Boris, la elegancia de la experimentación musical

BorisLAN
Boris. Wata, Takeshi y Atsuo

Cuando se va a un concierto, los asistentes, por lo regular, gustan de la agrupación que van a presenciar y tienen cierta predisposición debido al conocimiento del trabajo de su agrupación o músico preferido. Sin embargo, en un festival de música totalmente fuera de lo comercial, Aural, no sabes qué esperar.

Liturgy
Liturgy y su black metal

En el Lunario, la noche pintaba para sorprender con Boris, se tenía justo esa expectación, ¿qué tipo de show nos darán? Japoneses en tierras mexicanas, rock sin una clara etiqueta, banda de culto consagrada con su trabajo de más de 15 años, pero desconocida en este lado del Pacífico.

Monogatari fue el grupo encargado de abrir la velada, un sonido del screamo al trash, con medias que simulaban máscaras como vestuario y una presentación corta, hizo mover varias cabezas entre la multitud. Liturgy dio paso a las presentaciones internacionales, el dúo sonó su black metal a los asistentes, quienes los recibieron de manera calurosa

Sin embargo, el público no podía esperar a ver a los japoneses. Al salir el trío nipón, los escuchas no pudieron guardar la emoción. La banda inició con canciones tranquilas, y como era de esperarse, su sonido exploró un vaivén de sutileza, por momentos, y rugidos y estruendos de las guitarras en otras piezas musicales, por parte de Wata y Takeshi, quien también se encarga del bajo, mientras Atsuo le daba la teatralidad a la presentación detrás de su batería y su enorme gong, disfrazado con la actitud de trascender, guió la presentación y terminó surfeando entre la multitud de espectadores al cierre de su participación.

Wata
Wata y el poder de su guitarra

Wata, la fémina, exhibió la dualidad de la cultura japonesa en torno al rol de las mujeres. La elegancia de su presencia, de su interpretación vocal y musical detrás de la guitarra, mostró que a pesar de su género, tiene actitud y aporte musical, más allá de ser solo el elemento decorativo, a pesar de venir de una cultura donde las mujeres son sumamente cuidadas por los hombres japoneses, deben aún guardar recato, muy diferente a la libertad, aunque se les permite desarrollarse tanto personal como profesionalmente donde ellas decidan. Una lección para aquellas quienes gustan de la música y sienten miles de trabas por recorrer en cuanto a la interpretación o simplemente, plan de vida.

Boris vino a México a tocar música y así lo hizo. Complació a un público expectante de conocer su sonido, tanto en vivo como por primera vez, mostró por qué su trabajo no entra en ninguna etiqueta más allá de la exploración de acordes y arreglos, lo suyo, es la experimentación, la ruptura de categorías, la destreza musical.

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