Ya son 20 años sin la reina

El 31 de marzo de 1995, Selena Quintanilla Pérez, la reina del Tex-Mex, fue asesinada de un balazo en la espalda por Yolanda Saldívar, quien fuera presidenta de su club de fans, administradora de sus boutiques y amiga de la cantante. Desde entonces, la música latina no ha podido llenar ese hueco tan grande que ella dejó. A 20 años de su muerte, se le sigue recordando a través de conciertos tributo, transmisiones de Selena Live en televisión nacional, así como también la película de su biografía, Selena, protagonizada por Jennifer López (quien por cierto, despuntó a la fama después de este papel), discos recopilatorios o simplemente fans que no paran de escuchar y bailar sus canciones, sea 31 de marzo o no.

tumblr_msaveplrVI1qdoj20o1_400     ¿Cuál es el motivo del éxito y fama de Selena? Reivindicar a la mujer en un género musical que, hasta entonces, era sólo por y para varones, así como también enaltecer el nombre de México en los Estados Unidos, figuran entre las razones más fuertes que lograron que el nombre de Selena perdurara. Si bien es muy criticado que la cantante no tuviera un español muy fluido a la hora de hablar y que en sus roces con la prensa esto fuera notorio; así como también la proyección, en ella misma, de los sueños frustrados de su padre en el ámbito musical, Selena logró forjar un sentimiento de identidad que se consolidó, paradójicamente, al ella morir. Selena, entonces, se convierte en un ícono de la resistencia femenina, así como también del inmigrante mexicano en los Estados Unidos.

        De acuerdo con esta idea, viene a mi mente aquella escena de la película cuando su padre le dice: “Debemos probar a los mexicanos lo mexicanos que somos y probar a los americanos lo americanos que somos; debemos ser más mexicanos y más americanos al mismo tiempo”, y para muestra un botón: la trayectoria y legado de Selena.

        En una opinión muy personal, Selena es mi cantante favorita desde que tenía unos seis años. Desde la primera vez que vi la película basada en su vida y por herencia de mi madre y mis tías, Selena se convirtió en uno de los íconos femeninos más grandes para mí en muchos ámbitos. Saber que murió siendo tan joven y en la cúspide de su éxito pone en tela de juicio, para mí, el rumbo que tomaría su carrera, es decir, ¿hubiera mantenido esa línea?, ¿seguiría haciendo música para la gente y para traspasar fronteras?, ¿mantendría su lugar entre las mejores cantantes de música latina en Estados Unidos?, ¿hubiera ganado un segundo Grammy? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que el título de reina se ha fortalecido, incluso 20 años después de su muerte.

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Selena Live ! from Cuby 2013 on Vimeo.

¿Qué pasa con el reggaetón?

Meses atrás en este mismo medio, escribí una nota que lleva por título “¿Por qué lo naco es chido?”, donde señalo, entre otras cosas, por qué lo naco es intolerable y difícil de asimilar a ojos y oídos de “la gente cool”. Esto tiene fundamento en que lo naco carece de cultura y erudición. Y, justamente, me es inevitable relacionar esta cuestión con el tema del reggaetón.

 Para empezar, ¿de dónde viene el reggaetón? Según lo que encontramos en internet, el reggaetón nace de la mezcla de varios ritmos: el reggae, el raggamuffin, el rap, el dancehall y el dembow, con diferentes variaciones a lo largo de las últimas dos décadas del siglo XX. En un principio fue llamado “reggae en español”, el cual surgió de un intercambio cultural y musical entre Panamá y Puerto Rico. No obstante, fue en el segundo país donde el reggaetón adquirió mayor popularidad y su nombre pasó de “reggae en español” a “reggaetón”, como una extensión de la palabra “reggae”; esto porque el género que estaba naciendo era concebido por sus artistas como algo grande, y como a lo grande en español se tiende a ponerle al final la sílaba –ón… pues el resto es historia. Artistas como El General y Nando Boom se mantuvieron en las listas de popularidad desde finales de los 80. Más adelante el género se extendió por todo el Caribe y el resto del continente, encabezando a través de sus letras un movimiento de identidad y resistencia hacia el imperialismo cultural producto de la presencia de Estados Unidos en América Latina.

 No obstante, es evidente que este objetivo ha cambiado mucho a lo largo de los años. Desde que el reggaetón –digamos “nuevo”– empezó a sonar en México con Daddy Yankee y su primer éxito “Gasolina” en el 2004, hasta la actualidad, queda claro que es un ritmo que las clases más bajas bailan como si de dos perros apareándose se tratara (perreo), cuyas letras hablan de calle y de mujeres como objetos sexuales. En Cuba y Guatemala está prohibido el reggaetón y muchos lo han celebrado porque es un ritmo que incomoda tanto a la vista como a los oídos; no se ve bien una mujer rozando su trasero de manera sensual en el pene de un hombre. Tampoco se ve bien que las clases marginadas de los países latinoamericanos expresen sus inconformidades e ideales a través de la música. A través del reggaetón.

  Regresando a la concepción de lo naco como una muestra de la ignorancia de algunas personas en cuanto a música y apariencia se refiere, en México es común que quien escucha reggaetón sea tachado de ignorante, delincuente y drogadicto que no sabe respetar a las mujeres. En México existe una tribu urbana que surge de la penetración de este género a principios del 2000: los reggaetoneros, quienes adoptan la estética de sus cantantes favoritos. Por lo regular viven en barrios populares, siendo Tepito la mayor referencia, lugar donde se concentran los niveles más altos de delincuencia, pobreza y violencia de la capital metropolitana. Es por ello que despectivamente se les ha llamado “chakas”, aunque ellos se sienten identificados con ese nombre: “yo soy chaka, tepiteño, me gusta el reggaetón y el perreo”.

  Y es que escuchar y bailar reggaetón no te hace un delincuente o un ignorante. He escuchado decir a varias personas que este género carece de creatividad y de sentido, al ser una mescolanza de diferentes ritmos que desemboca en letras que rompen la (¿poca?) armonía de los mismos. Realmente yo le atribuyo este rechazo, más que a otra cosa, a que se trata de una música que se oye en los barrios, que los chavos de Conalep ponen en sus fiestas mientras se dan una monita de Kool-Aid y las niñas quedan en topless. Y es que sí, como en un principio lo dije, parece que la gente tiene que nacer con un chip de intelectualidad y de cultura que, automáticamente, debe rechazar absolutamente todo lo que no demuestre que está a su nivel.

  Lo chistoso es que muchas de estas personas que rechazan profundamente el reggaetón y que son capaces de bajarse del camión si esa música está sonando, en secreto lo escuchan. Personalmente, desde que el reggaetón llegó a México, es un género que me gusta mucho. Iba en sexto de primaria cuando por primera vez lo escuché y logró ponerme a bailar, sin embargo, con el tiempo y por la presión social, claro, tuve que negar que me gustaba e incluso alguna vez lo odié. Poco a poco fui volviendo a aceptar mi gusto por él y logré sacarlo de mi lista de gustos culposos.

 ¿Gustos culposos? Nada con menos sentido que eso, porque si algo gusta, no tiene por qué dar culpa. Eso es algo que se nos ha enseñado sin parar desde que nacemos: a sentir culpa por lo que nos hace felices. Hay que poner atención en esto, gente. Ordenen sus prioridades por encima de lo que puedan pensar de ustedes.

 Para terminar, es importante aclarar que no intento cambiar la percepción de absolutamente nadie frente a este género musical, sin embargo, creo que es importante que dejemos de alzarnos el cuello frente a lo que es “diferente” a nosotros, ¿me explico?. Más de uno de los que están leyendo esta modestísima nota han perreado hasta abajo y sin piedad. Aunque tengan maestría, doctorado y les guste el jazz.

Los 20 son una segunda adolescencia


Cuando tenía 13 años recuerdo que vivía triste y angustiada por mil cosas. Que si el que me gustaba no me pelaba, que si me sentía fea, que si mis papás no me dejaban hacer nada, etcétera. Sin embargo, esa época de poner jeta para todo y estar incómoda con mi cuerpo creí haberla superado. Pero no. Actualmente estoy como a los 13. Los 13 reloaded, casi 10 años después. Y no sólo yo, muchos de mis amigos y amigas que están por terminar la licenciatura también están retornando –sin querer queriendo- a esa época, cuando My Chemical Romance estaba en el top y comprábamos la revista Grita. Siento que ambas edades son comparables por el hecho de que las sensaciones son las mismas que cuando eras un adolescente bebé frente a muchas cosas que están por cruzarse en nuestras vidas a partir de ahora. Y se pondrá peor.

