes de las artes, y resuelve este propósito entre bromas, una que otra palabra altisonante, y un dinamismo excepcional en escena que deja el espacio vuelto, literalmente, un campo de batalla.

 El entendimiento personal y profesional entre los dos histriones es evidente, y queda enteramente plasmado sobre las tablas. Dos de las figuras actorales más destacadas y consolidadas de la escena nacional. Pinet y Vázquez: ambos tan audaces, ambos tan capaces, ambos con un trabajo tan envolvente y logrando una armonía sumamente mágica y natural que terminan por hacernos parte de su juego desde la primera llamada.

 Como el apresurado resumen de una pequeña y muy poco ortodoxa clase de Literatura con algo de Historia, pero además aderezado con un agudo sentido del humor, Algo de un tal Shakespeare es un trabajo honesto e innovador. Es alocado, es arriesgado. Es creatividad, movimiento, acción, congruencia y autenticidad. Una propuesta como pocas, y una amena y certera aproximación a éste, uno de los más grandes monstruos literarios.

 Además de este montaje, Vázquez se ubica con dos obras más dentro de la cartelera teatral actual de la ciudad: con el unipersonal El hijo de mi padre en el Centro Cultural del Bosque, dirigido y actuado por él mismo; y con Wenses y Lala en el Teatro La Capilla, con un texto también de su autoría y donde actúa al lado de Teté Espinoza.

 Algo de un tal Shakespeare se encuentra en temporada en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, desde el 23 de septiembre y hasta el 16 de diciembre.

Adrián Vázquez: autor, director y actor de Algo de un tal Shakespeare.

| Para más información, ingresa aquí.

La joven, el hacha y un asesinato consumado: Lizzie Borden

Una joven y un misterioso asesinato. Lizzie Borden un hacha tomó/ cuarenta golpes a su madre le dio/ cuando lo que había hecho miró/ cuarenta y un hachazos a su padre asestó… En agosto de 1982 Fall River, Massachusetts, fue el escenario en donde Lizzie Borden apareció como presunta responsable del asesinato de sus padres, acontecimiento repleto de dudas, pues a pesar de haber resultado absuelta, aún prevalecen los cuestionamientos respecto a su responsabilidad. De este suceso y gran controversia histórica parte Lucía Leonor Enríquez —destacada dramaturga mexicana— para la realización en escena de la obra que lleva el nombre de la supuesta asesina. 

Lucía Leonor Enríquez trabaja con una estructura coral para exponer las implicaciones de un asesinato en una sociedad, es una revisión de los mecanismos que fomentan la distorsión de los hechos para explicar las acciones criminales. Aun cuando en una primera impresión podría parecer un tema ajeno al contexto mexicano, la realidad muestra que la sicosis ante el terror de los eventos criminales propicia deformaciones en los procesos de justicia, mismos que a veces conllevan a la liberación de los implicados por fallas en el debido proceso.

La obra está conformada por un elenco de cinco jóvenes y prometedoras actrices: Alexa Martín; Joselyn Paulette; Jheraldy Palencia; Natalia Alanis y Melanie Borgez. La dirección está a cargo de Luis Santillán, como parte de una producción de Sorginak.

La temporada de Lizzie Borden dará inicio el próximo jueves 6 de noviembre a las 20:00 horas. La cita es en el Museo Británico Americano en México (Artículo 123 #134; Col. Centro), un espacio destinado al desarrollo cultural y al entrelazamiento del mundo anglosajón y la cultura mexicana.

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Pasos en la azotea: Sueños en las alturas


 

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“Se aleja el barco vacío, el soñador ya despierta. Una ráfaga y el frío hacen rechinar la puerta.Todo lo anterior no existe, dice la imaginación. La tarde se puso triste, y aquí acaba esta canción.”

— Lefo.

Pasos en la azotea es una obra de teatro al aire libre que recrea el ambiente para manejar de una forma distinta el vínculo entre escenario, espectador y elenco de personajes; creada por Inmarginales –proyecto de teatro independiente—, la puesta en escena busca trascender hacia una atmósfera distinta a la acostumbrada, basada en temáticas que divergen en el sentir humano, desde el abandono hasta los sueños y la vida. 

 La intención del teatro al aire libre se muestra desde un alcance que difiere con las funciones de recinto, ya que permite una mayor interacción entre espectador y actor, de manera que no resulte una forma monótona de poder apreciar una obra. El interés por incluir al público dentro de la función es el gran potencial de Pasos en la Azotea, además de poseer un esquema distinto al tradicional; sin duda, un gran foco rojo que atraerá a la opinión pública.

 El mercado de San Ciprián fue el lugar en donde Pasos en la Azotea presentó su función el día Viernes 31 de Octubre. La temática se presentó en torno a una dinámica que permitió que se integraran locatarios del lugar  y gente que vive cerca de la colonia. Con un megáfono, se invitó a presenciar la obra que pronto aparecería.

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 Los personajes empezaron a tomar lugar. Dondina, Pinita, Chazcua y Lefo proporcionaron los medios para poder imaginar la vivienda del futuro, de manera en que más personas se integraran poco a poco a la obra, participaran y eso contribuyera a que se percibieran risas constantes. Todos yacían interesados, mientras corría el tiempo y avanzaban sin saber a dónde iban en realidad.

 Mientras recorrían los pasillos del mercado, los personajes invitaban al público a deshacerse de las cosas que les hacían sentir mal (tristeza, enojo, depresión, ira, entre otros), mientras todos se percibían ansiosos por quitarse esos síntomas de la rutina de la vida. Corrían con el elenco de un lado a otro, y el ambiente se tornaba cada vez más amigable. Unos y otros se reían entre si y murmuraban cosas como “Ella fue”. Realmente se estaban divirtiendo.

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 Un globo en forma de estrella apareció para llevarse por fin los malos sentimientos; los asistentes se dispusieron a anotar de todo lo que querían deshacerse sobre éste, y seguían avanzando, mientras que los niños trataban de agarrarse de la mano de los que conocían –poco a poco se iban soltando de las personas- y empezaban a hablar con los personajes. Los pasillos se acortaban, se añadían más personas; y al llegar a una zona al aire libre, todo el público parecía tener un semblante distinto que al que tenían cuando empezó la obra, se les veía diferente, su rostro lo demostraba.

