Allí me colé y en su fiesta me planté

mayo 13, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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2006 es el año, Hoy No Me Puedo Levantar, el musical de rockola español basado en canciones del grupo de mismo origen Mecano estrena su versión mexicana. Es la auténtica locura entonces, funciones abarrotadas, un grupo de fans que se forma de la nada y sube como espuma, colocando a la puesta y sus intérpretes en la cima, sumando un éxito a la lista de musicales producidos por Ocesa Teatro, que duraría más de un año en cartelera.

 Odié profundamente entonces ese montaje. Sí, fui parte del grupo de personas al cual les pareció un espectáculo visual apabullante, pero que fallaba al transmitir y lograr un todo, por precisamente tratar de comunicar mucho al mismo tiempo. p18jdour7r1s07ggc17boj2319ia7

 2014, ocho años más tarde, la puesta regresa al país, ahora bajo la producción de Alejandro Gou y dirección de Federico Barrios. La obra ha finalizado y esta vez no estoy adormilado en mi asiento, me encuentro de pie coreando y aplaudiendo el número final, junto a una multitud que casi llena por completo el Teatro Aldama. Ésta crítica pretende desenmarañar el porqué de tan abrupto cambio.

 La historia es sencilla, Mario y Colate, dos amigos de toda la vida dejan su pueblo natal para viajar a Madrid con la ilusión de ganar un concurso como banda de rock y grabar un sencillo que los catapulte a la cima. Colate abandona en el pueblo a su amada Ana, Mario conocerá el amor en María en el bar donde trabajarán, a pesar de sentir lo mismo por él no le hará caso. Dos chicos de pueblo expuestos a la ciudad en medio de los 80’s, con la cultura pop, las drogas y la música en una explosión creciente a su entorno. ¿Lograrán sus promesas?

 Ésta vez, Hoy No Me Puedo Levantar maneja un libreto sólido, que elimina toda la paja e incongruencias para entregar personajes mayormente delineados, más entrañables y sin duda más inteligentes. David Serrano pule su texto para hacerlo completamente entendible y disfrutable, hilando con mayor dedicación las melodías de Mecano, que aparecen justas y precisas para expresar musicalmente el sentir de los personajes y el transcurrir de la trama. Hasta aquí un primer punto a favor, ¡Ya respetan las reglas del teatro musical y las canciones finalmente cuentan la historia!

 El contexto socio político en el cual se desarrolla la trama, situado en la España convulsionante al golpe de estado y el desempleo desmedido, coloca a sus personajes principales con una decisión fija, buscar lograr las esperanzas que los inundan sin dar un paso atrás. Así, el discurso evoluciona para hablarnos de la importancia de cumplir con las promesas que hacemos y ser honestos con uno mismo.

 Es una desfragmentación de la naturaleza humana ante sus vicios, al ritmo de la acción poética y musical de Mecano, banda cuyas letras de por si indican en solitario toda una tesis a desenvolver.

 Si bien respeta aspectos de la dirección original de Nacho Cano, ya sea con la maravillosa introducción que nos marca a las fieras debajo de la cama, el boom de la cultura pop, el Drag, o la pasión desenvolviéndose en medio del caos, el desconsuelo y la esperanza en Lía, Federico Barrios toma estas diversas lecturas y da una atinada dirección para completar ciclos,  permitiendo que la historia lleve una guía en los aspectos ya mencionados, y deje de dar vueltas sobre una misma temática para hacer crecer a los personajes y marcar la evolución real del entorno.

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 Sergio Villegas adapta a México la escenografía original de Ricardo Sánchez Cuerda. Una ciudad gris que inunda de los colores de la ira, la pasión y la desesperación, moviéndose en un entorno psicodélico  que apoya su existencia en pantallas con animaciones y videoartes de muy buena calidad y utilidad.

 Las animaciones sustituyen gran parte de los elementos escenográficos, generando una mayor limpieza en el escenario  y un espacio destinado a una coreografía más fluida y orgánica, con más planos visuales y que delimita los focos con mejor acción. La isóptica generada es casi perfecta en verdad.

 La iluminación entra con mejor acción, cambios precisos, movimientos rápidos, pese a esto tiene momentos en los que aparece obsoleta. El vestuario es más uniforme, verdaderamente representa los 80’s en España y no dicha década alrededor del mundo.

 El nuevo elenco es casi perfecto. El ensamble apoya de maravilla y tiene una fuerza definitiva (aplauso a Las pepas). Mención honorífica a Carmen Sarahí, quien lo mismo es María, que Ana o Malena. Una actriz con una voz delicada y suave pero con fuerza, actuación noble y franca que otorga bastante apoyo a sus compañeros y complementaria,siempre correcta en tono y manera. Regina Blandón denota una gran versatilidad como Malena y Patricia, construyendo muy bien sus personajes, dándoles un sello personal y volviéndolos amenos sin descuidar la parte vocal que es bastante notable. Mismas características comparte Rogelio Suárez como el ya entrañable “Chakas”, que gracias a la nueva perspectiva de su personaje, es aún más memorable y  natural.

 Roger González es una gran revelación actoral, vocalmente no es una sorpresa la voz del joven actor, pero logra un Colate con solidez que trasciende y nos lleva delicadamente (y al mismo tiempo con gran fuerza) por todo el proceso de cambio y adaptación que sufrirá, manejando con gran atino la aparición y etapas de una enfermedad mortal, permitiendo verlo de manera humana.

 Rubén Cerda, Alan Estrada, José Daniel Figueroa y Erika Hau verdaderamente viven sus personajes. Sin embargo hay un negrito en el arroz y tristemente es María León, ¿Por qué?, si bien la actuación de la vocalista de Playa Limbo es buena y notable, la dicción de la intérprete y la técnica de canto destruyen totalmente sus apariciones musicales y por ende quitan fuerza a las mismas, en palabras de una amiga: “No se le oye cuando canta y lo que sí se oye no se entiende porque lo grita”. No podríamos culpar a la mezcla de audio, pues es totalmente asunto de la actriz.

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 A pesar de los detalles, Hoy No Me Puedo Levantar tiene todo lo que necesitaba: ritmo, congruencia, sentimiento, acción, profundidad, calidad. Bien dice una línea de la obra: “El lastre se suelta para poder volar”, pues esta puesta lo soltó y ahora vuela con alas fuertes. Perdérsela ahora sí sería un error, pues estaría dejando a un lado la posibilidad de asistir a un bello canto enérgico a la alegría de vivir  y de amar.

 Seguramente en un futuro se planeará una película, si no es que ya se concina, guarden esta última línea. Por el momento sólo me queda una duda, ¿Alguien revisó el programa de mano antes de imprimirlo o las incongruencias de su contenido son en homenaje a la primer versión de la obra?

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.