         Supongo que estar en los 20 y que tu sentir evoque a la adolescencia (la primera) no es una cuestión de chavoruquez o algo por el estilo. Simplemente, el sentirse bien chavo aunque tengas 22, 23 años frente a las cosas, es muestra de la negación de la realidad, de negarnos a vivir en ella. Esto es porque sabemos a lo que nos atenemos. Evidentemente ya no es como antes que no sabías si tu acné vulgar iba a dejarte el rostro marcado o no, sino que ahora sí sabes lo que viene y te resistes a aceptarlo. No estoy hablando de que no crecimos, sino de que crecimos y estamos en un limbo entre querer crecer y no, ¿me explico?

         Esta terrible sensación puede llegar a moverte el suelo de una forma en que no esperabas. Hay varios ejemplos de ello, pero entre los que mejor ilustran esta situación están la pareja y los estudios. Es decir, tienes una relación digamos larga, estable y medianamente decente y de pronto algo dentro de tu pequeño y alcohólico ser empieza a dudar al respecto y entonces decides terminar porque empiezas a pensar que ya es mucho tiempo y el tren ya se te fue (o todavía no llega). El segundo ejemplo es cuando estás por terminar una carrera profesional que en un principio te gustaba y de pronto deja de hacerlo y sólo estás ahí porque ya te faltan pocos créditos. Por otro lado, estás a nada de que se te acaben los privilegios de ser estudiante (seguro médico, becas, biblioteca..), pero ya no quieres serlo porque estás llegando al límite del hartazgo, incluso si lograste superar la fase de odiar tu carrera. O de plano abandonas y te metes a un taller de algo súper hippie que no te dejará nada bueno al final, todo por no poder con la responsabilidad que conlleva concluir las cosas que empiezas. Es una situación desagradable porque te encuentras en la delgada línea entre ser un adulto responsable y exitoso (en cualquier rubro en el que te desempeñes), o ser un frito de veintitantos que no sabe ni lo que quiere aún

         Vivir con tus papás es algo comodísimo, pero imaginarte a los 30 viviendo aún con ellos puede ser una gran tortura porque sabes que te encuentras en un eterno círculo vicioso entre la hueva, el hartazgo y las ganas de salir de eso. Todo al mismo tiempo. Estás muy chavo para hacerte responsable pero también ya estás viejo como para no hacerlo.

         Son diversas las situaciones que te hacen sentir como todo un puberto que no puede hablarle a la chava que le gusta, o como una puberta que sufre sin porque no le han crecido los senos. Pero creo que deberíamos estar tranquilos, ya que el segundo piso está padre. Justamente esa condición de joven puede tener miles de ventajas si lo vemos detenidamente, sin embargo, de las crisis nadie se salva. Ni en la primera ni en la segunda adolescencia.

Rescatando al unicornio azul

Es gracioso cómo no tener inspiración para escribir nada te lleve a escribir sobre ello. Ahora mismo estoy escribiendo de cómo nada de lo que me rodea me inspira a escribir una buena nota. Miro a mi alrededor y, como pequeño objeto de inspiración encuentro a mi gata sentada, medio dormida en el regulador de energía que está junto a mi computadora, porque es un sitio caliente y además vibra un poco. Pero más allá de ello, nada. Ni siquiera el mal de amores que he venido cargando desde hace casi dos semanas me provoca la sensación de plasmar sentimientos en papel. Hay gente triste que escribe grandes obras, pero también gente triste que no es capaz de encontrar nada que sirva de punto de partida a la creación.

 Todos los que comunicamos nuestros sentimientos a través de la escritura, la música, la pintura o cualquier arte hemos padecido de crisis como estas. El mismo Silvio la padeció y, a partir de ahí, creó una de las mejores metáforas que he escuchado. Me gustaría ser así. Encontrar inspiración y crear metáforas hermosas en las cosas que me rodean. Pero también pienso que las personas comunes deberían desarrollar esa capacidad. En realidad existe, pero hay algo que no deja que aflore. Estoy empezando a suponer que la insensibilidad se ha normalizado en mí, en nosotros.

 ¿En qué momento dejamos de ver a nuestro alrededor y contemplar aunque sea las hojas de un árbol? Puede sonar absolutamente cursi y trillado, sin embargo, considero que en tiempos como estos las personas vamos caminando por la vida como zombis. Zombis que se despiertan, toman café, van al trabajo que odian, o estudian algo que no les llena el espíritu, se atoran horas en el tráfico, en el transporte público, pelean, abusan…

       Es difícil encontrar una persona que logre sensibilizarse en los detalles mínimos que servirían de escapatoria a esta realidad tan dura y quizás absurda, a mi ver. Pareciera que nosotros mismos nos tapamos los ojos y negamos esa riqueza que probablemente esté presente hasta en la hoja seca que acabo de pisar. No observamos ni escuchamos y, lo peor, estamos conscientes de ello. Considero de vital importancia, de vez en cuando, reflexionar frente a las formas en que las personas reproducimos nuestra vida. Es decir, creo que esa reproducción debería ir más allá del ámbito económico y social. Supongo que el espíritu debería también alimentarse de alguna forma, para dejar de caminar por la vida como seres insensibles que no pueden ni siquiera crear un ambiente agradable para sí mismo dentro de tantas cosas negativas que parecen rodearnos en tiempos como este.

         Sin embargo, yo seguiré tratando de observar más y escuchar más, para así tratar de crear, por ejemplo, un escrito que vaya más allá de la crítica o la queja hacia mis momentos de crisis de la inspiración.

La gran enfermedad

¿Qué le está pasando a mi país? Está convulsionando y botando espuma por la boca.

 Todos los días al despertar, lo primero que hago es leer las noticias en mi celular. Es un hábito que no me gusta, pero que siento necesario. De antemano ya sé que serán malas noticias porque a diario pasa algo malo, más malo que el día anterior y mientras el día avanza va empeorando. Pareciera que día a día nos volvemos más resistentes al virus, a la enfermedad cuyas causas son: la indiferencia, la desigualdad y la violencia. Los síntomas a veces son inexistentes. Pueden pasar años y cuando menos se espera, la enfermedad ataca cada centímetro del cuerpo, invade los órganos vitales de nuestro país.

 Somos enfermos terminales de la desigualdad social más grave, no del mundo, sino de entre los tipos más agresivos. Nadie es compatible con nuestro tipo de sangre y quienes sí lo son, nos han dado las espalda dejándonos agonizar y prolongar más nuestro sufrimiento. La violencia pareciera ser el factor que nos hace inmunes y resistentes a la posible cura de este padecimiento que provoca miedo y una maldita parálisis que nos tira a la cama durante días, meses o a veces años. No existe vacuna.

 Nos han dicho que día con día la gran enfermedad podría empeorar, nos podría llevar al límite. La muerte nos acecha a diario de la manera más cruel. Es como si todas las muertes que suceden en el día fueran pequeños derrames cerebrales que nos dejan en estado vegetativo. Vivos pero muertos por dentro.

 Somos como aquél fumador con enfisema que sigue fumando dos cajetillas al día, como aquél alcohólico con cirrosis que bebe hasta quedar deshidratado y con vómitos.

 Nuestra sociedad está enferma. Enferma del “esto no me afecta a mí, que se chinguen los demás”, enferma de “el que no tranza no avanza”, enferma del “te violaron por puta”…

 Entre más agonizamos, más nos hemos aferrado a seguir en este mundo. Nos hemos acostumbrado a sufrir. Es por eso que recibir malas noticias día a día se ha normalizado y nos ha deshumanizado. Un humano no vive estando muerto al mismo tiempo.

MÉXICO ROTO 3

Nickelodeon y Cartoon Network: patrocinadores oficiales de las mejores infancias

Desde donde mi mente alcanza a recordar, las caricaturas que más me han gustado y que recuerdo perfectamente, incluso algunos diálogos de ellas, pertenecen a estas dos cadenas. Y no sólo yo, amigos y amigas de mi edad lo recuerdan perfectamente. Ya sea en el Canal 5 o en televisión de paga, todos disfrutamos por años de las caricaturas de Nick y Cartoon. Desafortunadamente, en la actualidad la calidad de su programación ha disminuido de una manera imperdonable. De caricaturas de la talla de The wild Thornberrys, a un triste, aburrido y sin sentido Sam & Kat, Nickelodeon ha dejado de ser un canal respetable. Lo mismo Cartoon y su Ben 10: todo mal.

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 No obstante, no estoy aquí para resaltar las carencias que actualmente inundan a estos dos canales, todo lo contrario: ¿por qué Nick y Cartoon se encargaron de hacer infancias felices a todos nosotros, los actualmente mayores de 20 años? Yo creo que el humor que se manejaba en las caricaturas que nosotros veíamos era un humor extraño. No puedo explicarlo con palabras, pero caricaturas como Coraje el perro cobarde o Aaahh!!! Monstruos, daban como cosita al verlas.  ¿Quién no recuerda esas escenas tan bizarras de Coraje? como cuando Don Justo se convierte en mariposa. Es rarísimo. O Krumm coleccionando uñas de pies humanas en un cofre.