 Pinita articuló unas palabras que permitieron que el público permaneciera atento mientras estaban sentados en ese espacio, el lugar se llenó de tranquilidad y el cielo brillaba inmensamente, la luz del sol bombardeaba el lugar. Otros curiosos se iban integrando, y Lefo los invitaba a sentarse y disfrutar de la estancia. Y en ese instante, el globo que contenía todo lo malo, lo soltaron para que no volviera, todos voltearon a ver como se alejaba. Pronto todos empezaron a aplaudir y sonrieron de una forma distinta… ¡Nos devolvieron la sonrisa!

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Una obra que explaya emociones distintas, que promete crecer más y que analiza a la vida desde lo más bonito del ser humano. Algo así, no puede pasar desapercibido.

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Próximas funciones de Pasos en la azotea en Tlatelolco:

  • Domingo 16 de noviembre, 4pm. Edificio Ignacio Ramírez
  • Domingo 23 de noviembre, 4pm. Edificio Chihuahua, módulo B.
  • Domingo 30 de noviembre, 4pm. Edificio José María Arteaga.

A mí el té de menta me violenta

Casi no se habla de los intensos procesos técnicos  a sortear para levantar un telón en cualquier teatro. Una profesión tan bella como difícil en cuestión de sacrificios, pero con un resultado que al final deja satisfecho desde muy dentro hacia el exterior, reflejándose. Es por ello que Locos por el té, original de Danielle Navarro Haudecoeur y Patrick Haudecoeur ganó en 2011 el Premio Moliére  (el reconocimiento más grande para el teatro en Francia) a la mejor comedia. Porque además de ser un texto sólido en diversión, va más allá de su presentación.

 Una diva atada al ensayo de una obra que no tiene ni pies ni cabeza. La directora extranjera no tiene autoridad o comunicación efectiva, sólo un conocimiento experto en teatro isabelino. Su principal compañero de escena es un novato sin el mínimo ápice de talento o inteligencia. El primer actor tiene un ego insoportable, la vestuarista trabaja como puede o entiende, el asistente de producción se atreve a proponer absurdos y el pobre actor secundario se hunde en su desesperación por brillar. ¿Lograrán estrenar en medio de la neurosis y la constante presencia del humeante té?

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 Ocesa Teatro trae Locos por el té directo al Teatro Fernando Soler del Centro Teatral Manolo Fábregas, bajo la dirección de Vanessa Vizcarra, en un texto de traducción original al español por Julián Quintanilla, adaptado a México por el genial Alfonso Cárcamo.

 Este es un vodevil francés, sobre lo complejo que puede ser hacer un montaje de este género sin caer en la farsa, lo que significaría estar bastante lejos de la comedia. Un giro que mortal para el texto, traicionando al autor gravemente. Dentro de esta puesta se hilan muchos ejemplos de los pesares que construyen un montaje: La gran actriz que en su situación de desempleo se ve forzada a realizar la obra para no morir en el anonimato. El nepotismo que coloca al inexperto hijo del productor como actor principal y a su hermano como técnico de audio e iluminación. La directora que lucha por tratar de hacerle entender a su elenco el objetivo del texto frente a la carencia de tiempo suficiente para que todo ande correctamente.

 Lo sorprendente de ver esta obra es la franqueza y apunte con la que los autores originales lanzan el mensaje implícito a la audiencia: hacer teatro no es fácil, ni se consigue sin preparación, pero se puede disfrutar plenamente de sus incidentes desafortunados. Aquí podemos ver como los diseños se consuman en un aparato escenográfico, o en qué se basa la dirección para pedir las características del vestuario que se emplearan. La grandeza de generar y sentir y transformar un espacio para narrar una historia, todo de la mano de situaciones absurdas e irónicas que enmarcan el entretenimiento, mediante acciones tan simples como una peluca que se cae o un armario que no abre.

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 Vanessa Vizcarra sabe aprovechar los elementos de audio, iluminación tanto de utilería para darle mayor volumen mediante los detalles al discurso presentado. Coloca a sus actores bien delimitados en la composición de sus personajes, atreviéndose a enredar aún más las situaciones para lucir el talento de cada uno. Respeta sus planos y focos con bastante cuidado, limpiando cada cuadro con efectividad. Sin embargo hay un detalle que escapa a la primer parte: el ritmo. Empero de que las risas que promete la obra en su anuncio, verdaderamente se cumplen desde los primeros 10 minutos, existe una ligera discontinuidad que la directora debe corregir para que el total explote en la comicidad pura que deja la segunda parte de la puesta.

“el teatro se lleva por dentro. hasta para tomar un vaso de agua hay que tener talento.”

 Afortunadamente, existe un elenco bastante sólido para respaldar la correcta adaptación de la pieza. Comenzando por el agasajo que es presenciar a una excelente actriz, como la es  Susana Alexander, manejar la comedia con ligeros relieves dramáticos a la perfección. La diva que interpreta logra resultar tan entrañable como patética, teniendo que ocultar un vergonzoso secreto a la vez que ostenta un porte que nadie podría merecer. Alexander es gratamente recibida ante la audiencia que se vuelve completamente loca al escuchar los chistes que debe realizar o líneas tan magistrales como “antes muerta que sustituida”.

 Quien sencillamente brilla y roba escena gracias a su enorme talento natural para manejar la comedia es Gustavo Egelhaaf. Correcto tanto en tonos, formas e imágenes, convence totalmente de la ineptitud involuntaria de su personaje que desearía profundamente poder hacer las cosas bien, pero su propio ser se lo impide, sumado al terror que infunde en el su compañera de escena. Logra ser gracioso  sin sobreactuaciones, la simpleza con la que ejecuta su oficio otorga un timing acertado a cada acción, conjuntándose perfectamente al resto de sus compañeros, sin dejar de destacar.

