Animacion japonesa, más allá de unos grandes y expresivos ojos

Enormes y expresivos ojos, cabellos coloridos, peinados estrafalarios; héroes de las artes marciales y bellas colegialas; seres fantásticos que cambian de personalidad con un salpicón de agua o adquieren poderes gracias a una diadema; estos son algunos de los elementos que han caracterizado a la animación japonesa, pero este arte va mucho más allá de lo que se conoce como Anime y ha constituido uno de los productos culturales más exitosos de oriente.

Los cortometrajes presentados en la muestra Los grandes de la animación japonesa independiente, la cual tuvo lugar dentro de Animasivo, el Foro de Animación Contemporánea del Festival de México (FMX), ponen de manifiesto que Japón no sólo produce el tipo de caricaturas descritas líneas arriba, sino que también retrata aspectos y personajes cotidianos, e incluso, utiliza el dibujo animado para hacer críticas de la sociedad a nivel universal.

Beluga, Shin Hashimoto.

En estas pequeñas producciones, cuya duración no rebasa los 10 minutos en la mayoría de los casos, pueden observarse personajes regordetes, de ojos microscópicos y que no necesitaron ser más que un boceto para cobrar vida, pues muchos de ellos son simples trazos de grafito; sin embargo, la ausencia de color no les roba el alma y la capacidad para transmitir emociones durante los segundos que aparecen en pantalla, son incluso más reales y humanos que los personajes del Anime.

Existe cierta tendencia a colocar a dichos personajes de grafito en paisajes naturales, como jardines o bosques; aunque algunos de ellos interpretan su papel en escenografías urbanas. Los japoneses dedicados a este arte hacen que cualquier actividad cotidiana resulte novedosa e invite a pensar por qué los individuos la realizan o por qué éstos son como son; tales cortometrajes cumplen con la función de retratar una parte de la realidad humana y mostrarla al espectador para brindarle no sólo entretenimiento, sino también una filosofía de la vida misma, la cual se extrapola desde oriente hasta el mundo entero, pues el hombre es igual en todo el universo.

Respecto a lo anterior, destacan historias como Beluga (Shin Hashimoto), en la cual tanto una madre joven como un ave, cuyos polluelos acaban de romper el cascarón, abandonan a sus hijos, quienes crecen marginados y, más tarde, se encuentran y entablan una amistad que consiste en aterrorizar la ciudad y deshacerse de todos aquellos que los dañaron. Este filme es un retrato de los terribles estragos que puede causar el rechazo social y, más aún, el materno, a un individuo, quien genera caos en respuesta de lo vivido.

En este orden de ideas, puede hablarse de cortometrajes que retratan la destrucción masiva por medio de armas nucleares, tales son los casos de Pikadon (Renzo Kinoshita) y Looking at a Cloud (Naoyuki Tsuji), en los cuales se hace referencia a la bomba que explotó en Hiroshima en la década de 1940 y a un posible ataque con gases venenosos liberados en la atmósfera, respectivamente.

Looking at a Cloud (Mirando a través de la nube), Naoyuki Tsuji.

La banalidad y la necesidad de escapes para evadir la realidad también tuvieron lugar en esta muestra por medio de cortos como Love, The Midnight Parasites (ambos de Yoji Kuri) y Coffee Break (Taku Furukawa). En el primer caso, se muestra la implacable búsqueda del amor por parte de una mujer que manipula a su pareja y, prácticamente, lo convierte en esclavo hasta que se cansa de él y no le queda más que comérselo y defecarlo (literalmente) para marcharse con un mejor partido; el segundo filme hace referencia al valor otorgado al dinero y a lo material a cambio del espíritu humano y las emociones, que han perdido importancia en la modernidad; la última producción citada se centra en el pretexto que la gente usa con frecuencia para abandonar su trabajo por un momento, éste es el “ir a tomar un café”, pero en pantalla dicha sustancia funge como una droga que hace perder el sentido al hombresillo que lo bebe, quien cada vez pide una taza más grande con la finalidad de pasar más tiempo fuera de su realidad.

Para transmitir estas emociones y aspectos totalmente humanos no es necesario contar con unos enormes ojos o desbordar toda una paleta de color sobre la pantalla, solamente es preciso mirar alrededor, saber qué le ocurre al mundo y buscar una forma creativa de contar esas historias para impactar al público. Los japoneses saben cómo hacer esto.

Coffee Break, Taku Furukawa.

Originally posted 2013-05-21 07:50:15. Republished by Blog Post Promoter

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