 La Vaca y el Pollito, sin duda era de esas caricaturas que bien no podrían figurar en el género infantil por su contenido ácido e irreverente, pero que nos mataba de risa. Con el simple hecho de que una vaca y un pollo aparecieran como hermanos enfrentando situaciones adversas y graciosas era suficiente, además de esa alegoría al diablo con Trasero Rojo… ¡que belleza!

 Otra característica de una infancia feliz producto de las caricaturas de hace más de diez años, era cuando querías ser como los personajes de las mismas. Por ejemplo, cuando yo veía Rocket Power me entró el deseo de aprender a andar en patineta y patines. Cada que veía un capítulo deseaba vivir en la playa, surfear y pasarla así de padre como en Costa del Océano o patinar en Pueblo Loco, donde por cierto el dueño tenía rastas y era súper relajado. Por otro lado, de Hey Arnold! lo que más nos gustaba a muchos era su cuarto y las cosas tan cool que tenía, como su despertador. Era padrísimo que siempre estaba rodeado de amigos jugando baseball en la calle, además de que era el chico más honesto del vecindario, el cual era parecido a algún suburbio de Nueva York, y todos recurrían a él cuando tenían problemas. Helga era la mejor: era la niña abusiva del grupo y estaba enamorada en secreto de Arnold. Cómo olvidar el altar de él que tenía en su armario o cuando se quedó atrapada en su habitación el día que perdió su diario y cayó en manos de Arnold y Gerald.

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 Creo que he olvidado mencionar a Las Chicas Superpoderosas, quienes fueron las heroínas de muchas niñas de mi edad, y  a Johnny Bravo, cuya historia salía en esas pequeñas cápsulas que se llamaban Biografía Toon, donde también pudimos ver las biografías de Pikachu y Tablón, de Ed, Edd y Eddy. También se me estaban olvidando los Rugrats, cuyos primeros capítulos siempre van a estar entre mis favoritos, ya no tanto su última versión, la de los Rugrats Crecidos. Aunque pareciera que crecimos a la par.

 Creo que podría hacer una lista larguísima de por qué las caricaturas de Nick y Cartoon marcaron la vida de muchos desde la década antepasada. Una mezcla entre humor negro e inocencia era lo que los productores de dichas caricaturas intentaron plasmar por años y que, afortunadamente, muchos de nosotros a veces reproducimos, ¿o me equivoco? Qué gloriosos y felices tiempos.

“Miles de mujeres”, el nuevo video de Álvaro Díaz

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El pasado 22 de diciembre Álvaro Díaz, el rapero boricua que desde el año pasado ha estado pegando duro en México y Puerto Rico respectivamente, estrenó su último video el cual corresponde al tema “Miles de mujeres”. Este tema, a dúo con el reggaetonero Randy Nota y producido por Young Martino, lo hemos podido escuchar desde hace unos meses en su cuenta oficial de SoundCloud, sitio donde se encuentran todas las rolas de Alvarito

 “Miles de mujeres” es uno de los temas más cursis y melosos dentro de las rolas de Álvaro, ya que su concepto es un poco más gangsta, sin embargo, este tema inspira a más de uno a dedicarlo. El video, dirigido por Edward “Shoury” Santana, está presentado a modo de film, donde el protagonista es Álvaro y una chica que aparece como su pareja. Al estilo de Pulp Fiction, los dos asaltan una cafetería y una tienda de autoservicio, mientras Randy y otra mujer los esperan en un auto

 Del trap, twerking y las groupies que siempre aparecen en los temas de Álvaro, con “Miles de mujeres” cambia un poco este concepto al hacer una “versión” de Bonnie y Clyde, la cual se ve reflejada a través del video, mismo que hasta el día de hoy lleva más de 21 000 reproducciones en YouTube.

Ver arder (y no meter las manos al fuego), un cortometraje realizado desde la coyuntura nacional

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“La noche del 26 de septiembre del 2014, tras la emboscada en la ciudad de Iguala, Guerrero: hay seis muertos, 25 lesionados, 43 desaparecidos. La madrugada del 27 nos agarró dormidos…”

Con estas palabras da inicio Ver arder (y no meter las manos al fuego), cortometraje realizado por el colectivo Red de redes en colaboración con otros artistas. Tuve la oportunidad de charlar con Santiago Concheiro, uno de los miembros de dicho colectivo acerca del proyecto y de la creación de este cortometraje.

 En el marco de la coyuntura por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, surge la idea de generar un espacio de discusión política permanente y profunda a partir de todos los problemas que agobian a México. A través de distintas comisiones nutridas por compañeros de diferentes escuelas y espacios, se crea Red de redes. Precisamente dentro de estas comisiones, existe una dedicada específicamente a lo audiovisual (comisión de medios). Es así como a partir del análisis de la coyuntura y de los planteamientos que giran alrededor de esta, Red de redes se dispuso a realizar un video que apelara a lo humano y proyectara un mensaje político claro, es decir, una postura que respondiera a la pregunta: ¿qué sigue? (después de Ayotzinapa), asumiéndose los compañeros como sujetos activos en el proceso histórico en el que se vive, según Santiago.

 El cortometraje estaba programado para salir a la luz el pasado 20 de noviembre, día en que se realizaron diferentes movilizaciones en solidaridad con el caso Ayotzinapa, sin embargo, cabe destacar que fue presentada una primera versión durante la toma político-cultural de la Cineteca Nacional. Posteriormente se le realizaron arreglos y, a partir del viernes 28 de noviembre ha circulado por las redes sociales.

 La técnica usada en Ver arder… es óleo sobre vidrio. Desde que inicia podemos ver una serie de imágenes en stop motion, las cuales se mueven cual pinceladas mientras se escucha una voz en off. Para lograr transmitir este mensaje desde la técnica del óleo sobre vidrio, Red de redes realizó una convocatoria a los artistas que pudieran colaborar en las recursos plásticos, así como también para la musicalización. La creación del guión fue a partir de diferentes textos escritos por los miembros de dicho colectivo. Así pues, Ver arder… es un collage de ideas y textos que, de manera simbólica permiten expresar esta postura política de la cual se habló al principio a través de la creación. Simbólicamente, el cortometraje representa la toma de los recursos audiovisuales como un medio más de expresión del descontento frente a la violencia en la que el país se ha visto envuelto.

 Ver arder… señala la urgencia de no olvidar, de estimular la memoria a partir de los eventos que nos apremian y no dejar que “la efímera coyuntura”, como proclama esa voz en off, nos permita olvidar. La conciencia no debería desarrollarse sólo cuando los muertos sean nuestros, la indiferencia también nos vuelve cómplices. “Hacer de la rabia actos” es uno de los mensajes más importantes dentro de este cortometraje. Ayozinapa sólo es la punta del iceberg que ha hecho a los mexicanos abrir los ojos, tal cual se nos muestra al final del cortometraje cuando aparecen varios pares de ojos abriéndose uno por uno a la realidad.

Sweatshop: moda barata de la muerte

Muchas veces, al observar la etiqueta de la sudadera que acabas de comprar en Forever 21 o cualquier tienda de ropa cuya marca sea reconocida a nivel mundial, además de las instrucciones de cuidado y la talla, encontramos el “Made in Vietnam”, “Made in Camboya” o cualquier país asiático que quizá ni nos pase por la mente que existe. Pero ¿alguna vez haz pensado quién estuvo detrás de la máquina de coser que hizo cada una de las costuras de esa sudadera tan padre que traes puesta? O, ya yéndonos muy al extremo, ¿cuánto ganó por ello? ¿cuántas horas trabajó? ¿le pagaron siquiera? Es bastante conocido que en los países de economía periférica (subdesarrollados) las condiciones laborales sean precarias y los salarios estén por debajo de las necesidades básicas del trabajador, sobre todo en industrias como la textil. Sin embargo, el tema se presta a una reflexión más allá de estas condiciones.

 En abril del presente año, el periódico noruego Aftenposten creó un reality show donde tres blogueros de moda de ese mismo país Anniken Jørgensen, Frida Ottesen y Jens Ludvig Hambro Dysand— viajarían al sudeste asiático por un mes, específicamente a Camboya, para conocer las condiciones laborales de quienes se encargan de coser la ropa que cada temporada está en los aparadores de tiendas como H&M. De este reallity salió una serie de 5 capítulos, titulada Sweatshop dead cheap fashion, los cuales, a modo de documental, muestran las condiciones laborales y de vida de los trabajadores. Los jóvenes tendrán que conocer las condiciones por ellos mismos, es decir, tendrán que sentarse por 12 horas frente a una máquina de coser y vivir con el equivalente a 3 dólares diarios para pagar el alquiler, la comida y la vestimenta. Cabe señalar que Sweatshop es una expresión inglesa utilizada para señalar a los talleres de explotación laboral (maquilas) que normalmente presentan condiciones precarias y salarios de miseria en los países tercermundistas, sobre todo asiáticos.