 Ricardo Maza se suma triunfante como el pobre actor secundario, que a pesar de tener mucha expresividad y ganas de ser reconocido está encerrado en un papel que lo limita totalmente. Completan el elenco Cecilia Romo, Julio César Luna, Claudia Nin, así como Ulises de la Torre con actuaciones complementarias bastante buenas.

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 Cual curioso es que aparece en un contexto bastante adecuado esta extraordinaria terapia de risa, puesto que los mexicanos tendemos a reírnos de nuestros propios problemas para salir de ellos. El espacio idóneo para relajarse y soltar el estrés al tiempo que la reflexión hace de las suyas sin permitir que el espectador se dé cuenta de momento. Muchas veces las obras más complejas son las que mejor saben disimular esta cualidad, he aquí un certero botón de muestra.

Abrir ventanas en el espíritu

Catarsis, plenitud alcanzable con la transformación interior. Permite liberar ataduras, remover emociones encontradas, equilibrar. Cuando en el teatro se logra esto a través de una obra poderosa tanto en texto como en dirección, escenografía, iluminación, vestuario, musicalización, etc., el público lo recibe con el corazón, porque  encuentra la magia que posee la experiencia teatral y deja una parte de sí en el producto generado a manera de intercambio con los responsables. Hacer teatro debe ser un ritual solemne, donde se honre a la vida desde cualquier arista posible, comunicando un mensaje íntegro, sólido. No importa el género elegido para contar la historia, sino que la historia misma sea contada con efectividad.

 Harwan es estudiante de teatro, está a punto de presentar la tesis con la que se graduará, para terminarla debe entrevistarse con el autor que lo ha inspirado a formularse la cuestión de la necesidad del teatro en el mundo actual. A pesar de tener la cita pactada desde hace meses, los planes han cambiado y le han ofrecido una residencia artística, pero para ella necesita el título, por lo tanto entrevistar al autor, entregar la tesis así como argumentar su defensa en un tiempo menor al que tenía planeado. Harwan deberá alcanzar al artista en Rusia, país donde se encuentra montando su nueva puesta, deberá realizar un viaje para descubrir si está listo para dedicar su vida al teatro, encontrando lo que había olvidado de si mismo en el camino.

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“Las grandes obras de arte guardan un secreto”

 Hugo Arrevillaga toma dos textos de su autor de cabecera, Wajdi Mouawad, para cruzarlos en una sola historia. Solos y Sueños se funden en Ventanas. El resultado es una dramaturgia que suma la ambición de enmarcar al arte como respuesta a la identidad humana de Mouawad, sobre la delicada y vertiginosa técnica de Arrevillaga a la perfección. Esta fantástica obra teatral toma forma en la Caja Negra del Centro Universitario de Teatro.

 Dentro del discurso propone viajar hacia el ser, enfrentarse a la realidad en una aventura que lleva el tiempo medido, sabiendo que aquello que se busca es precisamente lo que no se va a encontrar, además de que se pueden perder muchas cosas en el trayecto, de las cuales uno nunca está consciente pero que ahí están, aferradas. Empero, existe un peligro más grande al decidir no actuar: volverse común. La esencia de Mouawad parte la narrativa desde un lugar común para explotar al máximo la idea de los nexos que guarda todo autor con su obra. Por medio de la belleza de las palabras en poesía absoluta y equilibrio, transporta un problema a un mundo amplio y complejo.

 Casi se puede tocar la sensibilidad que produce hablar de las decisiones que tomamos en la vida, en esperanza de alcanzar aquello que nos proponemos, desear a través de las órdenes mientras intentamos sostenernos frente al mundo. Aquí la meta es el autoconocimiento mediante la vía teatral, como un espacio para expiar, nutrir o perdonar. El mensaje del autor original orilla a transformar todos los sentimientos que aparecen durante toda la puesta en un factor común, del cual forman parte y a la vez generan: la vida.

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“Nadie puede ser tu amor y tu jaula al mismo tiempo”

 La dirección sujeta esta visión sobre un desfile de imágenes tan ambicioso como efectivo, en el que cada elemento que aparece brilla y justifica su existencia. El ritmo es persistente, aprovecha en muchos momentos la sabiduría de la inmovilidad, combinada en un trazo que refleja una batalla contra el dolor de saberse incompleto. Puede ir de la fuerza a la suavidad tanto en el diálogo como las acciones con entera ligereza, pues hay una constante en la construcción: franqueza y amor, sólo así se puede hablar de la pérdida para comenzar de nuevo. Amén de la genialidad encerrada en los giros de tuerca de la trama.

 Esta es una obra hecha para todo el público, pero en especial para aquellos que se quieren dedicar, se están preparando o son ya gente de teatro, a cualquier nivel. Si bien la base de Mouawad convoca a no renunciar a los sueños por más incoherencia que puedan tener (sino luchar por darles forma y que lleven un cauce correcto) al unirse con el sentido de Arrevillaga el mensaje es claro para decirnos que la única forma en la que las metas se alcanzan es con la ayuda de otro, porque los seres humanos tenemos la necesidad de ser gregarios para poder sorprendernos constantemente y no ahogarnos en la monotonía.

 El director convoca a 14 actores -estudiantes en la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM–  para darles la oportunidad de formar un mismo personaje, dividido en todas las formas con las que se concibe, un ser que se refleja de manera constante pero no puede reconocerse en ese reflejo, tan solo percibe un espectro de color que logra entender que posee un alma. Así, Tania Sofía Álvarez Núñez, Iván Caldera, Eduardo Carranza, Elena Del Río, Liliana Durazo, Xóchitl Galindres, Kevin M. García Gallardo, Alejandro Guerrero S, David Illescas, Daniela Luque, Geovanna Moo Caamal, Arantza Muñoz Montemayor, Eduardo Orozco y Nicolasa Ortiz Monasterio entregan un trabajo de calidad y firmeza que deja ganas de seguir presenciando más de estos jóvenes, verlos brillar en más y más puestas gracias a la muestra de talento y dedicación que ejecutan.

