Amanecer en silencio

enero 15, 2015

Por:

Extras, Literatura, Vista

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Las muertes en mi  país siguen pintando los miedos de  rojo, pero no  tengo miedo, antes  caminaba chueco y borracho vomitando el miedo amontonado, repetidamente abandonar y amontonar como en una fotocopiadora de los sentidos, renuncié a los días y recibí el año nuevo en ninguna parte, nuevamente abandonar y amontonar mis huesos en la aurora, nuevamente abandonar y amontonar  las  uvas  en la  garganta, y aquí frente a los meteoros, me propongo a no abandonar y amontonar los  propósitos o despropósitos de  ayer.

 Hasta  ayer  éramos la  sombra, Tótem y Tabú, el mundo  era  un  fracaso ilimitado,  infinita angustia enlatada, luto en cantidad, a manos llenas,  las  manos  llenas  de   la misma culpa ensimismada.

 Hasta  ayer  éramos  un lugar común, el abismo, la  promesa de los hombres de hojalata. Entonces  decíamos  muerte y teníamos la sensación de que todo era muerte, entonces sólo se trataba de morir muriéndonos de muerte.

 Hasta ayer nos vaciábamos en pequeños peñascos, chubascos y besos underground.

  Hasta ayer éramos máquinas, cálculos renales, cromosoma (X) y cromosoma (Y) apareándose, quejándose  del costo de vida. Te fuiste   ayer, pero acá sigues llegando. Tantos tánatos a la enésima potencia en las calles, personas como bosques  sin raíces, nervios de hormigas y una multitud de fotografías gritando:

¡El  destino  no  vino!

En retrospectiva:  

Estuve triste

(no sé decir adiós)

Estuve contento

 (volví  a encontrarte) 

Estuve lejos

(me quedé pensando)

 

Estuve muerto

(me quedé callado)

  En prospectiva:  

Caminaré  hasta el  final  del  abecedario.  Hasta  tener los  pies envueltos en llamas,  hasta  tener  las  llamas ardiendo de carne, hasta  tener la  carne fundida con huesos, hasta que mis  huesos amanezcan  una y otra  vez,

una

y

 otra

 vez,

 una y otra vez darme prisa  para sacarme el sol del pecho y  acariciar a la  luna. Quiero explotar  de manera rotunda, como  volcán o mujer  embarazada. Quiero  llorarle a los libros  que  ya no leeré  y secarme  los  ojos de tinta para apagar la computadora, y al  fin, salirme de las  rayas del  tigre, enamorar  a la  cebra, rayarme la cara y con una sonrisa  turquesa, amanecer en silencio.