 Es muy importante señalar tres cosas de dicho documental. La primera sería el hecho de que estos tres jóvenes, provenientes de un país de primer mundo, pertenecen a la clase que tiene la capacidad de gastar hasta 600 euros al mes sólo en ropa. Ludvig, al principio del documental señala que compra mucha ropa y al final suele no usarla. Así que, desde aquí, podemos explicarnos en qué contexto se está desarrollando dicho documental y qué pretende reflejar en quien lo vea. La segunda cosa que llama la atención al mirar Sweatshop es el choque cultural entre el primer mundo y el tercero. Pensar Noruega y Camboya en un mismo plano parece difícil, sin embargo, en este caso podemos observar cómo se reconoce la otredad de los habitantes de Camboya conforme los jóvenes van conociendo sus condiciones de vida y la manera en que sobreviven. Y en un tercer plano, la forma en que los jóvenes visitantes tratan de entender la manera de vivir de quienes trabajan en las maquilas: dormir en un departamento de 50 dólares al mes con un sueldo de 3 dólares al día y comprar comida y enseres con ese salario. No debemos olvidar el hecho de que ellos se acercan a conocer las historias de algunos de los trabajadores y eso les impacta mucho, hasta el punto de remover las fibras más sensibles de su conciencia y sus corazones.

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 Este documental también señala las demandas reales de los trabajadores de la industria textil en Camboya. La lucha que actualmente llevan a cabo gira en torno a percibir un mejor salario: 160 dólares, lo cual les permitiría mejorar sus condiciones de vida, por ejemplo acceder a una mejor alimentación para no morir por no poder satisfacer las necesidades más básicas. Sin embargo esta lucha se ha visto truncada por amenazas de muerte y represión pero aún así persiste.

 Sweatshop intenta hacer conciencia respecto a nuestros hábitos de consumo. Actualmente es muy común ver que algunas empresas independientes tratan de fomentar un consumo de moda “sustentable”. Incluso empresas importantes de moda han puesto atención en el modo de producción de sus prendas y qué tanto afecta al medio ambiente. Sin embargo se presta muy poca atención a quienes se encargan de unir cada una de las piezas de una blusa, una chamarra. Se cuestiona muy poco el hecho de que quizás el valor de un solo abrigo de esos podría cubrir el gasto mensual de una familia de trabajadores de la industria textil.

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 Pensando nuevamente en las preguntas formuladas al principio de esta nota, Sweatshop hace mucho hincapié en este asunto. Es normal que a los jóvenes participantes del reallity les impacte mucho la pesada jornada laboral que a veces los trabajadores la completan incluso sin haber comido. Y es que la reproducción del capital va más allá de las condiciones de explotación: las conciencias también son explotadas a favor del mismo sin importar la clase social.

Ayotzinapa está presente hasta en el arte: el performance de la ENAT

Desde el pasado 26 de septiembre del año en curso, México ya no es el mismo. Iguala, Guerrero, se convirtió en una trinchera más dentro de la guerra que ha sofocado a nuestro país los últimos años. Una guerra que se ha llevado “entre las patas” a miles de inocentes a causa de ese enorme deseo de poder y control de quienes la han orquestado. Sabemos quienes son. Sabemos y no.

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 La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos” ha sido, a lo largo de la historia de Guerrero y sus escuelas rurales, un semillero de guerrilleros, una cuna de “libre-pensadores” mexicanos que se han destacado por luchar desde la subalternidad por y para el pueblo. No en vano de ahí salieron importantes personajes como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, quienes impulsaron la guerrilla en el estado de Guerrero en los años 60.

 La disidencia ha permanecido, y es a partir de la misma en que nos podemos explicar los hechos del 26 de septiembre. 43 compañeros de los cuales no sabemos nada, no sabemos si están vivos o muertos. 43 compañeros que habían salido a hacer una colecta, por falta de recursos económicos, para costear un viaje a la Ciudad de México y hoy están desaparecidos. Es una rabia que se ha manifestado en diferentes sectores de la sociedad. Pareciera que el descontento ha llegado más allá de las aulas: señoras, señores, ancianos, niños, trabajadores, transeúntes se han unido al grito de: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

 En el marco de estas acciones por alzar la voz, tenemos un sinfín de muestras de apoyo, tanto en las marchas, los actos simbólicos en las calles, en los hogares, así como en el arte. Numerosos performances se han realizado como un acto más de protesta e inconformidad por la desaparición forzada de 43 compañeros de la normal de Ayotzinapa. Entre ellos, se encuentra el realizado por los compañeros de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), realizado el pasado 16 de octubre, en la explanada del Museo Nacional de Arte (MUNAL).

 Este performance rescata el testimonio del compañero Omar García, sobreviviente del ataque por parte de la policía federal hacia los compañeros de la normal de Ayotzinapa. Los actores aparecen vestidos con playera o blusa blanca, jeans de mezclilla y un pañuelo o paliacate rojo atado al cuello o la cabeza. En la mitad de la cara llevan pintada una línea con pintura blanca.

 De inicio vemos a los actores caminando sobre la explanada del MUNAL. Es muy interesante cómo empieza, ya que los compañeros van caminando, aparentemente apurados y sin rumbo alguno, mientras van hablando y, lo que se escucha, son los nombres, las edades, los apodos y la forma de ser de los normalistas desaparecidos, como si los estuvieran buscando, ya que algunos dicen “¿alguien lo ha visto?”, “¿alguien sabe dónde está?”. Esas descripciones han estado circulando en línea. Así pues, caminan y hablan, hasta que de pronto los vemos caminar rapidísimo y escuchamos que casi gritan mientras más van apresurando el paso. En ese momento paran de caminar, se quedan en silencio, y un actor grita: “¡Ya dejen de disparar, cabrones!”, haciendo total alusión al ataque. De pronto, todos se concentran al centro de la explanada y se cubren, cual si se resguardaran de las balas. Gimen, tiemblan y es notable que están asustados, temen por sus vidas. Es entonces cuando empiezan a recitar el testimonio de Omar, metiéndose en su papel, como si ellos fueran él durante el ataque.

 Mientras recitan a Omar, los actores corren de un lado a otro, se arrastran, gritan, se empujan, se toman de los brazos. Alrededor de la explanada, empieza a juntarse la gente y podemos observar a otros compañeros sosteniendo mantas que dicen: “¿Por qué nos asesinan? si somos la esperanza”, “México despierta”.

 Así se va desarrollando este performance, donde los actores gritan desesperados, algunos lloran. Casi para cerrar, dos de ellos recitan lo siguiente: “En México y en Guerrero, se mata gente, en esos llamados daños colaterales de su chingada política, que luchan entre ellos. Nosotros no queremos ser eso, queremos un México justo y libre”, tal cual lo dice Omar en el video de su testimonio.

 El performance termina con los compañeros caminando de nuevo, retirándose de la explanada, repitiendo “un México justo y libre”, y también, nuevamente, diciendo los nombres de los compañeros, sus apodos, preguntando sí los han visto. Al final, mientras se van retirando, una participante dice: “Tengo 19 años y me apodan el Chucky. Sólo espero que me regresen con vida para poder enseñarle a los chavitos”.

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Por: Pedro Sosa

 Observar los diversos performances hechos a partir de los ocurrido en Ayotzinapa, así como las muestras de apoyo por parte de diversos sectores de la sociedad en las marchas, los paros, la difusión de la información, la empatía que se ha hecho notable en la población mexicana, nos habla de una suerte de “despertar” de quienes habitamos este país. Un país que ha sido azotado por la violencia de la manera más dolorosa y perversa, lo que ha sembrado el miedo en todos nosotros. Pero no todo está perdido. Que una sociedad se levante en tiempos de odio y egoísmo demuestra que estamos más unidos que nunca, por los 43 y por todos los demás que claman justicia en México y para México. El uso del performance es sólo una muestra más de que las expresiones artísticas también pueden sanar una herida tan grande como esta. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

La ofrenda de Día de Muertos: elementos puros de la cultura mexicana

Al fin llegó esa época tan colorida y preciosa del año. Entre los olores, el clima y los sabores, el Día de Muertos en México es una fecha muy especial. En lo personal, mi favorita. Y es que, además de las fiestas, los dulces, las ofrendas, las catrinas, niños disfrazados en las plazas centrales de cada ciudad o estado, obras de teatro alusivas a la celebración y demás eventos culturales, es una de las tradiciones más antiguas y enraizadas del país.