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“La existencia se fue, me abandonó”

 Arrevillaga deja una lección a estos alumnos como a todo creador teatral en general: el teatro tiene el poder de tocar para dejar algo en la audiencia, expresar críticamente los aspectos sociales de repercusión contemporánea. Contar historias desde un espacio escénico no es tan solo un ejercicio de entretenimiento, es la posibilidad de formar mejores personas a través de la narración, apartados de la cuestión moral, más bien cultural, o bien simplemente estar ahí con las palabras precisas para quien necesita contactar con su humanidad tan perdida en una sociedad de avaricia entre tecnologías reemplazantes. Ahí está la belleza de esta profesión, a la cual más que lealtad o respeto hay que darle orgullo y forma de ventana.

 Pero sobre todo, concluye como un acto de demanda social pertinente y muy justo. Algo que desgraciadamente necesitamos con desesperación en estos tiempos violentos que enfrentamos en México es reconocer y actuar por un cambio. No son 43 normalistas desaparecidos, ni tampoco las más de 700 muertas de Juárez o las víctimas sin justicia resuelta del caso de la guardería ABC, es la de existencia impunidad ante los delitos que existen sumada a la incompetencia para su esclarecimiento. Cuando el sistema reacciona en contra de aquellos para los que debería trabajar, es momento de alzar la voz, contagiar la rabia y mostrar una oposición efectiva, sostenida en hechos, no en simbolismos. De nueva cuenta el teatro es una respuesta que demuestra como el arte nunca será ajeno al terreno en el que se manifiesta.

 Ventanas es sencillamente uno de los trabajos más enternecedores y válidos de la cartelera mexicana. El método para identificar la autenticidad y la pertenencia. La oportunidad de entender como el teatro cambia la vida. 

“El arte es una ventana en medio de un muro”

Consuelo lunar para los muertos en vida

Otoño, posiblemente Agosto. El sol radiante quema sin piedad todo aquello que su luz toca y llena de  pesadez el aire con un calor insoportable. El lugar es una granja de Conneticut, ubicada en el tiempo alrededor de los años 20. Ahí Phil Hogan, un viejo soez, timador y alcohólico vive con la única hija que ha decidido no abandonarlo, Josie, una mujer fuerte y brava con una reputación liviana bastante escandalosa. Comenzarán a discutir porque ella ha dejado que el último hijo que le quedaba se fuera, pleito que habrá que parar para escuchar a Tyrone -dueño del terreno arrendado y alcohólico también-, quien advertirá una propuesta mejor a la que ellos pueden darle para comparar la granja que han trabajado tantos años. El final podría estar cerca. 

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 ¡Celebremos que Teatro Unam abre un ciclo para honrar a los grandes  dramaturgos del siglo XX! En esta ocasión, el texto elegido para cobrar nueva vida es Una luna para los malnacidos, del genial – Premio Nobel de literatura, por cierto- Eugene O’ Neill. Precursor junto a Chéjov e Ibsen del realismo dramático. La celebración toma forma dentro del Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario de jueves a domingo.

 Definitivamente esta es una obra que tuvo que inspirar a autores como Tracy Letts a escribir textos como Agosto: Condado de Osage. O’ Neill aprovecha la temperatura casi desértica marcada en el ambiente propuesto para generar una sensación de hartazgo. Una familia poco convencional que demuestra su amor a través de una nula muestra de respeto demostrada en insultos agudos como reproches a las condiciones físicas de cada cual. Sin embargo, a pesar de que la hostilidad sea irrespirable, el padre y la hija la han adaptado este estilo de vida predilecto.

 El autor suma a un personaje tan arrogante como abatido para poner a prueba a padre e hija, a través de la confianza que el uno pueda sostener en el otro. Sin pensar un momento en que quien les está manipulando – sin así quererlo- es en realidad quien vive a prueba  de sí mismo el día a día. Un ser tan atormentado que expía sus penas en el consumo constante de whisky sin encontrar realmente un alivio efectivo.

 Así, O’Neill pone sobre la mesa un discurso profundo y  emotivo, que habla acerca de la flaqueza del hombre ante la rutina de la vida. A través de personajes aproximados totalmente al realismo de la época que conjura, presenta un discurso sobre la necesidad del amor propio suficiente para sostener a un individuo, más no tan fuerte como para impedirle moverse de su zona de juego. En torno a todo esto, las promesas, como única certeza de la honestidad de la gente al sellarlas con sus ojos. No hay maldad, ni bien, tan solo la realidad que no es más que una lucha entre las conveniencias y los sentimientos auténticos tratando de equilibrarse juntos.

 Los personajes tienen una construcción sólida prácticamente perfecta, además de presentar un desarrollo en la trama inteligente y lleno de desafíos tanto explícitos como implícitos en su interior. Pero para reunirlos a todos bajo el mismo tono, pone a la luna como la constante que dejará ver en realidad quien es quien y delata que llevan en su corazón. Así todos esperarán a que la luz del satélite los ilumine para poder liberar sus tormentos aunque sea por una noche. Sentir entonces pena por estos seres es automático.

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 La traducción de Humberto Pérez Mortera resguarda muy bien las intenciones de O’ Neill al escribir la obra: reconciliarse con aquello que ya no tiene en vida. Cada línea apunta  la desesperanza y el acorralamiento proveniente del silencio interno, de no abrirse.

 Mario Espinosa tiene bajo su cargo la dirección de esta puesta, rescatando y apuntando con gran astucia los momentos de comedia que aligerarán la tensión dramática referida. Sostiene muy bien la intención de la obra para  verdaderamente transmitir la necesidad desesperada que tienen los personajes de hablar con franqueza de sí mismos, sin embargo, hay momentos en que el hilo pierde tensión y los argumentos se tornan lentos, cansados, afortunadamente estos desbalances se reajustan, pero existen.

 Los únicos elementos que en realidad no se explotan u aprovechan son la escenografía (una rotonda de pasto seco cubierto por hojarasca, bajo la rama de un árbol) en conjunto con la iluminación. No hay una interacción que reaccione natural a la trama, hay tonos cálidos cuando son requeridos, pero no hay un manejo adecuado de los fríos, de manera que los cambios no favorecen ni lucen en sus mínimas apariciones.

 Empero, el enganche aparece gracias a las buenas actuaciones de Patricio Castillo (Un auténtico lujo en escena), Rodolfo Árias y José Juan Sánchez, quienes serán cómplices de una de las mejores actrices que tiene este país: Karina Gidi.

