A diez años de la capicúa de Fernando Eimbcke

octubre 24, 2014

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Cine, Extras, Noticias, Random, Vista

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Son apenas las once de la mañana cuando su madre lo deja solo en el departamento con unas cuantas advertencias, especificaciones y encargos como despedida. Flama se queda con Juan Pablo (“Moko”) para concretar el ritual semanal de videojuegos, Coca-Cola y toda la comida chatarra que asalten de la cocina. Es domingo.

 En el departamento 803 del edificio Niños Héroes de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco se conjuntan en placentera armonía el ocio de los dos amigos y la dicha de satisfacerlo, sin padres cerca y con la única preocupación de elegir de qué sabor será la pizza que están por encargar.

 Suena el timbre y aparece un tercer personaje a cuadro, Rita, una vecina que pide a Flama utilizar el horno de su cocina para preparar un pastel; la posterior llamada a la cadena TelePizza y la escabrosa llegada de su repartidor trae consigo a Ulises, el sujeto que completaría este cuarteto de ordinarias pero al mismo tiempo peculiares figuras.

 Dos “niños” que se niegan como tales, con inquietudes un tanto disfrazadas de indiferencia, en busca de la personalidad propia y con curiosidades expresas. Una linda aunque acomplejada adolescente necesitada de atención y compañía. Un hombre que ha pasado por una gran cantidad de empleos sin sentirse satisfecho de sí mismo y viviendo al día bajo el eco absurdo del slogan de la empresa para la que presta sus servicios.

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 En Temporada de Patos se observa el desarrollo de la relación entre estos sujetos que, por alguna u otra razón, por accidente o casualidad, se ven obligados a convivir durante toda una tarde. Con algunos imprevistos ajenos a ellos mismos, esos lazos personales que comienzan a formarse parecen ser acelerados por las circunstancias que confluyen dentro del departamento que les cobija, como si éste les empujara de poco al desnudo emocional, al desahogo y a buscar en la otredad la comprensión que necesitan.

 Lo que podría parecer una línea argumentativa vaga y un tanto banal, deriva en un plano totalmente íntimo, en un retrato profundo de cada uno de los personajes que nos hace entender sus porqués. Moko, Flama, Rita y Ulises hacen de esa tarde singular e irrepetible, un afectuoso círculo de confianza, un descanso a sus vidas para coexistir en ese entorno vuelto una especie de caja de secretos que habrán de dejar unas cuantas horas después para nunca volver y, en cambio, enfrentarse al hastío y el desasosiego que les espera al cruzar la puerta hacia el corredor.

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 Además de lograr un genuino y melancólico retrato en blanco y negro de la ciudad de México en que se rescatan locaciones como la Torre Insignia, los edificios de Tlatelolco en planos abiertos, y la belleza de la poesía visual que implica la estaticidad de un objeto cualquiera, en la cinta se incluyen también detalles que aluden de lleno a la manera habitual en que nos relacionamos, muy propias de nuestra cultura y convivencia coloquial, como poseer moneditas de la suerte en las que se depositan las más grandes esperanzas, el deslindarse de alguna acción con el simple hecho de ser el primero en decir la palabra safo, o aquel juego de intentar adivinar el color del caramelo al momento de morderlo.

"Somos cuatro, como los Beatles", dice Rita en esta escena de la cinta con encuadre en contrapicada, haciendo referencia a la famosa fotografía del cuarteto inglés.

“Somos cuatro, como los Beatles”, dice Rita en esta escena de la cinta con encuadre en contrapicada, haciendo referencia a la famosa fotografía del cuarteto inglés.

 

 Fernando Eimbcke aborda temas como la identidad sexual, los problemas en casa, la relación con los padres y la insatisfacción de la vida que se lleva —entre algunos otros—, en esta entrega de 2004 y ópera prima del mexicano. Escrita y dirigida por el propio realizador, Temporada de Patos celebró el pasado 22 de octubre los primeros diez años de su lanzamiento.

 Las condiciones de esta fiesta de aniversario resultaron un tanto románticas. Diez años atrás, la película se estrenó en México en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en una sala abarrotada de espectadores y hoy, en 2014, es ese mismo evento el que le rinde los debidos homenajes. Desde el mes de mayo se especulaba acerca de lo que se haría con respecto a la cinta a razón de su aniversario —que incluía, por ejemplo, la remasterización del filme—; se hablaba de la inserción de éste como parte del programa de actividades de algún Festival de cine de México y, finalmente, es durante la doceava edición del FICM, inaugurada el 17 de octubre y por clausurarse el día 26, que se han llevado a cabo proyecciones especiales —con salas llenas, nuevamente— para engrandecer la celebración.

 Estos “jóvenes entusiastas con deseos de superarse” embonan como un muy atinado testimonio atemporal de la juventud que, como los patos, buscan emigrar a lugares mejores, aguas nuevas y climas más cálidos. Es digna de rescatarse una cita de la película, un pequeño fragmento en el que Ulises instruye a sus compañeros en la dinámica del vuelo de los patos —en V, explica, para unir fuerzas con el vuelo compartido y sacar adelante a la bandada de aves— al mismo tiempo que los cuatro observan el cuadro colgado en la sala de la casa de Flama, firmado de 1991, acaso como el leitmotiv de este discurso cinematográfico y a manera de metáfora del recién creado vínculo entre ellos.

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 Luego de su estreno, la cinta fue reconocida con múltiples galardones en los Premios Ariel, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara e incluso en los Premios MTV de México en categorías como Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Ópera Prima, Mejor Fotografía (por Alexis Zabé) y Mejor Música compuesta para Cine (trabajada en alianza entre Alejandro Rosso —Plastilina Mosh— y el trío musical Liquits). Luego de esta primera gran entrega, el trabajo de Eimbcke continuaría con filmes como Lake Tahoe de 2008 y Club Sándwich en 2013, además de sumar en su obra ejemplares de cortometrajes y videos musicales para proyectos como los propios Plastilina Mosh, Jumbo y Molotov.

 Temporada de Patos es una obra amena y ligera, aunque no por eso vacía, que atrapa poco a poco al espectador en la trama que se entreteje de cuatro extremos para converger en estado de común entendimiento, trama dentro de la que inevitablemente termina por identificarse de alguna u otra manera; ese domingo de inicialmente imperceptible, pero creciente autoreconocimiento que lleva de las risas a melancolía.

Los actores Enrique Arreola (Ulises), Daniel Miranda (Flama), Danny Perea (Rita) y Diego Cataño (Moko), volvieron recientemente a Tlatelolco para recordar aquel cuarteto de 2004

A continuación, el tema principal de la película a cargo de Natalia Lafourcade, entonces acompañada de La Forquetina.

 

Karla M. Ricalde

(Ciudad de México) fue un jueves de la segunda mitad del año de 1992. Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UNAM. Fotografía y especialidad en producción radiofónica, aunque gusta también de la ortografía y la puntuación.