 Si bien en otras culturas, como los egipcios o los griegos, la muerte representaba un objeto de culto mayor, en México la tradición no se quedó estrictamente en lo prehispánico y, aunque a lo largo de los siglos se ha ido mezclando con prácticas especialmente católicas, la esencia permanece. Cabe destacar que en 2003, la UNESCO declaró la celebración del Día de Muertos en México como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reforzando así el carácter trascendental de esta hermosa fecha.

 Pero lo que interesa destacar en el presente artículo, son las características del elemento más importante de esta festividad: la ofrenda. Sin ofrendas el Día de Muertos simplemente no nos daría esa sensación que yo podría definir como “estar en casa”. Es lo que distingue a la celebración de las demás fiestas típicas mexicanas, ya que representa el elemento clave de la presencia de sus raíces prehispánicas. Las ofrendas son un puente entre lo antiguo y lo cristiano/católico. Sin embargo, muchos pensamos (o pensábamos) que la ofrenda sólo consistía en poner los alimentos que más les gustaban a nuestros difuntos, algún objeto que nos hiciera recordarlo y claro, su fotografía. Pero más allá de eso, existen elementos simbólicos que nos ilustran esa ligadura de lo antiguo con las prácticas espirituales católicas que se fueron introduciendo poco a poco en las tradiciones prehispánicas desde el momento de la conquista. No obstante, cabe destacar que se empalman muy bien, y que en la actualidad sería difícil imaginar un Día de Muertos sin misas, sin rezos y sin santos.

 En fin, empezaré por decir que la ofrenda tradicional de Día de Muertos tiene elementos que enmarcan muy bien la cosmovisión de los mexicas: la muerte no representaba un fin como lo concebimos actualmente, sino que ésta se convertía en un paso hacia el ciclo infinito de la vida en compañía de los dioses. Y hoy en día esa visión permanece: cuando ponemos la ofrenda se cree que nuestros difuntos vuelven para degustar a través del olfato los alimentos y bebidas que dejamos en la misma. Creemos en una especie de vida después de la muerte, y eso resulta muy interesante cuando pensamos en los elementos característicos de una ofrenda.

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 Dependiendo de la región, las ofrendas son variables, sin embargo, estas deben tener siete niveles o escalones. Cada escalón del altar representa los niveles que se supone un alma debe superar para llegar al descanso eterno. Dentro de la cosmovisión mexica existía un proceso tanto para nacer como para morir, y en este caso, morir traía consigo estas pruebas en el momento que el alma abandona el cuerpo físico. Muchas veces los siete niveles también son relacionados con los siete pecados capitales.

 En cada uno de estos niveles deben incluirse elementos variados, por ejemplo, en el primer nivel se coloca la imagen de algún santo o virgen, por aquello de la influencia católica en la celebración. El segundo nivel de la ofrenda representa al purgatorio y, haciendo uso de hierbas de olor, incienso, copal etcétera, se cree que se ayuda al difunto a salir de esa fase y así poder continuar en su camino a la eternidad. Es el paso de la vida a la muerte.

 El tercer nivel está dedicado a los niños muertos, y ahí es donde se coloca la sal, que representa un elemento de purificación. En el cuarto nivel de la ofrenda es donde se coloca el pan de muerto, el cual tiene una forma muy interesante, ya que es un bizcocho redondo cubierto de azúcar, que representa el cráneo y los huesos. En muchas regiones de México, como por ejemplo en Mixquic, Xochimilco, podemos encontrar una gran variedad de panes de muerto, los cuales representan, también, el cuerpo, siendo de igual forma un elemento católico. No debemos olvidar esa estrecha relación de la religión católica con el cuerpo y la sangre de Cristo.

 En el quinto nivel del altar es donde colocamos la comida favorita de nuestro difunto, tomando en cuenta también la comida tradicional mexicana: tamales, mole, dulce de calabaza y de tejocote, así como también tortillas de maíz. No se deben olvidar las bebidas predilectas: café, chocolate, agua de fruta, tequila, pulque, rompope. Ahí depende más de los gustos personales. Incluso en algunos lugares se acostumbra a dejar la ofrenda la noche del 2 de noviembre, y al día siguiente ingerir los alimentos en razón de compartir con los seres queridos ya muertos.

 Finalmente, el sexto nivel está destinado para poner la foto de la persona o las personas de la familia a quienes está dedicado el altar y, en el séptimo nivel se forma una cruz de semillas o flores, representando así a la tierra como elemento. También esto lo podemos ver en los famosos tapetes de aserrín. El fuego está representado con cirios o veladoras en cada nivel del altar y el agua en un vaso, la incluimos para calmar la sed del espíritu. También se concibe como las puertas al inframundo, tal cual eran en la cosmovisión maya los cenotes.

 No debemos olvidar mencionar el uso del papel picado y las flores no sólo para adornar, en sí mismos representan elementos importantes dentro del altar u ofrenda. Por ejemplo, el papel picado representa al viento; y las flores como el cempasúchil, la nube y la flor de terciopelo, por sus colores representan diferentes cosas: las primeras, por su color naranja o amarillo nos habla de la tierra, la segunda con su color blanco, el cielo y la tercera de color morado representa sin lugar a duda el luto.

 Así pues, aquí tenemos cada uno de los elementos de la ofrenda tradicional de Día de Muertos, representando a la festividad con sus raíces prehispánicas, como ya vimos, y sus ligaduras con la tradición católica. Si bien otras tradiciones como el Halloween (celebración cuya raíz es completamente pagana) en México se han ido introduciendo, la celebración del Día de Muertos no pierde fuerza, y aunque varía dependiendo de cada región donde se celebre, aún es considerado un elemento fuerte de la identidad nacional. Y yo creo que año con año se fortalece. Y eso me pone muy de buenas. ¡A celebrar a (con) nuestros difuntos!

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Más de 43

Fue el 26 de septiembre, a principios de otoño. Esa noche, el sonido de las balas ensordeció muchos corazones, muchas esperanzas, muchos sueños. El aire tropical guerrerense dejó de exhalar brisa templada cuando todos supimos la noticia: eran 43, un número sordo, un número impar. Cuarenta y tres, 40+3, 4-3…43 puede ser un número pequeño, pero pesado: cargaba con tantos anhelos…

 43 anhelos que han permanecido amordazados, maniatados, sino es que dormidos, quemados, enterrados. Llanto por doquier, llanto de la madre de Jorge Aníbal, del padre de Felipe, de la hermana de Antonio… de la esposa e hija de Julio César, a quien le arrebataron el rostro en su intento por huir de las balas. Su cuerpo mutilado es el reflejo de la más dolorosa indiferencia, del sadismo de los que todo lo tienen, de la desesperanza, la miseria y el despojo.

 Ellos eran (no, no eran, son)… Ellos son esos chavos que provienen de familias campesinas, pero quieren superarse. Son quienes tienen el interés de compartir sus conocimientos, de enseñarles a leer a niños indígenas de la montaña que no hablan español. Caminaban de dos a cuatro kilómetros de sus casas a las escuelas cercanas a su comunidad. Por eso decidieron ir a la Normal, donde podrían comer y dormir para así aligerar los gastos familiares y valerse por sí mismos. Aunque fuera entre cucarachas, aunque tuvieran que dormir 10 en el mismo cuarto, no importaba, el fin justifica los medios.

 “¿Quiénes son esos pinches indios revoltosos?”, se leía y se escuchaba por ahí…quizás no lo sabemos, porque no son nuestros Emilianos, Israeles o Alexanders, porque sólo los hemos visto en las fotos que andan circulando. No les conocemos el rostro, pero sabemos que somos nosotros. Te das cuenta de que eres tú porque también eres estudiante, porque también corres el peligro de que te arranquen la vida por el simple hecho de ser joven y cuestionar lo que te rodea. Porque también te persiguen por pensar que puedes sacar del atraso a tu comunidad, porque te indigna nadar en la mierda y quieres salir de ella…

 Da rabia y coraje que los sueños de Abel y José Ángel “estén” enterrados en fosas clandestinas. Da terror imaginar el miedo y la incertidumbre de sus padres, de las madres campesinas que apenas hablan español, que no pueden entender por qué… ”¿Por qué nuestro muchacho? si él sólo venía a estudiar y superarse, ¿por qué me lo quitaron?”

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 Iguala ya no será la misma. Iguala está salpicada de la sangre de David Josué, quien con apenas 15 años sólo sabía de amigos y fútbol. Se los arrebataron. Las huellas dactilares del odio son la única y más palpable evidencia de esta soledad infinita que recorre los huesos de todos y cada uno de nosotros, quienes les lloramos. Y su cadáver está repleto de ellas.