 Gidi logra conmover y convencer de todo cuanto se nos dice está pasando con tan solo modular el tono de su voz o realizar un movimiento coreográfico común con el cual identificarnos ante la situación en que es hecho. Pasa de ser la dura roca al frágil cristal, para luego ser el regazo acogedor con una elasticidad sentimental impresionante. Ejemplo claro de alguien que ama su profesión y se apasiona de cada personaje para en verdad grabarlo en su piel.

A partir de la entrega, se le rendirán cuentas a la noche lunada por los muertos del pasado cuyos fantasmas protestan el presente. Coincidir será el camino, conspirar será el método y alcanzar la paz el motivo. Altamente recomendable.

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La irónica caída de la Reina del Rosa Venus

Un desafortunado día comenzó el martirio para Malena, de repente su mundo color rosa colapsaba de elemento en elemento, con la rapidez de tres días: primero, su mantenido esposo la deja, llevándose todos los muebles y hasta el coche que no es de él; Después, es despedida de su empleo como vendedora estrella de una marca de jaboncitos para moteles. Para colmo se ha quedado sin casa -gracias a su ahora ex marido- y casi cerrando el marco de las desgracias, su madre ha fallecido calcinada en su departamento. El ritmo de vida al que estaba acostumbrada ha girado completamente en cuestión de nada, y esa misma nada es lo que queda, además de su feminidad.

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 Abundántia Teatro presenta junto con (y en) el Teatro La Capilla, Malena o la femeneidad, original de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM) y dirigida por Sixto Castro Santillán. Esta comedia llega al espacio de los viernes en la cartelera del inmueble. Poniendo sobre la mesa una historia acerca de una mujer clasemediera de 30 años cuya vida se ha derrumbado y deberá poner en marcha de nuevo antes que el derrumbe se la lleve a ella también.

 A través de la mirada de LEGOM se perciben los aspectos de una sociedad cuya cómica existencia es más bien trágica en su esencia. Así se conduce la vida de Malena, enfrentada a la cruel realidad que queda tras finalizar el sueño dónde se concibe como un ser amado y amigable, pero que en realidad, es repudiado por todos hasta el punto de desear nunca verla jamás. Esta  mujer abatida trata de encontrar refugio en Dios y hasta él le da la espalda, mientras la deja hundirse en cuanta desgracia se aproxima.

 Dando certeros y concisos señalamientos críticos a la hipocresía, las posturas religiosas y los roles sociales, el autor parte de los infortunios a los que someterá a su personaje principal, conectándola a otros perdedores, para hablar de la importancia de resurgir ante el fracaso. Hilando cada cuadro con una comedia llena de sátira y sarcasmo que se burla de quienes culpan a la vida de los errores que ellos mismos provocaron y critica a quienes dejan en concepto a la palabra tolerancia para hacer una danza de karma, ironía y crueldad.

 ¿Por que la vida está siendo cruel con Malena?, le ha quitado ya casi todo menos su propio ser. Aunque no pueda reconocerse de cara a su reflejo, ella es tanto una mujer voluble, vulgar y agresiva, como una patética y frágil persona que no hace más que conformarse con lo que pasa a su alrededor esperando vivir bien. ¿Cuántas de las caretas que ha usado Malena, para lograr alzarse como una reina de las ventas, las hemos pretendido usar nosotros mismos, sin saber (cómo ella) que en realidad no engañamos absolutamente a nadie?

 LEGOM no pretende llevar a los extremos a sus personajes para generar que la audiencia se suelte a llorar por la pobre alma que está sufriendo de la falta de humanidad de los demás, más bien aprovecha la llegada al límite para dejar la puerta abierta a la reflexión, a que cada quien tome nota de sus propios momentos en los que se identifica con la trama. Ahí es donde brilla la exquisita inteligencia de este dramaturgo al lograr una conexión sin frivolidades o poses, sino todo lo contrario, cercana.

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 Sixto Castro Santillán explota los momentos de comedia, acercando a la farsa cuanto dramatismo existe, haciendo del todo un nudo de risas inevitables. La dirección de Castro es pues directa, franca y desenfadada, encerrando en una coreografía que denota control total (de cada acción, plano y movimiento) el desorden propio que refleja la vida del personaje. Con elementos breves de apoyo como una mesa o un telón, logra construir compasión junto con desprecio unidos ante la historia, existiendo en medio de la hilarante euforia que provoca ver caer a alguien, porque llamémoslo morbo o análisis antes de apoyar: nadie se resiste a mirar la decadencia del otro. Entonces el propio director nos transmite la sensación de que si ya vamos a ver al individuo en apuros, al menos hagamos sus penurias disfrutables.

 Yannin Heredia brilla encarnando a la diva jabonera, imprimiendo en su actuación la fuerza necesaria para dejar la gracia, desesperación o momentos de absoluta cordura que necesita su rol, entregándose de lleno a la difícil tarea de transmitir  ese rehilete de emociones siendo al final entrañable. Cecilia Zolev, Oscar Serrano Cotán Y Alan Uribe Villaruel completan el cuadro de actores, desdoblándose en varios personajes con una capacidad admirable y un talento innegable. En un tiempo récord cada uno va de papel en papel, -de ida, vuelta y de regreso- manejando perfectamente los cambios de voz, postura, presencia y sentido, tornando en memorables a cada cual.

 Malena sacará fuerza de su condición como mujer para posicionarse de nueva cuenta a la cima, sin importar las anotaciones de los demás hacia su persona, pero en un mundo dónde las opiniones e influencias del resto construyen el camino de cada uno ¿Logrará a cabo su cometido? La respuesta reside al presenciar esta deliciosa comedia, de la cual uno no sale sin  un buen sabor de boca, a buen mezcal de cortesía específicamente, porque como diría la “Reina del Rosa Venus”: “Yo solo sé que a mi vida le hace falta un buen chupe”.

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Con tus ochenta mejores amigas ¡Para qué quieres enemigas!

