Ángeles, putas, santos y mártires

mayo 1, 2014

Por:

Arte, Literatura

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“¿Cómo recordar en un lugar sagrado tus aromas, tus palabras sucias, la textura de tus muslos, los pliegues de tu sexo?… Es imposible. Tu nombre, tu presencia, aun desde la muerte, nomás nos traen imágenes pecaminosas, repeticiones de cuando gozábamos enredados en tu cuerpo.”

Cuerpo presente

El ácido entra al cuerpo y quema, inmediatamente. Se siente en las yemas –el tacto atiende a la gloria-, la punta de la lengua –se convierte en principio y en fin-, las pupilas –se oscurecen frente al día- y el pecho –da cabida a miles de mundos-. Inhalas y expiras.

 La sensación busca una salida, pero es inútil. Te empiezas a contraer experimentando un dolor que resulta, de a ratos, un poco placentero. Paulatinamente se va estancando; poco a poco se asienta, se digiere. Al fin lo asimilas: el ácido no sólo se ingiere, también lo respiras, lo escuchas y, sobretodo, lo lees.

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 Pudo ser un día cualquiera, en un año sin importancia: 1965. En el preciso momento en  que Eduardo Antonio Parra vino a este mundo, llovió tinta ácida. Porque leer a Parra significa distinguir la palabra precisa impregnada de ácido.

 Ángeles, putas, santos y mártires toma 4 de los cuentos escritos por Parra para distinguir la inigualable y atroz forma que tiene de narrar. “Cuerpo presente”, “El Cristo de San Buenaventura”, “El cazador” y “Nadie los vio salir” relatan historias que se suspenden entre lo real y lo imaginario.

“A mi alrededor creo ver ojos atónitos que me acechan entre las sombras, y los ignoro para continuar tras el viejo. Sigo su tormento, su olor a carne chamuscada, sus jadeos y gemidos, el rasguñar de sus uñas en el suelo.” El cristo de San Buenaventura

 A diferencia de Macornia (protagonista de Cuerpo presente) que tenía al pueblo agarrado con el coño, Parra tiene bien agarradas las letras, pero con el puño. Resulta irrefutable la importancia de este cuentista y ensayista en la literatura mexicana contemporánea.

 Eduardo Antonio Parra ha sido becario del Fondo Nacional para al Cultura y las Artes en la categoría de Jóvenes Creadores para novela y cuento; ha sido galardonado con el Premio Internacional de Cuento Juan Rufo, entre otros reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional.

 Entre sus múltiples obras encontramos títulos interesantes y certeros como los relatos de Tierra de nadie, obra que ha sido traducida en varios idiomas, o bien, ha incursionado escribiendo novelas; por ejemplo, una lleva por nombre Nostalgia de la sombra.

 Alrededor de todo el mundo, el autor ha sido aplaudido y reconocido por su intensa labor literaria. A partir de este argumento, considero conveniente discutir la presencia significativa de figuras literarias mexicanas alrededor del mundo, así como su efecto y trascendencia; sin embargo, otro punto notable a discutir bien podría ser el admitir que el interés y el conocimiento entre mexicanos hacia este tipo de personajes, es muy poco.

Eduardo Antonio Parra tiene como testimonio Ángeles, putas, santos y mártires para colocarse entre los grandes como un verdadero escritor al que no le podemos perder el rastro. Su tono, como antes había aludido, es preciso, coherente y realista. La forma mordaz del tema es su punto distintivo. Parra parece costumbrista, pero no lo es.

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