 El rostro de Julio César vive en nosotros, no nos lo arrancaron. Aún tenemos ojos para mirar y boca para gritar que vivos se los llevaron y vivios los queremos. Y mientras “ellos” buscan a 43 muertos, aquí esperamos a 43 vivos, para gritar con esta misma rabia que queremos justicia. Juntos y vivos o que todo arda. Somos más de 43.

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Imágenes tomadas de internet, la última del facebook de Semanca Huitzilin https://www.facebook.com/temixoch

El individuo frente a la modernidad: un acercamiento a la vanguardia literaria latinoamericana

La modernidad es un tema que se puede debatir y abordar de diversas formas, sin embargo, es importante señalar que, a finales del siglo XIX y principios del XX es más tangible su presencia, sobre todo en América Latina gracias a su entrada en el capitalismo y la industrialización de las ciudades. Los cambios no sólo fueron en el ámbito socioeconómico, sino también dentro de los individuos que vivieron esa transición. Existen muchas manifestaciones artísticas que proyectan los sentimientos y hacen cognoscible esta realidad y, sin duda alguna, la literatura de vanguardia es una muestra importante de ello.

OJO: En este artículo no pretendo hacer un análisis exhaustivo de la misma, pero sí una descripción de sus características más importantes.

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 “La ruptura de la tradición y la tradición de la ruptura”, es como comúnmente se denominan a las vanguardias, tanto en la literatura como en otras artes. Y es que las vanguardias sirvieron para eso, para romper con una tradición, lo cual venía muy “ad hoc” con el proceso de industrialización y el auge de las ciudades fabriles en la primera mitad del siglo XX. Esa nueva realidad parecía ensordecer frente a los ecos de la tradición literaria, la cual devino en un boom de contra cultura. Y también de contradicciones.

 Es muy difícil definir a la vanguardia literaria de manera formal, es decir, presentar un listado de características específicas que nos permitan tipificarla. Existen muchas formas de definirla y a la vez son escasas, ya que depende mucho del contexto y la forma en cómo se enuncia y quién la enuncia. Sin embargo, una generalidad que predomina es la incomodidad y el pesimismo frente a un mundo completamente nuevo, a la dificultad que representaba vivir en una sociedad fundada en la cultura de consumo y deshecho, pero al mismo tiempo, las ganas de romper con los esquemas tradicionales dominantes del arte.

 La verdadera modernidad se hacía presente al culminar la Primera Guerra Mundial y, en el nuevo orden (ahora) mundial, el progreso y el desarrollo arrasaban incluso también con las mentalidades y los valores. La estética de lo inacabado prima tanto en el orden plástico como en el literario, y toda Europa se sacude en una dialéctica en las opciones estéticas, así creando las tendencias que llegaron hasta América Latina.

 Sin embargo, la vanguardia latinoamericana tiene un proceso muy particular que difiere del futurismo europeo, aunque conserva esa predisposición a refutar los valores del pasado y la apuesta por una renovación radical. La vanguardia latinoamericana en sí, se produce a modo de utopía, ya que al hombre nuevo se le exige proyectar un imaginario a futuro. Ese imaginario necesita de la metáfora para poder hacer más, digamos “soportable” esa nueva realidad. Esta fue la característica principal en los escritos de los años 20, donde es fácil reconocer rasgos europeizados de esa producción literaria.

 No obstante, existe una cualidad importante dentro de los autores vanguardistas latinoamericanos más destacados, y es aquí donde entran las contradicciones, las cuales, irónicamente, nutren a la creación de una vanguardia latinoamericana genuina y producida desde una realidad diferente a la europea.

 Y es que algunos autores, tal es el caso de Jorge Luis Borges, quienes empezaron su producción literaria vanguardista desde Europa al volver a América, se dieron cuenta de que la realidad difería y que su postura parecía una mala copia de lo europeo. Pareciera que la ruptura prevalece en la vanguardia latinoamericana en todos los aspectos, ya que, los autores mismos rompen con sus propias percepciones, rayando en la incoherencia. Esa es la esencia de la vanguardia: la ruptura.

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 En una postura personal, creo que la vanguardia literaria latinoamericana es un reflejo del individuo frente a la modernidad y su miedo a reconocerse dentro de esa nueva realidad. Las artes también son un reflejo del carácter periférico de América Latina en el mundo y, por ello, es que los autores formados en la vanguardia europea al generar la crítica hacia ese tipo de literatura, quieren romper, también, con esa realidad. La hostilidad frente a la modernidad no sólo está dentro de los poemas o novelas vanguardistas, sino también dentro de sus creadores. La nueva sociedad de consumo transforma la cultura también en un producto que puede venderse y también desecharse. El miedo a no trascender pero también a quedarse en el pasado son características del arte en las primeras dos décadas del siglo pasado. “La ruptura de la tradición y la tradición de la ruptura” no es más que una contradicción/dialéctica.

El segundo grito de Independencia de Peña Nieto: de acarreos, manoseos y rechiflas

La noche del lunes 15 de septiembre del presente año, se llevó a cabo la ceremonia por el 204 Aniversario de la Independencia de México, encabezada por “elseñorpresidente” Enrique Peña Nieto y su familia. Sin embargo, como ya todos sabemos, a estas alturas del partido, los mexicanos no tenemos nada qué celebrar el 15 y el 16 de septiembre. Desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de que el PRI regresara a los pinos.

 El “¡Viva México!” de Peña Nieto ya no retumba en nuestros corazones, ya no eriza la piel y ya no nos identifica como mexicanos. La ceremonia del grito de Independencia, hoy día, es un reflejo más de la amargura en que México se ha ido hundiendo.

 Y es que, particularmente desde la subida al poder de Enrique Peña Nieto, se respira un ambiente desolador, enrarecido. El gobierno no ha escatimado en destinar recursos para que la represión esté presente a cada momento, para que la violencia refute que permaneceremos así por mucho tiempo. Y la violencia no sólo se manifiesta a través de actos coercitivos por parte del Estado hacia quienes se muestran inconformes, sino que está y estuvo presente en los ojos de cada una de las personas que asistieron la noche del lunes 15 de septiembre a la plancha del Zócalo capitalino.

 El viva México (así, sin signos de admiración), fue opacado por mentadas de madre, por abucheos a la hijastra de Peña Nieto, por la protesta ciudadana ante el impedimento de libre tránsito por el Zócalo capitalino, secuestrado desde hace tiempo por la policía y el ejército, quienes el pasado 15 de septiembre hicieron gala de su poder protegiendo –por milésima vez- el cerco al Zócalo. Pareciera que lo protegen de algo peligroso, algo que inminentemente turbará la paz.

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El acarreo

Si bien Enrique Peña Nieto es un presidente, digamos “popular”, a juzgar por las cosas chistosas que hemos visto de él desde su campaña, hasta la actualidad (infraestrochtor), con el acarreo de personas para el grito de Independencia en el Zócalo el año pasado y el presente año, nos damos cuenta de que, al menos en la capital, la gente no reconoce a Peña Nieto como presidente. Y, por lo tanto, no son mayoría los que por su propio pie van a celebrar el grito al Zócalo. Es por ello que el gobierno toma medidas. Y estas medidas no son muy diferentes a las que se tomaron antes y durante las elecciones que hicieron llegar al poder a este sujeto: trayendo gente de otras entidades a los eventos públicos en la capital.

 Desde horas antes de la ceremonia, en las inmediaciones del Zócalo y gracias a las fotos que varios usuarios de las redes sociales hicieron circular, se pudieron observar los autobuses provenientes del Estado de México e Hidalgo. Se estima que al menos unas 30 mil personas se asentaron esa noche en la plancha del Zócalo, pero ni aún así lucía lleno, incluso menos que el año pasado.

 A cambio de dinero (100 pesos, como lo refirieron algunas personas entrevistadas), comida, transporte gratis de ida y vuelta, lunch de regreso y presenciar gratis el espectáculo de La Arrolladora Banda el Limón en el Zócalo capitalino, el grito de Independencia de este año lució un poco más desanimado, “aguado” e hipócrita que el primero del sexenio de Peña.

 La tradición priista de llevar acarreados a los eventos importantes de sus políticos puede que esté muriendo con nuestro actual presidente, sin embargo, mientras exista la necesidad y la ignorancia, los de arriba seguirán aprovechándose de ella para manipular e idiotizar a la gente que, a cambio de una torta, un refresco, un poco de diversión gratis y una limosna, son capaces hasta de vender su propia dignidad.

