Abrir ventanas en el espíritu

noviembre 3, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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Catarsis, plenitud alcanzable con la transformación interior. Permite liberar ataduras, remover emociones encontradas, equilibrar. Cuando en el teatro se logra esto a través de una obra poderosa tanto en texto como en dirección, escenografía, iluminación, vestuario, musicalización, etc., el público lo recibe con el corazón, porque  encuentra la magia que posee la experiencia teatral y deja una parte de sí en el producto generado a manera de intercambio con los responsables. Hacer teatro debe ser un ritual solemne, donde se honre a la vida desde cualquier arista posible, comunicando un mensaje íntegro, sólido. No importa el género elegido para contar la historia, sino que la historia misma sea contada con efectividad.

 Harwan es estudiante de teatro, está a punto de presentar la tesis con la que se graduará, para terminarla debe entrevistarse con el autor que lo ha inspirado a formularse la cuestión de la necesidad del teatro en el mundo actual. A pesar de tener la cita pactada desde hace meses, los planes han cambiado y le han ofrecido una residencia artística, pero para ella necesita el título, por lo tanto entrevistar al autor, entregar la tesis así como argumentar su defensa en un tiempo menor al que tenía planeado. Harwan deberá alcanzar al artista en Rusia, país donde se encuentra montando su nueva puesta, deberá realizar un viaje para descubrir si está listo para dedicar su vida al teatro, encontrando lo que había olvidado de si mismo en el camino.

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“Las grandes obras de arte guardan un secreto”

 Hugo Arrevillaga toma dos textos de su autor de cabecera, Wajdi Mouawad, para cruzarlos en una sola historia. Solos y Sueños se funden en Ventanas. El resultado es una dramaturgia que suma la ambición de enmarcar al arte como respuesta a la identidad humana de Mouawad, sobre la delicada y vertiginosa técnica de Arrevillaga a la perfección. Esta fantástica obra teatral toma forma en la Caja Negra del Centro Universitario de Teatro.

 Dentro del discurso propone viajar hacia el ser, enfrentarse a la realidad en una aventura que lleva el tiempo medido, sabiendo que aquello que se busca es precisamente lo que no se va a encontrar, además de que se pueden perder muchas cosas en el trayecto, de las cuales uno nunca está consciente pero que ahí están, aferradas. Empero, existe un peligro más grande al decidir no actuar: volverse común. La esencia de Mouawad parte la narrativa desde un lugar común para explotar al máximo la idea de los nexos que guarda todo autor con su obra. Por medio de la belleza de las palabras en poesía absoluta y equilibrio, transporta un problema a un mundo amplio y complejo.

 Casi se puede tocar la sensibilidad que produce hablar de las decisiones que tomamos en la vida, en esperanza de alcanzar aquello que nos proponemos, desear a través de las órdenes mientras intentamos sostenernos frente al mundo. Aquí la meta es el autoconocimiento mediante la vía teatral, como un espacio para expiar, nutrir o perdonar. El mensaje del autor original orilla a transformar todos los sentimientos que aparecen durante toda la puesta en un factor común, del cual forman parte y a la vez generan: la vida.

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“Nadie puede ser tu amor y tu jaula al mismo tiempo”

 La dirección sujeta esta visión sobre un desfile de imágenes tan ambicioso como efectivo, en el que cada elemento que aparece brilla y justifica su existencia. El ritmo es persistente, aprovecha en muchos momentos la sabiduría de la inmovilidad, combinada en un trazo que refleja una batalla contra el dolor de saberse incompleto. Puede ir de la fuerza a la suavidad tanto en el diálogo como las acciones con entera ligereza, pues hay una constante en la construcción: franqueza y amor, sólo así se puede hablar de la pérdida para comenzar de nuevo. Amén de la genialidad encerrada en los giros de tuerca de la trama.

 Esta es una obra hecha para todo el público, pero en especial para aquellos que se quieren dedicar, se están preparando o son ya gente de teatro, a cualquier nivel. Si bien la base de Mouawad convoca a no renunciar a los sueños por más incoherencia que puedan tener (sino luchar por darles forma y que lleven un cauce correcto) al unirse con el sentido de Arrevillaga el mensaje es claro para decirnos que la única forma en la que las metas se alcanzan es con la ayuda de otro, porque los seres humanos tenemos la necesidad de ser gregarios para poder sorprendernos constantemente y no ahogarnos en la monotonía.

 El director convoca a 14 actores -estudiantes en la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM–  para darles la oportunidad de formar un mismo personaje, dividido en todas las formas con las que se concibe, un ser que se refleja de manera constante pero no puede reconocerse en ese reflejo, tan solo percibe un espectro de color que logra entender que posee un alma. Así, Tania Sofía Álvarez Núñez, Iván Caldera, Eduardo Carranza, Elena Del Río, Liliana Durazo, Xóchitl Galindres, Kevin M. García Gallardo, Alejandro Guerrero S, David Illescas, Daniela Luque, Geovanna Moo Caamal, Arantza Muñoz Montemayor, Eduardo Orozco y Nicolasa Ortiz Monasterio entregan un trabajo de calidad y firmeza que deja ganas de seguir presenciando más de estos jóvenes, verlos brillar en más y más puestas gracias a la muestra de talento y dedicación que ejecutan.

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“La existencia se fue, me abandonó”

 Arrevillaga deja una lección a estos alumnos como a todo creador teatral en general: el teatro tiene el poder de tocar para dejar algo en la audiencia, expresar críticamente los aspectos sociales de repercusión contemporánea. Contar historias desde un espacio escénico no es tan solo un ejercicio de entretenimiento, es la posibilidad de formar mejores personas a través de la narración, apartados de la cuestión moral, más bien cultural, o bien simplemente estar ahí con las palabras precisas para quien necesita contactar con su humanidad tan perdida en una sociedad de avaricia entre tecnologías reemplazantes. Ahí está la belleza de esta profesión, a la cual más que lealtad o respeto hay que darle orgullo y forma de ventana.

 Pero sobre todo, concluye como un acto de demanda social pertinente y muy justo. Algo que desgraciadamente necesitamos con desesperación en estos tiempos violentos que enfrentamos en México es reconocer y actuar por un cambio. No son 43 normalistas desaparecidos, ni tampoco las más de 700 muertas de Juárez o las víctimas sin justicia resuelta del caso de la guardería ABC, es la de existencia impunidad ante los delitos que existen sumada a la incompetencia para su esclarecimiento. Cuando el sistema reacciona en contra de aquellos para los que debería trabajar, es momento de alzar la voz, contagiar la rabia y mostrar una oposición efectiva, sostenida en hechos, no en simbolismos. De nueva cuenta el teatro es una respuesta que demuestra como el arte nunca será ajeno al terreno en el que se manifiesta.

 Ventanas es sencillamente uno de los trabajos más enternecedores y válidos de la cartelera mexicana. El método para identificar la autenticidad y la pertenencia. La oportunidad de entender como el teatro cambia la vida. 

“El arte es una ventana en medio de un muro”

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.