“No te quiero alarmar, pero algo siniestro está ocurriendo aquí”

Angela Lansbury (como Jessica Fletcher en Murder She Wrote)

En el interior de la cabina de un radio teatro, la simpática, poco ortodoxa, gruñona  y anciana conductora Agatha Freud, transmitirá la narración del thriller psicológico “Las ochenta mejores amigas”, de un tal Juan Carlos Cuéllar. Para realizar dicha labor se requieren de dos actrices que lleven los personajes principales de la historia, así  que las divas Olga de Moctezuma y Holly Estuardo, ejecutarán esta historia llena de intriga, suspenso y comicidad involuntaria.

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 El Foro Shakespeare ofrece una opción de divertimento única en su Teatrino los días sábado, la comicidad, el drama y también el cabaret se funden en Las ochenta mejores amigas de Juan Carlos Cuéllar. Puesta en escena dirigida por el propio Cuéllar, un texto más para el catálogo de obras ejecutadas con miembros del programa de Teatro Penitenciario.

 Explorando el frívolo mundo de la “alta sociedad”, el autor parte de un estilo influenciado por la literatura de Agatha Christie junto a la experiencia narrativa televisiva en Murder She Wrote (La reportera del crimen) para hablarnos de la traición que conllevan las falsas amistades, las mentes criminales, además de la venganza como método expiatorio. Una ha traicionado a la otra, creyéndola tan inocente como boba para nunca actuar en reversa, sin embargo, la amiga herida ha centrado su dolor en construir una telaraña exacta
para acechar a su presa, por consiguiente atacar sin piedad como una viuda negra.

 Un montaje construido sin mayor pretensión que divertir a la audiencia a través de la exposición de personajes que llevan al límite de la comedia sobre un drama que debería generar tensión. La dirección llama a sus “divas” para ser representadas por hombres, logrando entonces un ambiente queer bastante efectivo, que lejos de caricaturizar al travestismo conecta irónicamente los clichés de la homosexualidad con el público, mofándose de las pretensiones actorales en vez de un sector social.

 Cuando los actores disfrutan su trabajo es notorio, aquí Javier Cruz e Israel Rodríguez se presentan al ruedo con el reto de hacer reír, saliendo en hombros con orejas y rabo. Dos actores que sin duda evolucionan cada vez más, debido la efectividad del ya mencionado programa de Teatro Penitenciario al introducir a más gente en el oficio actoral de manera íntegra, con un constante acompañamiento en su formación en suma al interés personal de pulir cada vez más su trabajo.

 Las actuaciones de Cruz y Rodríguez se disfrutan plenamente, vemos a dos hombres -toscos, rudos- convertirse en unas auténticas divas que lucen coquetas y elegantes en todo momento. Acompañados de la siempre grata Itari Marta, provocando los desahogues cómicos constantes, haciendo una viejecita memorable por sus deficiencias, ocurrencias  y actitudes.

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 No hay pastelazo, aquí el texto tiene inteligencia, así mismo se coordina de lleno a la iluminación sugerida para recrear los momentos necesarios en la trama. Recalco, los actores disfrutan tanto su labor que hasta los accidentes que puedan tener se sienten francos, tanto así que se gozan ampliamente, destacando a la existencia de una producción inteligente que controla todos los aspectos y las tablas de los intérpretes. Se agradece en pleno.

 Hay muchos aspectos interesantes para este texto. Primordialmente, funciona del todo como una comedia, sí, pero de trabajarse en lleno hacia el aspecto dramático ¡También funcionaría! Estamos frente a un arma de doble filo que podría evolucionar drásticamente a un producto aún más complejo. Sólo es necesario encontrar esa visión en la batuta direccional, tal vez la respuesta esté en este mismo montaje, en forma de actriz.

 Las envidias y los individualismos se arrojan como elementos de la cotidianidad, pudiendo perderse entre las carcajadas producidas por los trazos, la esencia sale a flote dejando tanto la correcta transmisión de la historia, como la experiencia cómica -con los tonos de cabaret- que la acercan al público teniendo como vía la ejemplificación de aspectos actuales. No encontrará algo tan efectivo en este ramo en otro lugar de la cartelera teatral actual, salvo que se trate de La Reinas Chulas en el Teatro- Bar El Vicio, que aquí encuentran una muy digna y sana competencia.

 Un montaje ideal para abandonar el estrés, relajarse, emitiendo risotadas honestas ante un trabajo muy bien ejecutado.

De las voces que relatan acciones calladas

Es tiempo de la  Revolución Mexicana, en un pueblo dónde nunca pasa nada interesante. Una maestra ha sido encarcelada y condenada a muerte. La hija de un hombre lleva rato lejos de su hogar por irse (de voluntad propia) junto al ejército zapatista. Una mujer adinerada no ve la hora de sentirse tan libre y pueblerina como ella desearía. En medio  de todas las historias, el pueblo es el punto de cruce involuntario de los ejércitos de Emiliano Zapata y Porfirio Díaz, ambos liderados por los dobles comisionados de los dirigentes originales. El supuesto Díaz ofrecerá una tregua al Zapata de los martes, pero la muerte ha despertado con el alba de aquel día, y está lista para pasearse por el pueblo.

El Teatro La Capilla abre sus puertas los sábados por la tarde a  Los Equilibristas, obra original de David Gaitán, dirigida por Damián Cervantes y nueva producción de la compañía Vaca 35 Teatro. Este autoproclamado “Falso documental de la revolución mexicana”, estará presentándose hasta diciembre 14.

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Tal vez lo que es necesario resaltar primero es la figura de David Gaitán como uno de los creadores teatrales jóvenes más importantes de nuestra época. Responsable de otros geniales títulos como Simulacro de idilio o La velocidad del zoom del horizonte, Gaitán sabe manejarse entre la ficción, el análisis y la crítica social con ingenio y sumo cuidado para que sus textos tengan apertura a un público general (en la mayoría de los casos) que pueda entender de lleno e inmiscuirse en la trama. Un dramaturgo al cual no hay que perderle la pista.