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El debut de la Gendarmería de Peña Nieto y la protesta del ciudadano

Gracias a las denuncias de algunos usuarios de Twitter y Facebook, a través de fotos y videos, muchos pudimos saber de qué manera se estaba resguardando la “seguridad” de nuestro querido presidente y su modesta familia. Y no sólo hablo de su seguridad personal, sino de la seguridad de que el evento fuera todo un éxito, y no se viera turbado por absolutamente nada.

 Todas y cada una de las personas asistentes al Zócalo fueron revisadas de pies a cabeza. En un evento de esta magnitud es, en cierta medida, normal que se revise por tacto (basculear) a hombres y mujeres, pero en este caso, el debut de la famosa Gendarmería Nacional quedará marcado especialmente por su revisión exhaustiva a los menores de edad asistentes a la ceremonia. Sí, se les revisó cual si fueran terroristas, como si los pequeños escondieran droga dentro de sus pañales, como si las ruedas de sus carriolas se transformaran en peligrosas armas que pudieran alterar el orden. Se ha dicho en algunos otros medios que les revisaban hasta dentro de su ropa interior.

 Y es que lo alarmante no es que un policía revise a un niño de manera invasiva e incómoda a su cuerpo, sino que los padres lo observan tranquilamente (o al menos eso es lo que se ve en las fotos difundidas) y no se inmutan ante semejante violación a los derechos de sus hijos.

 Así fue demandando en las redes sociales: una violación concreta a los derechos de los niños:

“Que cacheen a todo hombre o mujer que sea ingresar a la plancha del Zócalo es una grave violación a los derechos humanos. Pero que lo hagan con niños y bebés es una atrocidad mayor. En el caso de un niño su estado de indefensión es absoluta. Un joven o un adulto puede hacer valer el artículo 16 constitucional. Pero un niño carece de toda posibilidad de defensa. Quien haya dado esta orden absurda es una enfermo y un represor sin límites. No concibo que haya padres de familia que toleren semejante agravio, semejante infamia y tampoco concibo que haya policías que se presten a hacer una tarea tan deleznable”.

 Esta fue la demanda de Gerardo Fernández Noroña plasmada en su cuenta de Twitter, y no sólo él, sino activistas como Daniel Gershenson y Jesús Robles, al grado de considerar llevar el caso hasta la CNDH, cuyas líneas telefónicas los dejaban en espera y nunca atendieron el llamado.

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 Finalmente, ¿qué podemos entender con lo acontecido aquella tarde/noche?

 Yo creo que, desde el momento en que los ciudadanos no pueden caminar libremente por el Centro Histórico de la Ciudad y se le trate como a un delincuente (incluidos a sus hijos menores de edad), la primera dama vista un lujoso vestido diseñado por Oscar de La Renta, mientras los desastres naturales azotan cruelmente las playas del norte de la República y nuestro presidente tenga que valerse de acarreados para mostrar su legitimidad frente a las demás naciones, hay algo que está tremendamente mal.

 Celebrar el miedo, la violación, la represión y demás, sólo es una muestra de la terrible ignorancia que prevalece (y prevalecerá) en el grueso de los habitantes de nuestro país. Mostrar una sensibilidad nula ante la violación de nuestros derechos humanos es un acto despreciable, pero es más despreciable aún que, mientras haya dinero, comida y diversión de por medio, haya mexicanos dispuestos a celebrar su cruel realidad.

¿Por qué lo naco es chido?

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Naco es chido”. ¿Qué piensas cuando oyes esa frase?, ¿en Botellita de Jerez y su guacarock?, ¿en adornos de popote en las fiestas de cualquier colonia popular?, ¿en la Virgencita y San Juditas hechos de lentejuela y bordados en una bolsa de mercado?, ¿en reggaeton y chacas?, ¿en Los Temerarios?, ¿en que el lugar de la casa donde duerme tu perro sea la azotea?

De gustos culposos y osos

Los tiernos gustos culposos…hablando de ellos, me permito compartirles una experiencia muy personal. Cuando tenía 10 años, mis papás me regalaron el álbum “Amor Prohibido”, de Selena. Esto porque desde chiquita me gustaban sus canciones, la película y todo eso. Fue así como desde entonces, lo único que sonaba en mi discman era ese CD. Sin embargo, tiempo después fueron llegando a mis oídos otras cosas, por ejemplo el rock, que si bien siempre había estado presente por herencia de mi abuelo, fue en la adolescencia que quise adoptar su estética, tanto en la música que oía, como en la ropa que vestía y, claramente, en la actitud. Y una de las características de mi “nueva actitud” era despreciar toda la música que no fuera rock o metal o cosas así, y dentro de todo esto, se encontraba Selena, ya que sólo en La Z, o en los barrios feos donde nadie sabe de música, se escuchaba a la reina del Tex-Mex. Y eso, para mi mala suerte, era naco.

 Y, ¿qué tiene que ver mi desafortunado rompimiento con Selena con el título del presente artículo? Simple: no podemos negar que dentro de lo que llamamos naco, corriente, de mal gusto, existe un goce estético que, de algún modo, nos hace sentir bien, nos gusta, no pone chidos. Y eso era lo que yo sentía cuando escuchaba a Selena y veía su película.

 Pero, ¿qué es ser naco? Según lo que nos dice internet, naco se refiere a un individuo con gustos toscos en su manera de vestir, hablar y comportarse, así como también, deriva de ‘totonaco’, haciendo alusión al indio, ignorante, sucio, de piel morena, etc., así mismo repulsivo para la gente blanca y limpia. Finalmente, sabemos que es una palabra con connotación negativa, y tiene su raíz en el mal gusto.

 Eso me recuerda, por ejemplo, a viajar en metro o pesero, comer pescuecitos de pollo rostizado con salsa Valentina, comprar piratería, escuchar a Los Bukis, ver las películas del Santo, beber “aguas locas”, meterse al mar en ropa interior y/o una camiseta blanca que de tan vieja se ve transparente y usar maquillaje en exceso en el caso de las mujeres. No nos atrevamos a negar que todos, al menos una sola vez en nuestra vida, hemos hecho algunas de estas cosas, y nos hemos sentido chido, pero a la vez con culpa, porque qué oso…

Entre más corriente, más ambiente

No hablemos sólo de gustos musicales o de maneras de vestir, porque está claro que lo naco puede ser expresado de mil y una formas, y la frase de arriba engloba a varias de ellas.

 Por ejemplo, celebrar nuestro cumpleaños en una pulquería de mala muerte en el Centro Histórico, ir al sonidero y bailar hasta sacarle brillo a la pista, embriagarse con Tonayan y terminar hasta las manitas en las “trajas” (trajineras de Xochimilco); traer salsas y cumbias en el iPod, cuya lista de reproducción lleva por nombre “para las fiestas”, pero que con mucho gusto te echas en el trayecto de la casa a la escuela. Queramos o no, lo naco prende, pone contento y desata a los demonios más interiorizados de la persona en cuestión.

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Saliendo del clóset de la naquez

Pero, ¿por qué es tan catastrófico que tu mamá guarde el centro de mesa de la fiesta de XV años de tu prima? En parte tiene que ver con la poca cultura y eurudición que tienen los nacos, ¿no? Y simplemente, tomando en cuenta mi episodio con Selena y el rock, damos cuenta de esto: la “gente normal” no soporta a los nacos porque los nacos no saben ni de música, ni de moda, ni de ambiente, ni de nada. ¡EXACTO!

 Y, por otro lado, la televisión mexicana se ha encargado de fortalecer esta postura hacia lo naco, con programas como La Hora Pico o María de Todos los Ángeles, donde de manera exagerada, se hiperboliza esta tendencia a ridiculizar a quienes llamamos nacos. Sin embargo, no voy a negar que todos esos programas me han arrancado una que otra carcajada de aquellas, y sí, en la actualidad y tomando en cuenta el sector en el que me desenvuelvo (la Universidad) resulta más naco que nada ver estos programas, pero ni modo.

 Para finalizar, creo que lo naco merece que se le quite esa connotación negativa, y la única manera de hacerlo es saliendo del clóset. Sí, saliendo del clóset, porque estoy casi segura de que el grueso de los eruditos que leerán esta modestísima nota, tienen dentro de sus gustos más privados esa canción de Daddy Yankee, ese par de zapatos feos y ese capítulo del Chavo del 8 que los hace sentir bien chidos.

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Odio ser mujer

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No pretendo que estas líneas se conviertan en un manifiesto feminista, ni una lista de cien motivos más por los cuales odiar a los hombres y al “machismo feroz, rapaz y violento” que nos ha hundido, por siglos, en la subalternidad. Tampoco busco hacer conscientes a unos cuántos de mi situación, o de la situación de varias mujeres, o usar este espacio como vertedero de opiniones subjetivas, y mucho menos que se entiendan las razones por las que he odiado ser mujer al menos una vez al día desde que fui consciente de que era una. Una más.

