Bienaventuradas las sombrillas, pues resguardarán al amor verdadero

septiembre 18, 2014

Por:

Arte, Cine, Extras, teatro

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¡Ay la cotidianidad de la vida!, al despertar nos topamos con diversas posturas ofuscadas a tratar de confrontar nuestra existencia golpe a golpe: un espejo, de frente a alguna prenda que ya no nos queda, dado el crecimiento de nuestra masa grasa corporal quizás y que ridículamente trata de abrirse paso entre la carne para verse fallida al final. Sumemos el descubrir una cana más en nuestro cabello, la ingrata se asoma a la vista de los ojos enmarcados en bolsas que más bien son del supermercado y cargan la despensa de un mes. Con desánimo nos damos cuenta de la ausencia de nuestra jovial actitud y caminamos a la puerta con decisión mezclado con desánimo, para afrontar un día más.

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 En víspera del año nuevo una lluvia torrencial cae sobre las calles de la ciudad. Un hombre espera en la esquina bajo un paraguas grande, una mujer baja apresurada de un taxi con una sombrilla pequeña solo para descubrir que ha olvidado sus pertenencias en el vehículo que se aleja. Él le ofrece intercambiar sombrillas, pero ella se niega, fría y violenta en su discurso. Al final accede, tras un rato ella lo acepta de acompañante a la cena familiar junto a su religiosa tía y su anoréxica hermana. Ella es Marissa, él es Sergio y tal vez realmente no estaban tan solos.

 La Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque presenta  una comedia deliciosa para reír de principio a fin sin dejar de reflexionar a cada momento. Santificarás las fiestas de  Conchi León, dirigida por Boris Schoemann aparece como una solución eficaz al divertimento, empero de una proposición de análisis a las relaciones humanas fuera del estereotipo familiar. Dentro del marco de una familia disfuncional la historia se desarrolla con detenimiento y agilidad.

 Para configurar la estructura de esta obra, la autora navega entre los efectos de la perdida para exprimir los tintes cómicos que pueda ofrecer. Marissa, su hermana Otilia y su Tía Felisa han perdido un año atrás a la madre de las muchachas, suicidio. El espíritu de su madre ronda la casa, toma asiento en la mesa, platica con la tía, pero aun así está ausente para sus hijas. Tres personajes que cargan problemas anímicos fuertes pero deciden esconder sus dolencias bajo una careta de autonomía que reacciona violenta al contacto. Tres tristes tigres tragaban trigo en el trigal, pero aquí solo observan el trigal y se guardan el hambre.

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 La tía aparece en la vida de las sobrinas para unir su soledad a la de ellas en espera de sentirse acompañada de un imaginario calor familiar, Marissa vive con la pesadez de ser ella misma refugiándose en la comida tras una decepción amorosa, Otilia busca sacar el miedo de su sistema sacándose la comida en el esfuerzo. Ninguna quiere caer en el fondo que llevó a la muerte a la desaparecida madre, pero al unirse se esfuerzan sin querer en empujarse mutuamente a tal extremo. De pronto un extraño propone admirar dicho cuadro en vez de reprocharlo, sacar sus virtudes y hasta aprender de ellas ¿Cuál desesperante o  encantador sería que alguien amara nuestros enormes defectos a primera impresión?

 León escribe en contra del convencionalismo, busca romper el esquema familiar y la rutina de las celebraciones decembrinas con un trago amargo que  posee un humor muy negro. No teme en brindarle a sus personajes rasgos delicados o un lenguaje soez, conoce muy bien la expresividad que esto proyectará y aprovecha cada palmo. Sirve una mesa con un banquete posiblemente suculento, del cual nadie come o bebe porque no hay sentido en el acto, el mismo es obsoleto, el festín es precario y perverso desde la mira objetiva pues la reunión ha dejado de tener un valor. Convoca a la carcajada plena pero con la reflexión de por medio.

 La dirección de Boris Schoemann aparece para complementar el pensamiento, situando a estos seres entre el sentimentalismo y un recoveco de soledad. Schoemann comprende las necesidades del diálogo agresivo e instala un tono de tal calibre en una familia que debiera ser cariñosa, pero no puede fingir o celebrar una partida. A pesar de esto se les propone afrontar la tormenta debajo de un paraguas, para poder avanzar bajo el agua, unidos, protegidos. No propone víctimas ni victimarios, sino la esperanza a sobrevivir.

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 Para despedir al año viejo  y tratar de comenzar una vez más, Schoemann convoca a la propia Conchi a darle vida al papel principal, exquisita en su interpretación, siendo dura y frágil al mismo tiempo logra cautivar y ser entrañable. Paloma Woolrich se torna en un elemento de fuga para la tensión ser la tía católica, entre ocurrencias y momentos de total debilidad la actriz se entiende altamente necesaria.

 Mariana Hartasánchez como la nefasta hermana provoca sentir compasión, enojo y frustración por dicho personaje, es esa persona tóxica con la cual no puedes vivir pero tampoco puedes dejar de vivir sin. Finalmente Alfonso Cárcamo aparece como Sergio, el nuevo “novio” de Marissa, y audiencia del embrollo familiar, siendo genial con sus intenciones y tonos. Este elenco se siente sólido, con una química eminente. La transformación de todos en la familia que recibe a un extraño o el extraño que experimenta la sensación e una familia es grata, genial y altamente disfrutable.

 No cualquier elenco puede sentarse a agredirse verbalmente y hacer reír al público sin hacerlo sentir incómodo o ajeno a los sentimientos que portan las palabras; Al contrario, tocan al espectador y transmiten la intención del título mismo en valorar una celebración por el concepto mismo o por la simple valía que lleva escuchar y apreciar la existencia de alguien más sentado a la mesa, sea o no de forma física. Santificarás las fiestas es inteligente, sensible y bella.

 No es malo permitirse experimentar una compañía que nos enseñe a valorarnos, lo malo sería no permitírselo. Así como no llenar la Villaurrutia con esta imperdible puesta.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.