En esta ocasión, el texto nos habla de la necesidad de pertenencia de los seres humanos;  Sabernos parte de algo o de un todo ha sido desde siempre una necesidad básica para descubrir quiénes somos, cual si no pudiésemos existir sin formar parte de algo más grande, ahí es donde Gaitán introduce la empresa de la guerra, ubicándose en un hecho ficticio de la Revolución Mexicana que invita a mirar el pensamiento social de 1910 a través de la narración de diversas posturas que lo acercan inevitablemente a la modernidad.

14 de los habitantes, del pueblo en el que nos sitúa el autor, se unen para relatarnos los hechos del día en que los ejércitos revolucionarios se encontraron. Vemos una evolución radical de las necesidades personales de cada personaje, cada uno busca alcanzar una realización diferente en el movimiento que se alza, en la situación de sus vidas. Algunos quieren estelarizar y vanagloriarse, otros tan solo buscarán la libertad u expiar algunos pecados, pero en general hay un común: todos quieren vivir.

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Gaitán otorga el mismo peso a la voz de cada personaje, en una narrativa bastante cercana a la estructura postmoderna, cada relato va hilando el panorama lleno de colores que tiñen de sátira, crítica, compasión, poesía, humor y dulzura a la historia. Todos aportan información de manera orquestal, a un tempo que va creciendo y amarrando al público a su paso. Generando una arcada dramática bastante poderosa que provoca entrañarse de inmediato hacia aquello que nos están contando.

La visión de Cervantes como director vuelve aún más franca y honesta a la obra. Pone a sus personajes sin más elementos que sillas, veladoras, algunas macetas con flor de nube y vestuario de tonos, adecuado de la época. Les da a sus actores la posibilidad de explorar con profundidad los detalles de sus líneas, adentrarse en la piel de cada personaje y exteriorizarlo en gestos y movimientos marcados con sumo cuidado en el discurso. Guarda bastante limpieza en sus trazos, para que toda la audiencia pueda recibir lo que se está provocando de desde dentro de cada palabra y acción contada, hacia la resolución externa que hay en cada cuadro.

La delicadeza de Cervantes, sumada a la fuerza dramática de Gaitán, generan un producto que engancha de manera total al espectador y culmina siendo enternecedor, contestatario. Los protagonistas de la obra están envueltos en un proceso del cual realmente no forman parte directa, pero se ven afectados, ¿Cuan familiar puede sonar esto?

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Esta puesta dice ser una historia que quizás no sería jamás contada puesto que solo 14 personas fueron víctimas de ella. En nuestro México actual tenemos otra historia protagonizada por 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero, y la respuesta de nuestras autoridades ha sido tan indiferente que tal pareciera que su localización es otra historia que no valiera la pena contar por el número que representan. Estos nexos – involuntarios tal vez- a la contemporaneidad del país hacen de la puesta entera una maravillosa acción de respuesta y sensibilización.

José Concepción Macías , Iyasú Torruco, Marco Vidal, Daniela Baltazar, Carlos Kumukai, Sol Sánchez, Gabriela Ambriz,Francia Castañeda, Mari Carmen Ruiz,  Diana Magallón, Elizabeth Pedrosa,José Rafael Flores, Enrique AguilaryVerónica Bravo, estelarizan siendo un reparto homogéneo, entregado al ejercicio teatral con el corazón. Actuaciones frescas y amables que denotan entereza.

Hágase un favor y asista a someterse a la prueba del equilibrio, puedo asegurar que no se arrepentirá.

El amor es un cadáver y ellos llevan la piel

Una mirada más de eterna despedida y se cerró la puerta tras de mí. Había empezado a abrirse entre nosotros el inmenso abismo de la separación.

William Wilkie Collins

5 luces se encienden, una pareja en el escenario: hombre y mujer, cada individuo ocupa un extremo. Se han unido para tener una última conversación, se escucharán pero van a separarse, no cambiarán la decisión, es inevitable. Será una auténtica Clausura del amor, acción que da título a esta obra de Pascal Rambert dirigida por Hugo Arrevillaga, presentándose en el Teatro El Granero Xavier Rojas del Centro Cultural Del Bosque.

 Si la puesta en escena es dirigida por Hugo Arrevillaga hay altas probabilidades (si no es que totales) de que sea capaz de mover las fibras más sensibles de quien se acerque. Esta vez no es la excepción. Lo que se nos ofrece es una historia acerca del quebranto, desgarrar en dos partes una vida para abrir paso a un final, el final del amor.

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 El texto de Rambert presenta a una pareja que se ha disminuido y llegan ahora al punto de la despedida. El hombre comienza su discurso con palabras que atacan con coraje y fuerza, dando manotazos al aire, desesperado por expresar la necesidad de verse libre de las ataduras de una relación que en un momento lo fue todo y ahora deja solo hartazgo.

 La mujer atenderá paciente, tratando de no quebrarse ante la mirada del que fuera la razón de su vida, hasta que el turno de hablar llegue, tras haber recibido los ataques de una batalla que arranca pedazos de ambos. Ella no cederá su interioridad, responderá con una contrariedad absoluta luchando por recobrar su intimidad. Ambos se saben frágiles, se han conocido, disfrutado, empero son humanos y al cerrar un ciclo los seres humanos hacen esto.

 Así, el público se ve expuesto a una descarga de sentimientos impresionante que materializa el término del amor. El autor busca exteriorizar la importancia de reconocer al otro a través del rompimiento de la unión, adentrándose en las figura de la pareja para dejar la duda de si es el amor mismo quien arrasa con la integridad de los seres que se confían a él, o la propia acción de relacionarse como inevitable acto de la naturaleza gregaria.

 Luego se pueden tener varias opciones para verse afectado por el montaje: la primera es -irremediablemente- identificarse dentro del conflicto, partiendo de la experiencia propia o cercana del derrumbe de la estructura que da cobijo a los amantes. Encontrar que esa gama de emociones vertida enfrente ha sido de nuestra propia experimentación. 

 La segunda es tal vez más compleja, ya que consiste en conectar con  el entendimiento de los seres de la historia que se nos está contando, identificarlos como personajes comunes de la sociedad, humanizarlos y entonces ser empáticos a su sentir. Abrirse al simbolismo y violencia que acarrea en sí misma la idea del amor. ¿Cómo serán sus vidas frente al vacío que comenzará a abrirse paso entre ellos mismos para demostrar que nunca se podrán olvidar, pues han dejado más que solo personas, objetos y situaciones en común? Su esencia en el otro está y no la podrán desvanecer jamás.