 Odio ser mujer porque muchas noches he llorado hasta quedarme dormida pensando en que la naturaleza, Dios, o la vida se han equivocado muchas veces. Lo odio porque desde los seis años he provocado enojo a causa de mi precocidad. Darle mi primer beso a una niña, enamorarme y ser rechazada (por ser muy alta) a los 10, menstruar y desarrollar mis senos a los 11, robarme una tanga del supermercado cuando me fui de pinta en sexto de primaria, y que cuando mi mamá la descubrió, me dijera que las tangas eran ropa interior de prostituta (la palabra prostituta entró a mi vida en ese concepto tan horrible); dejar de usar blusas de tirantes o shorts porque en la calle me gritaban cosas horribles referentes a mi cuerpo (coger, chupar, nalgas, mi verga…). También odié ser mujer el día en que mi papá me sorprendió a punto de tener relaciones sexuales con mi noviecito de la secundaria, siendo el motivo de que me propinara una de las peores golpizas de mi vida. Tenía 15 años. Mi niñez y adolescencia me dejaron en claro que ser mujer valía para pura chingada.

 Y sí que lo es, por eso en este momento de mi vida me da asco ser mujer, más cuando pienso en otras mujeres. Desde sentir celos de una chica más guapa que yo, con mejores calificaciones, mejor cuerpo, mejor novio, mejores amigas, hasta sentir la mayor tristeza del mundo cuando me vengo frente a la computadora o en la boca de mi novio, y pensar que mientras eso sucede, a una niña africana están mutilándole el clítoris a causa de una tradición insana que no tiene perdón. El perdón, mismo que Dios no le dio a Eva por “caer en la tentación” y llevarse el fruto prohibido a la boca, siendo así expulsada del “paraíso”, condenando a sufrir a cada una de las mujeres que pisaran esta tierra, por los siglos de los siglos. Amén. Amar a Dios nunca fue más doloroso desde entonces.

 Sufrir es más o menos parecido a cuando un(a) desconocido(a) te toca la vagina, el culo y las tetas en el vagón del metro en plena hora pico, o cuando tu novio te penetra sin condón aunque le hayas dicho que no. Sufrir es odiar tu cuerpo, aunque seas delgada o estés “buenona”, y aún así sentirte deprimida e insatisfecha cada que miras las fotos de las modelos de moda. Sufrir es no tener permitido amar a más de dos y prohibirte sentir una atracción incontrolable por un hombre más sensual y guapo que tu marido, y peor, si es una mujer la que empieza a despertar en ti más interés de lo debido. Sufrir es que mis compañeras feministas me tilden de superficial y “sexista” porque me depilo, me maquillo, voy al gym y uso tacones. Sufrir es pensar en Beyonce y Rihanna, pero también en las demás mujeres negras del mundo sufriendo el peor de los rechazos. Hay tantas formas de sufrir siendo mujer. No me alcanzan las palabras.

 Y no creo que ninguna de estas razones tenga tanto peso como para ser tomada en cuenta, pero sí la razón misma de odiarse por haber nacido con vagina, caderas y senos. Mirar a mi al rededor y ver toda esa mierda reflejada en el espejo cuando miro mi cuerpo desnudo en el baño. Son como cicatrices. Y también heridas abiertas e infectadas, dolorosas de tanto odio y enojo. El enojo, el miedo y la violencia que denota la palabra puta cuando viene de los labios de tu padre, o de otra mujer, o del mundo. Un mundo que se alimenta del odio entre mujeres y del odio a las mujeres, y del odio que se tienen ellas mismas.

 Por esto y más, es que odio tanto ser mujer.

 

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La fiesta del Hip-hop mexicano: XVI aniversario de La Banda Bastön

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La Banda Bastön es un dúo compuesto por Dr. Zupreeme, DJ y productor, y Mü “Muelas de Gallo”, intérprete y escritor de las rimas. El pasado 2 de agosto celebraron su décimo sexto aniversario presentes en la escena mexicana del Hip-hop, en el Lunario del Auditorio Nacional de la Ciudad de México. 

 Dicen los que saben que cuando un cantante o agrupación se presenta en el Lunario, resulta ser un encuentro “mucho más íntimo” con su público y, sin duda alguna, este evento fue digno de verdaderos amigos y fans de La Banda Bastön, quienes ofrecieron una velada extraordinaria con tintes de fiesta y “kilos y kilos de ya sabes qué…”, celebrando acompañados de otras figuras importantes de la escena como lo son La Vieja Guardia, Simpson Ahuevo, Eptos Uno y Elote el Bárbaro, entre otros.

 Es importante mencionar que, si bien el Lunario del Auditorio Nacional “no estaba listo para el hip hop mexicano”. como lo comentó Mü en algún momento del concierto, con este show La Banda Bastön demostró una vez más que la escena del Hip-hop mexicano está más fuerte y viva que nunca, no importa dónde sea que se presente. “Sold out” era la imagen que se percibía con tantas manos levantadas entre el público y tantas gargantas gritando, cantando…

 Así pues, la noche empezó a brillar con los shows de Tino El Pingüino y Simpson Ahuevo, para ceder el micrófono a continuación a La Banda Bastön, los festejados de la noche. En días anteriores, en sus cuentas oficiales de Facebook y Twitter, La Banda Bastön había anunciado que el repertorio de canciones a interpretar en el evento serían clásicos y “rarezas” que casi nunca tocan en vivo. Indudablemente, el evento estaba planeado para fanáticos de hueso colorado, quienes fueran capaces de corear temas como “Olvídalo bonita”, “Temporada de huracanes”, “Cuidado con el perro” y “Veneno para las estrellas”, clásicos del disco Vieja Guardia All Stars. También “El país de las maravillas”, que siempre hace que los asistentes se identifiquen con la realidad actual de nuestro país al corearla con la ya característica energía del público.

 Con dos pantallas en cada costado del escenario, pudimos observar partes de los vídeos de algunas canciones de la banda, el Lunario se regocijaba en una gala que parecía no tener fin. “Este show va pa’ largo”, escuchábamos a Dr. Zupreeme decir desde los platos. Y hablando de scratches, la primer intervención de los invitados estuvo a cargo de Dj. Aztek, Alan Anaya, Pato Watson y Dj. Gross, al interpretar “Kilos de rap”.

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 Aczino, Yoga Fire, Serko Fuentes, Eptos Uno, Elote el Bárbaro, Sekreto y Sepulturero fueron los siguientes en compartir escenario con los festejados, interpretando cada uno canciones a dúo, tales como “Los Ayeres”, “Check it out”, “Así se habla” y “Cuando encuentran al toro que buscan”, del más reciente álbum Todo Bien, así como también “Folklore nacional”, éxito de Envuelto en Humo, su álbum más famoso.

 Sin duda, el momento más emocionante y razón por la cual muchos asistentes estaban ahí, fue cuando los integrantes de La Vieja Guardia, exceptuando a Big Metra, subieron a tomar los micrófonos y reventar la tarima junto con Muelas de Gallo. Desde el momento en que Gogo Ras y Mc Luka pisaron el escenario, el público comenzó a gritar y a corear “All star” y “Raperos adultos”, para cerrar su participación con un freestyle que prendió bastante a los asistentes.

 “Envuelto en humo” y “Chula” a dueto con Gogo Ras daban inicio a la recta final del show, seguido por “La llorona” a dueto con Geo Meneses y “Varsovia 54”, con una base de trap muy movida y alucinante, “shake that ass” como dice la canción, quedaba muy bien para twerkear de cabeza en los últimos minutos del concierto. “Quiúbole” fue la antepenúltima canción interpretada, donde pudimos ver a toda la concurrencia levantar las manos a la orden de Mü, para dar paso a “1,2,3”, única canción donde Dr. Zupreeme se quitó de los platos y cantó esa pequeña parte del Rock de la Cárcel que acompaña el beat de la canción. Y para cerrar con broche de oro: “Me gustas”, el primer sencillo del Todo bien, pero esta vez la escuchamos en remix, lo cual levantó el verdadero bailongo entre los asistentes.

 Finalmente, todos los invitados fueron llamados al escenario para agradecerles la participación en el show y al mismo tiempo agradecerle a los asistentes y tomarse la clásica foto de espaldas al público para que todos pudieran salir. Así concluyó la fiesta del Hip-hop mexicano, porque sin duda La Banda Bastön en estos 16 años de carrera, se ha encargado de representar de la mejor manera a México. Bien merecido que se tenían el “sold out” en este show.

Imágenes tomadas de la página de facebook de La Banda Bastön