Ardores que matan (de ganas)

julio 14, 2014

Por:

Arte, Literatura, Vista

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 “Como sabemos, en cosas de amores lo común es fracasar”. Las situaciones que envuelven pasión, deseo y cariño, se tornan caóticas de vez en cuando, para el que pretende perseguir y seguir un romance con un nombre prohibido: llámese Teresa, Lupita, Jimena, David, Pepe, Bulmaro, como gusten, al final de la historia da igual. El nombre se reemplaza y comienza una nueva desventura.

 Una vez que se le dedican dos que tres pensamientos, sabemos de sobra la condena que se debe pagar.

 En cuestiones de este tipo, el personaje (tú, yo, cualquiera) deja su nombre bien enterrado para convertirse en alguien más; y no tanto por lo que dice Borges: “todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre”, no; sino porque algunas personas, me incluyo, podrían identificarse con las historias de Ardores que matan (de ganas).

 Esta novela narra anécdotas que calan cada uno de los órganos. El protagonista, rey de su soledad, describe a destiempo el camino que ha de recorrer desde la primera vez que sintió la inepta necesidad de amar y (peor aún) de ser amado.ardoresque

  Ramón Córdoba, autor de esta suntuosa novela, se acerca a la trágica verdad de las relaciones, que de pronto nos inquietan.

Ramón Córdoba, editor y escritor mexicano

Ramón Córdoba, editor y escritor mexicano

 Con humor ácido y un lenguaje ordinario, el escritor capacita al lector para sentir diversas emociones. Quizá, la excelencia de esta novela no se encuentre en el manejo de la lengua, pero muchos se sentirán identificados con los modismos del autor.

“Ahora, muchos años después, como a ustedes les consta, tengo los güevos negros del humo de mil batallas y trato de creer que gente de nuestra magnitud espiritual no vive en busca de un corazón de oro ni espera hallarlo, pero sabe reconocerlo cuando lo encuentra.”

 Durante el transcurso de la lectura, uno cae en cuenta de que la palabra sexo pierde culpas. Córdoba reitera que el coito no es sólo placer, también es una forma diferente de dar amor: es el encuentro que va más allá de la persona; es la conexión con el amor mismo.

 Lo que se siente son ardores provenientes del recuerdo que nunca fue.

 A pesar de que la historia es comandada por hombres, aquellos “calentorros sin remedio”, no se excluye la sensibilidad y el deseo de la mujer; que no sólo juega un papel de verdugo, además, interpreta una que otra historia para así saber que entre todos, nos matamos las ganas.

“Me interesan sólo las causas románticas, las causas justas y las causas perdidas. Mi reino no es de este mundo”