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 Arrevillaga quita toda sombra y deja claro el panorama, volviendo directo el horror con movimientos coreográficos fuertes y sutiles, acompañados de inserciones suaves de un sonido que incrementa la tensión. Sus actores nunca se tocan, se clavan estocadas constantes una tras otra y se derriban en el limpio espacio escénico con nada más que la fuerza de la semántica, logrando ejecutar entonces uno de los retos de dirección más notables de esta temporada al transmitir lo accidental del amor enteramente a la audiencia.

 Arcelia Ramírez y Antón Araiza serán los encargados de interpretar este intercambio, inmersos hasta el cuello en un vertiginoso tour de force, que demuestra la calidad actoral de ambos al crear un trabajo franco, apasionado, honesto, enternecedor y catártico.

 Antón conduce ferozmente su monólogo, adentrándose con delicadeza en los restos resquebrajados de lo que pudo ser, mientras que Arcelia hace de la inmovilidad de su espera un espejo de la brutalidad del discurso de su acompañante, para alzarse demoledora después creando imágenes auténticas e impactantes. La química de ambos es absoluta, todo lo que resta es belleza y lágrimas emergentes.

 El mundo es presa de este sentimiento. ¡Nos urge hablar del amor!, no vayamos más lejos de su ausencia en el noticiario de esta mañana.

Esta puesta es contestataria a la idea de que aun dejando la sangre en el suelo, el futuro es una esperanza para poder reconstruir lo que se ha demolido, desde dentro para exteriorizarlo.

 La potencia de la dramaturgia se funde con el genio de Arrevillaga, en amalgama con el talento de Ramírez y Araiza. Que sea imperdible vivir esta experiencia es hablar de más, queda implícito. Permitirse es necesidad. Hay que atender los temas del amor, o lamentar el ser ajenos.

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Sueños rosas, realidades mexicanas

“A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos.”

Gustave Flaubert

Rosa Mexicano, drama original del siempre contrastante Luis Ayhllón (La extinción de los dinosaurios), llega  debutante y flamante a la cartelera mexicana bajo la dirección de Martín Acosta, dispuesta a apoderarse de los fines de semana del Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque hasta noviembre.

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 Aquí hay una propuesta bastante cruda, envolvente, fiera y fuerte. Esta es la historia de una mujer que despierta en la oscuridad del bosque, rodeada de la nocturna atmósfera donde emergen varios personajes con aptitudes fantásticas y mágicas que ponen a prueba la veracidad de la realidad. Ella solo quiere llegar a la ciudad para volver a casa. Al tiempo, la historia de la misma mujer, una adolescente que espera paciente afuera de la más grande televisora del país para conocer a su actor favorito, hasta el día en que conoce a un productor que le promete presentarle al galán en cuestión. ¿Cómo ambas estancias extremas podrán hallar conexión?

 Comenzando por la calidad dramática que el autor propone, dónde las metáforas danzan al ritmo de la fantasía y los hechos de crítica social contemporánea rompen con toda alegoría, esta es una obra cautivadora, estremecedora y hasta tétrica.

 Ayhllón no teme en usar todas las figuras que brotan de su mente para reflejar una cruel panorámica del star system residente en nuestro país, bajo el influjo televisivo. El autor monta situaciones llenas de cotidianeidad que aterran por su esencia al saberse ciertas. La fragilidad de una adolescente siendo tergiversada por una persona con poder que le promete maravillas a cambio de la entrega carnal; La tragedia deviene y frente a esto la mente exige formar otra historia que satisfaga más sus necesidades, aunque ya sea vano cualquier ejercicio para borrar los hechos.

 Para fortuna del producto, Martín Acosta entiende a la perfección la narración del autor, que se construye por  partes sin unión constante y las va poniendo sobre la mesa a un ritmo creciente y con tiento. Acosta encierra en una habitación  con muchas puertas a la soñadora y al sueño color rosa, intenso, rosa mexicano vaya. Es la misma tonalidad de la ensoñación la que indica que el viaje será encendido, cargado de emociones violentas y pasionales que se presentan ante el espectador con enigmas incomprensibles, los cuales al armarse en total develan una situación que deja caer la quijada en un silencio sepulcral.

 La puesta se antoja compleja e inteligente, resultando ambas al final. Empero, no hay insinuaciones pretenciosas para decirle al público que necesita una capacidad de análisis ejercitada para llevarle el paso a la acción, al contrario, el director cuida los balances para permitirle al respetable apreciar cada detalle y gozarlo. Enmarca los giros en la trama tensando más el arco dramático y libera tensiones con  solidez inmediata.

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 Un discurso que exige dejar de dar validez a los falsos iconos, notar la corrupción y confrontar la integridad tanto de la ética como de la moral, teniendo raciocinio sobre los grupos vulnerables, apoyando una formación crítica que forje individuos, no blancos de tiro.

 Precisamente lo anterior engloba la importancia de este montaje. Vivimos una actualidad tan violenta que se ha vuelto costumbre para cualquier nivel social. No es permisible tachar como usual un atropello humanitario. Así este título se suma a otras producciones tan exponenciales como Medea Material en pos de encender antorcha, al menos dentro de cada mente.

 Rodrigo Virago, Francisco Cardoso y la siempre genial Aída López acompañan a Gimena Gómez como la protagonista de esta historia. Un elenco homogéneo, dónde cada actor luce en el rango que se le delimita, permitiendo además que Gómez se alce con una interpretación precisa y enternecedora, tan emblemática sin duda para su carrera como su Dora en Feliz Nuevo Siglo Doktor Freud.

 No se puede ver solo una vez este montaje, es un producto que se tarda en digerir y necesita bastante atención. Hay  influencias de A Través De El Espejo, Mullholland Drive y hasta Dancer In The Dark, pero lo impactante, es la influencia de la contemporaneidad mexicana. Imperdible.