¿A las cuántas despedidas me alcanza para un adiós?

diciembre 9, 2014

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Arte, Críticas, Extras, Fotografía, Imagenes, Notas, Objetos, Oido, Random, Reseñas, Tacto

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No es un don nacer con las ideas desordenadas, uno tiene que luchar años completos para ordenarlas y reinventarlas. No es glorioso amanecer luego de un tsunami de drogas y alcohol. Lo que sí es glorioso es el consomé y el refresco de cola que te rescatan de la resaca.

 No me enorgullece decir que no sólo mis ideas están desordenadas, también las emociones y lo sé al ver el caos de mi habitación. O eso dicen los que saben. Lo entiendo porque no me ajusta el tiempo. No me alcanza, o no lo sé administrar.

 Este fin de semana festejé el cumpleaños de mi primo, y si no hubiera sido eso, hubiera encontrado otro evento para destruir el cuerpo, siempre hay amistades dispuestas a emborracharse el fin de semana.

 Pasé dos días sin tocar el suelo. Qué puedo decir si en otro estado y escuchando música todo se hace más ligero. Pareciera que si uno se aleja de todo lo que es real e importante el resto de la semana se alcanza la plenitud.

 No es placentero ser olvidado, pero sí lo es olvidar. Pasé dos días completos sin decir tu nombre, ni hablar de ti. Me complace anunciar que ante tus desprecios, aunque no soy inmune, sí he generado tolerancia. Oírte decir que no hay amor y que sí lo hay está enfermo, pues ya no me desborda en lagrimas y eso ya es mucho decir.

 Ya no beso otras bocas, porque no son tus labios. No me gustan otras vergas, porque espero la tuya. Yo sé que vendrás, te irás y luego se repetirá. No me importa que ya que no me quieras a tu lado, porque sé que me amas. Aunque no quieras, aunque yo no pueda ni negarlo. Llegará el día que a los dos nos alcance el olvido. Aquí, olvido para dar y regalar. Para refrendar una herida, para querernos felices. Para darnos un poco de dignidad y dejar que cada uno esparza sus tentáculos y fieras por otros rumbos.

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 Si habremos de separarnos dolerá, pero sé que ese momento no ha llegado. Te siento aquí, y aunque tus palabras escupan desprecio, tus brazos y el calor de tu pecho me piden a gritos que vaya a tu habitación a ver series japonesas, empiernados. Y yo iré y me quedaré. Saludaré con amor a tu familia y me llevarás a casa, sin decirles que no somos novios. Sin aclarar que “nos estamos separando”, porque daremos la impresión de amarnos como adolescentes, como en abril,  como siempre y como nunca. Adiós, mi amor. Te escribo pronto.

Fotos: Nadha.