Amor índigo ¿O no?

marzo 11, 2014

Por:

Arte, Cine, Vista

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Michel Gondry tiene como sello su peculiar estilo para manejar los elementos a cuadro, a la par de su visión única de los elementos expuestos.

 En esta ocasión, tras una carrera que abarca títulos geniales como ¨Eterno resplandor de una mente sin recuerdos¨ (Eternal Sunshine Of The Spotless Mind), ¨Originalmente pirata¨ (Be Kind, Rewind), como muy desafortunados como ¨El avispón verde¨ (The Green Hornet), nos otorga una nueva cinta bajo el nombre de ¨Amor índigo¨ (L’Écume des jours). 

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 La historia nos presenta a un hombre joven llamado Colin, con una vida plena y feliz, sostén económico fuerte y ganas de encontrar el amor, esto último ocurre cuando conoce a Chloe, se enamoran profundamente e inician una vida juntos, hasta que un día una extraña enfermedad ataca a Chloe: un lirio acuático está creciendo en su pulmón.

 Gondry comienza a contar la historia de este hombre dentro de un mundo pleno y feliz, lleno de color y sorpresas de la magia cotidiana, para poco a poco comenzar a contrastar este mundo con los problemas que comienzan a llegar a la vida de Colin con la enfermedad de Chloe y otros factores que empezarán a quitarle el brillo a su entorno para sumergirlo en la oscuridad del blanco y negro.

 Visualmente, de principio a fin es una maravilla, con una fotografía poética que habla por si misma a la par que el guión (que destaca por su gran creatividad y contenido) encamina su discurso apoyándose de manera total.

 Gondry exterioriza con metáforas todo el filme, en realidad podría ser el filme con mayor número de metáforas antes expuestas de todos los tiempos. Arroja varias críticas sociales al consumismo, la perversidad en las instituciones religiosas, la valorización de la felicidad a través de la posesión económica, la estabilidad de la pareja ante los conflictos y muchas cosas más.

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 La línea narrativa por la que el director encamina a su obra se mantiene en un intento de atrapar visualmente al espectador, y aunque lo logra, llega un momento en el cual (a propósito, pero bache al fin) el ritmo comienza a aletargarse en la primer parte de la cinta, para acelerar por completo en la segunda y comenzar una evolución cromática bastante interesante que lleva del gozo a la pesadez entera.

 Así como el personaje central de la historia ve modificado su mundo de plenitud en una reducción que parece no tener fin, es la misma sensación que a través del audiovisual va generando esta película, nos lleva de amarla a odiarla en 2 horas con 10 minutos. Pero tras digerirla después de un rato es más sencillo el comenzar a asimilar el porque de las situaciones.

 Las actuaciones principales corren a cargo de Romain Durais, Audrey Tautou y Omar Sy. Trabajos muy bien realizados y acordes a la intención del director.

 Si te gustó ¨Eterno resplandor…¨te gustará, si detestas el cine de arte mejor no acercarse

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Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.